¿Quién cree en las segundas oportunidades? Michael McGlinchey, por ejemplo, y tiene buenas razones para ello. El antiguo niño prodigio que rechazó una propuesta del Manchester United y que, con 15 años, se convirtió en el debutante más joven del Celtic, llegó a encontrarse sin equipo hace apenas unos meses. Ahora, a los 22, este centrocampista se está labrando de nuevo un nombre con el Central Coast Mariners australiano, y se halla a 90 minutos de obtener la clasificación para la próxima Copa Mundial de la FIFA con Nueva Zelanda.
La repesca mundialista también constituye una segunda oportunidad para McGlinchey, porque es una de las pocas personas que han disputado un torneo de la FIFA con otro país. Aunque nació en Wellington, en uno de cuyos clubes jugaba entonces su padre, de nacionalidad escocesa, se fue a Glasgow con sus progenitores cuando tenía nueve meses. Y sorprendentemente, la visita que hará en noviembre a su ciudad de nacimiento para disputar la eliminatoria AFC/OFC será tan sólo la segunda desde su marcha. La primera se produjo el mes pasado, con motivo del partido del Mariners ante el Wellington Phoenix.
Los 19.000 kilómetros que separaban a McGlinchey de Nueva Zelanda, y el hecho de que se criase en Glasgow, explican que el precoz muchacho optara en un principio por defender los colores de Escocia al recibir la llamada de su selección. Sin embargo, a pesar de que los medios le auguraban un futuro glorioso, y de haber brillado con el conjunto sub-19 escocés que alcanzó la final europea de la categoría, cayó en desgracia tras criticar las tácticas defensivas del entrenador Archie Gemmill en la posterior Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. Cuando el Celtic se desprendió de él a principios de este año, todo indicaba que estábamos ante el típico caso de promesa frustrada. Por suerte, el seleccionador neozelandés, Ricki Herbert, llevaba mucho tiempo siguiendo su progresión, y no opinaba lo mismo.
"Es muy extraño cómo ha transcurrido todo", explica McGlinchey a FIFA.com. "Hace tres meses estaba bajando del avión para someterme a una prueba con el Mariners y Ricki me llamó para preguntarme si me interesaba jugar con Nueva Zelanda. En aquel momento yo ni siquiera tenía equipo, y no sabía si iba a superar la prueba, así que fue fantástico que alguien tuviese esa fe en mí. Le estoy muy agradecido por insistir en convocarme".
"Ricki ya había intentado que fuera con la selección absoluta de Nueva Zelanda justo antes del Mundial sub-20, aunque en aquella época yo estaba totalmente centrado en viajar a Canadá con Escocia. Pero estoy encantado con cómo ha salido todo, los chicos me han hecho sentir importante en el equipo. Se han reído de mí por mi acento escocés, claro, pero es muy divertido, estoy disfrutando mucho con mi participación en esto".
McGlinchey, que está teniendo una actuación destacada en la A-League, ya ha demostrado ser un refuerzo de peso. Si bien el empate a ceros contra Bahréin supuso su segundo encuentro en las filas de los All Whites, impresionó tanto que es muy probable que sea titular en la vuelta, el 14 de noviembre. Y aunque no duda en afirmar que el choque de Wellington va a ser "el partido más grande de mi carrera", admite que todavía debe asumir la noción del "regreso a casa".
"Es gracioso que el partido vaya a jugarse en Wellington, porque, para ser sincero, aún no me acostumbro a la idea de que es la ciudad en la que nací. Me fui siendo un bebé, viví toda la vida en Glasgow, y hasta el mes pasado no había vuelto nunca a Nueva Zelanda. Pero, francamente, y no lo digo por decir, allí me siento de verdad en casa. Australia me encanta, pero siento que estoy en el extranjero. Por el motivo que sea, probablemente porque la gente de Nueva Zelanda, y su clima y su paisaje son muy parecidos a los de Escocia, en Wellington es diferente. Me sentí como en casa", señala.
McGlinchey no va a tener mucho tiempo, ni deseos, de recrearse en la significación emocional de regresar a su lugar de nacimiento. Nueva Zelanda está a 90 minutos de sellar su boleto para una Copa Mundial de la FIFA por primera vez desde 1982, de modo que su único objetivo es entrar en la historia y agradecer a Herbert que le haya brindado una segunda oportunidad de alcanzar la gloria. "No puedo dejar de pensar en ello", admite. "En cada segundo libre que tengo, pienso en la eliminatoria. Es el partido más importante de mi carrera, no cabe duda, y creo que todos los compañeros sienten lo mismo también. Pero lo bueno es que se trata más de entusiasmo que de nerviosismo. Todos estamos seguros de nuestras posibilidades".
"Han pasado 27 años desde la última vez que Nueva Zelanda llegó a un Mundial, sabemos la importancia que esto tiene para el país. Antes del partido contra Bahréin, Ricki nos mostró algunos vídeos de la clasificación del equipo para el torneo del 82 y la emoción que hubo a continuación. Nos dio ganas de formar parte de algo similar. Espero estar a la altura del reto, porque encontrarse tan cerca de un Mundial es algo increíble".
Para McGlinchey, que ha protagonizado un resurgimiento propio de un cuento de hadas, el término "increíble" quizás resuma lo sucedido en los últimos meses. Ahora, como cualquier cuento de hadas que se precie, lo único que necesita es un final feliz.
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