Puede que no cuente con las playas de Rio de Janeiro ni con la vida nocturna de Sao Paulo, pero Belo Horizonte, con su habitual pasión por el fútbol, se ha robado las miradas de todos los aficionados del continente. Y no es para menos: la capital del estado de Minas Gerais, donde habitualmente conviven Cruzeiro y Atlético Mineiro, abre sus brazos para albergar el clásico esperado entre Brasil y Argentina.
El sol surgió con todas sus fuerzas en la mañana del miércoles, en lo que podría traducirse como una nueva burla a la inminente llegada del invierno en Sudamérica. La trascendencia del partido, sin embargo, ha elevado aún más la temperatura. Y es lógico: la visita de los argentinos nunca pasa desapercibida. "Son pocos pero se hacen sentir", reconoce Joao, taxista y seguidor del Scratch de Dunga. "Hoy ya he llevado a unos cuantos desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, ¡todos bastante confiados!", agrega entre risas.
Con él coincide Paulo, quien maneja un kiosco de revistas ubicado a metros de la Plaza de la Libertad: "Belo Horizonte no es turística y recibe visitantes por asuntos de negocios. Está claro que hoy no es el caso". La imagen no lo deja mentir: al momento de comentarnos ese dato, un contingente de 10 hinchas argentinos se pasea por el la plaza con camisetas, cámaras y un marcado optimismo.
"Demasiado confiados están, pero ya veremos quién ríe último", comenta por lo bajo Fernando, uno de los fieles acompañantes de Paulo todas las mañanas. "Es raro que hagamos una eliminatoria brillante, pero nunca faltamos al Mundial y esta vez no será la excepción. ¡Siempre les ganamos aquí!" agrega con su entrada guardada bajo siete llaves. "No fue fácil conseguirla", nos confiesa con una sonrisa. Y hay que creerle: tuvo que pasar la noche previa a la venta durmiendo frente al Mineirao.
Samba 3 - Tango 0
A no engañarse. Pese a la visible visita de argentinos en la
ciudad, los colores amarillo y verde son los que dominan las
calles. "Hoy más que nunca, somos todos brasileños. No hay
diferencias entre Cruzeiro y el
Galo", anuncia Jorge. De su mano camina Fabián, su
hijo de 10 años que asistirá por primera vez a un juego de su
selección. Lleva la camiseta nacional con el número 9 y el nombre
de Ronaldo, autor de 3 goles en la última visita argentina a Belo
Horizonte. "Estoy muy contento por ver a Messi", nos
aclara con una amplia sonrisa. Pero a no preocuparse: la reprimenda
de papá lo llevará a aclarar rápidamente que su favorito, en
realidad, no es otro que Adriano.
Todavía falta para el inicio del partido y la apertura del estadio, pero afuera ya puede divisarse una bandera con la leyenda "Samba 3 - Tango 0", en clara alusión a la final de la Copa América ganada por los brasileños en Venezuela. Su dueño no es otro que Valdir, quien no podrá asistir al Mineirao. "No conseguí entradas, pero lo veré por televisión. La bandera sí estará allí dentro", nos afirma. Y confiesa: "Espero que nos ayude, porque no confío mucho en el equipo". Esa sensación se repite extrañamente en varios de sus compatriotas, todavía dolidos por las últimas actuaciones de su selección.
El reloj no se detiene y los colores van tomando las calles. Sin embargo, la presencia policial parece sólo de rutina: el clima está calmo y las bromas no pasan de algún que otro canto a favor de Pelé o Diego Maradona, la habitual puja entre estos vecinos tan cercanos y distantes a la vez.
Pero no todos son enemigos en este día tan especial. Existen casos excepcionales como el de Cynthia y Sebastián. Ella es brasileña. Él, su novio, argentino. "Nos conocimos en unas vacaciones hace 4 años y desde entonces estamos juntos. Nos llevamos bárbaro, salvo en este tipo de situaciones", nos cuenta él entre risas. Aunque aclara: "Si llegamos a ganar se me va a complicar la vida familiar. ¡Pero valdrá la pena!".
Ya sólo restan horas para el saque inicial. Mayoría de brasileños -cerca de 57.000- y un puñado de argentinos confluirán en ese gigante de cemento que representa el Mineirao. No estarán solos: los ojos del continente y el mundo seguirán las alternativas del clásico junto a ellos. Al menos por hoy, los negocios quedarán de lado: Belo Horizonte es, indiscutiblemente, la capital del fútbol.
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