El mexicano Miguel Sabah es el goleador de moda en territorio azteca. De promesa habitual a confirmación imparable, el atacante del Morelia se ha hecho un lugar en el equipo que pelea por un lugar en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.

El pasado 9 de septiembre, apenas una hora después del final del partido entre México y Honduras, poco a poco los jugadores aztecas se fueron retirando a sus automóviles. Los periodistas también preparaban sus cosas para irse cuando, de la nada, salió una última figura vestida de verde, caminando por el túnel. Era Miguel Sabah.

Con una sencillez poco común, el centro delantero de la selección mexicana brindó declaraciones, firmó autógrafos y se tomó fotografías como si el tiempo no tuviera ninguna importancia. Y después, caminando lentamente y apurado por los trabajadores del estadio que intentaban también ir a dormir, habló en exclusiva para FIFA.com con una franqueza atípica sobre una gran variedad de temas.

El largo recorrido
Por supuesto, las primeras palabras, obligadas, fueron sobre el triunfo sobre el difícil equipo hondureño, que significó un salto gigante rumbo a Sudáfrica 2010. Más allá de expresar alegría por la victoria, Sabah habla de su experiencia ante la rocosa defensa catracha. "Era desesperante. Se nos encerraron muy atrás. En esos casos como delantero tienes que buscar por todos los medios, pero tenían mucha gente en el área, en su propio campo. Intentamos de todo y nos costó. Por suerte después llegó el premio".

Miguel habla por experiencia. Pudo haberse convertido en el héroe del partido, pero dos fallas lo privaron de la gloria. "En ese aspecto me fui enojado conmigo mismo porque son jugadas que cambian el rumbo de un partido", reconoce. "Pero estoy tranquilo, porque es una cosa común para los delanteros. Contra Estados Unidos me tocó entrar y anotar el gol del triunfo. Ahora tuve algunas más claras y no entraron. En fin, ganamos e hicimos lo que teníamos que hacer, eso es lo importante".

Pero el delantero nunca pierde el buen ánimo. Sabe lo que tuvo que trabajar para llegar donde está ahora. Haciendo referencia a la historia que FIFA.com publicó sobre él en pasadas semanas, Sabah habla sobre su tardía llegada al estrellato. "Yo el Mundial de Alemania lo vi por televisión y no me imaginaba en lo más mínimo estar en un momento así. En aquel entonces nunca me habían convocado a la selección, ni siquiera para un partido amistoso. Yo lo veía muy lejos, es más ni lo veía", acepta con total sinceridad.

El cambio y el sueño
Y, de pronto, la vida le sonrió. En sólo unos meses, pasó de eterno suplente a imparable goleador, y desde entonces no ha cesado. "Las cosas empezaron a mejorar más o menos a partir de esa fecha. Yo sabía que tenía que aprovechar mi oportunidad en cuanto llegara. Y eso sucedió en la Copa Oro reciente. Salí campeón goleador y después, trabajando fuerte, me he ganado la confianza. Pero hay muchos delanteros mexicanos talentosos, y si no me mantengo en esa línea tendré que ver de nuevo el Mundial desde mi casa", comenta con sentido del humor.

¿Cuál fue la clave del cambio? ¿Modificó en algo su estilo de juego? "La continuidad fue fundamental. Yo sabía de mi capacidad, pero no había podido demostrarla. El jugar constantemente, pasar por experiencias, estar en contacto frecuente con el gol, eso fue la clave. Si no juegas, no anotas. Pero me dieron la oportunidad, y eso me permitió tener madurez y elevar mi nivel. Ese fue el cambio".

El tiempo se acaba, el personal del estadio le pide al delantero que apure el paso porque tienen que cerrar el área de entrevistas, pero Sabah se da tiempo para profundizar en el tema. "No sé si era injusto o no, pero sí era frustrante y tenía que luchar. Finalmente esa lucha me ayudó a estar aquí y es la que me alienta a seguir".

El tiempo se acaba pero, para finalizar, el delantero hace una confesión tan atípica como su trayectoria, y que deja en claro su filosofía de vida. "La verdad es que no pienso en Europa. Mi meta es hacerlo bien con la selección y salir campeón goleador en México, estoy en la mejor etapa de mi carrera y quiero vivir el momento", alcanza a deslizar antes de que cierre la puerta del estadio. Se termina un día inolvidable.