Las pequeñas Islas Turcas y Caicos aprietan los dientes y esperan tiempos mejores. Este territorio de ultramar dependiente del Reino Unido, con una población de 20.000 habitantes, tiene una historia breve y decepcionante en la competición preliminar, que incluye una derrota por 14-0 frente a San Cristóbal y Nieves en 2002 y otra por 7-0 ante Haití en la fase de clasificación de Alemania 2006.

No obstante, la actual Turcas y Caicos es una selección nueva, o al menos eso dice Gavin Glinton, el único jugador profesional del conjunto insular, en una entrevista para FIFA.com.

"Creo sinceramente que poseemos el talento, la mentalidad y el coraje necesarios para lograr un resultado positivo", afirmó el reciente fichaje del Earthquakes de San José estadounidense y máximo goleador de las Islas Turcas y Caicos (con tres tantos). "La última vez no teníamos un estadio en el que jugar y en la práctica disputamos dos partidos fuera, en Miami, contra una selección de Haití muy potente".

Como era de esperar, Turcas y Caicos cayó en el encuentro de ida por 5-0. En la vuelta se logró una victoria moral, ya que la pequeña selección caribeña perdió sólo por un respetable 2-0 y se ganó una entusiasta ovación de los aficionados haitianos. El combinado insular se mostró como un conjunto alegre y bien hilvanado. Su máximo goleador portó el brazalete de capitán y en sus filas se alienaron jugadores de edades comprendidas entre los 16 y los 45 años.

Por suerte para Islas Turcas y Caicos, Glinton es una persona que siente los colores. El delantero habla con acento norteamericano y dejó su tierra natal de Gran Turca antes de cumplir los cuatro años de edad, pero no faltó a la llamada del seleccionador para disputar el duelo frente a Haití a pesar de tener la posibilidad de jugar con Estados Unidos y Guyana, debido a sus vínculos familiares por línea materna.

"Quizá a algunos les parezca gracioso, pero estoy tan orgulloso de jugar con Turcas y Caicos que resulta difícil expresar con palabras lo que siento", aseguró el atacante. "Nada me haría más feliz que contribuir a promover el fútbol en este país".

A menudo, los compañeros acuden a Glinton, el único jugador profesional del combinado, en busca de consejo, orientación o simplemente con la intención de saber cómo son las cosas más allá de la competición liguera de las islas, en la que participan sólo seis equipos. No en vano, Glinton compartió vestuario y campo de entrenamiento el año pasado con un tal David Beckham en el Galaxy de Los Ángeles.

"Me piden que les hable de Beckham, claro", comenta a FIFA.com Glinton, de 28 años, con una sonrisa. "No obstante, antes de eso, siempre me estaban preguntando qué se siente cuando estás en un estadio de fútbol profesional y cómo lo hacían sobre el terreno de juego. '¿Lo estoy haciendo bien? ¿Qué haría un profesional en esta situación?'".

A pesar de la falta de experiencia profesional en la selección de Turcas y Caicos, Glinton se declara impresionado por la calidad y el entusiasmo con que el equipo está preparando la eliminatoria frente a Santa Lucía. En esta ocasión, el equipo está trabajando intensamente en lugar de actuar con la improvisación habitual.

El proceso de aprendizaje es lento y complicado, pero Turcas y Caicos está mostrando progresos en los preparativos del partido de ida del 6 de febrero, que, por cierto, será el primer encuentro que el combinado dispute en terreno propio.

"Estoy realmente impresionado por la capacidad y, sobre todo, el entusiasmo de estos jugadores", aseguró Gavin. "El esfuerzo que están haciendo es sorprendente si tenemos en cuenta que la mayoría de ellos trabajan ocho o nueve horas al día. Jugar en casa nos ayudará".

Los altibajos de Glinton
Lejos de ser un profesional engreído y consentido, Glinton, de 28 años, tiene devoción por el deporte que ama y por las islas que dejó de niño. Profesional desde 2001, tras sus años universitarios, el atacante pasó una temporada en el Galaxy de Los Ángeles y otra media en el Burn de Dallas, antes de sufrir una lesión que amenazó con poner fin a su carrera.

"Me destrocé el tobillo", comenta con expresión seria. "Estaba seguro de que todo se había acabado para mí".

Glinton sacó fuerzas de flaqueza y decidió probar suerte en los banquillos. Durante dos años fue entrenador auxiliar en la Universidad de Bradley, donde había jugado durante cuatro exitosos años antes de llegar a la MLS. Esta experiencia, en la que entrenó a personas que jugaban por amor al fútbol y no por dinero, le hizo tomarse el deporte rey con más filosofía.

"Aprendí mucho sobre el fútbol durante esos dos años", relató a FIFA.com. "También aprendí mucho sobre mí mismo". Poco a poco, Glinton comenzó a participar en los partidillos y fue recuperando la confianza hasta que en 2005 fichó por el Charleston Battery, de la segunda división estadounidense. Allí fue donde el delantero tuvo su segunda oportunidad. Y no la dejó escapar.

Glinton recuperó la forma, se ganó el favor de los aficionados y en 2006 regresó a la MLS de la mano de Frank Yallop, técnico del Galaxy de Los Ángeles por aquel entonces. Los dos volverán a encontrarse la temporada próxima en San José.

"La vida no suele darte una segunda oportunidad", concluyó. "Sólo quiero seguir ofreciendo lo mejor de mí mismo y contribuir a promover el fútbol en las islas mientras pueda. Quizá algún día me convierta en el entrenador de este equipo o en director técnico de la asociación nacional. Lo único que quiero es poner mi granito de arena para ayudar a que Turcas y Caicos desarrolle plenamente su potencial".

La primera misión de Glinton en esta noble y atractiva aventura será marcar un gol en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA y superar la eliminatoria frente a Santa Lucía, lo que supondría enfrentarse nada menos que a Guatemala en la siguiente ronda.