Hay partidos de fútbol inolvidables que, cuando se rememoran, suscitan profundos sentimientos de alegría o tristeza, tanto en los corazones de los jugadores como en los de los aficionados. Un encuentro que se ciñe a la perfección a esta descripción es el decisivo choque de la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA entre Zaire y Marruecos disputado el 9 de diciembre de 1973.

Aquel día, los Leopardos del Zaire se convirtieron en el primer equipo del África subsahariana que logró la clasificación para la fase final del certamen. FIFA.com evoca aquel momento memorable.

Detalles
9 de diciembre de 1973, estadio Tate Raphael, Kinshasa
Zaire 3-0 Marruecos
Goles: Zaire (Kembo 58', 61'; Mbungu 79')
Zaire: Kazadi, Mwepu, Mukombo, Bwanga, Lobilo, Mambuene, Mayanga (Mulamba 46'), Kibonge, Kembo (Mbungu 71'), Kidumu, Kakoko.
Marruecos: Belkourchi, Benkrif, Ilhardane, Megrouh, Zahraoui, Najah, Fetouni, Chebbak, Faras (Choukri 52'), Haddadi, Amcharrat.

El contexto
Marruecos se convirtió en el segundo equipo africano que logró clasificarse para la Copa Mundial de la FIFA al asegurarse una plaza en México 1970. Por este motivo, los norteafricanos emprendieron la última ronda de la competición preliminar de Alemania 1974 como claros favoritos. Superó sin problemas la fase eliminatoria y quedó encuadrada con Zaire y Zambia en un grupo del que saldría el representante continental para la cita mundial.

Pero el mito creado entorno a su proeza se desplomó en el primer encuentro, al caer estrepitosamente contra Zambia (4-0). Poco después, los Leopardos se impusieron en sus dos choques contra los zambianos y se colocaron líderes de grupo. Esto significaba que Marruecos necesitaba imperativamente ganar en Kinshasa para arrebatar a Zaire el primer puesto y meterse en el bolsillo el billete para Alemania.

El combinado del Zaire (actualmente RD del Congo) estaba considerado un grande de África, dado que los clubes del país destacaban en la escena continental. En 1972, los Leopardos alcanzaron las semifinales de la Copa Africana de Naciones, disputada en Camerún, donde empataron a 1-1 con Marruecos. Mobutu Sese Seko, en aquella época Presidente del país, era un apasionado forofo de la selección nacional.

Su afición era tal, que llegó a aportar el dinero necesario para pagar los servicios del entrenador yugoslavo Blagoje Vidinic y ofreció a los jugadores generosos incentivos, como coches y terrenos. Incluso puso su avión privado al servicio del equipo para sus desplazamientos fuera de casa.

Zaire tenía muchos incentivos para lograr la victoria, pero los marroquíes estaban muy motivados, puesto que dos semanas antes habían recuperado sus opciones de clasificación al imponerse a Zambia por 2-0 en Tetuán. Marruecos había sumado dos puntos en dos partidos, mientras que Zaire acumulaba cuatro en el mismo número de encuentros. Zambia, por su parte, ya estaba eliminada tras haber logrado una única victoria en sus cuatro citas de la fase de grupos.

El partido
Zaire estaba a punto de hacer realidad su mayor logro hasta la fecha. El objetivo estaba al alcance de la mano. Fuentes oficiales señalaron que la asistencia al encuentro había sido inferior a 8.000 personas, pero lo cierto es que el estadio, situado a las afueras de la ciudad, estaba lleno hasta la bandera, y se calcula que la cifra real rondaba los 20.000 espectadores. La estrategia de Marruecos fue extraordinariamente disciplinada y perspicaz para la época. Los norteafricanos se replegaron en la defensa y buscaron el contragolpe, mientras Zaire lanzaba una acometida tras otra, sin mucho éxito.

Los locales, espoleados por una afición cada vez más ansiosa, empezaron a mostrar signos de frustración a medida que se aproximaba el descanso. El juego se tornó más físico y los marroquíes empezaron a sufrir violentas entradas. 

Poco después de la reanudación, se produjo el primer gol, de factura atípica. Se formó un tumulto en la boca de la portería, una especie de melé como las del rugby, y el balón acabó al otro lado de la línea de meta.

El conjunto visitante se quejó de que alguien había arrebatado el balón al portero Ahmed Belkourchi de manera antirreglamentaria, antes de que Kembo marcara el tanto, pero el árbitro ghanés, George Lamptey, desoyó las protestas. Tres minutos después, Kembo amplió la ventaja de su equipo para delirio de la afición local.

Pero la fiesta zaireña no había terminado. Ekofa Mbungu, sustituto del lesionado Kembo, anotó el 3-0 definitivo, que puso la puntilla a los desmoralizados marroquíes.

Zaire consiguió la clasificación para la Copa Mundial de la FIFA y se convirtió en el primer país del África subsahariana en disputar la prestigiosa cita mundial. Pero los marroquíes estaban tan indignados por el tratamiento que habían recibido sus jugadores que solicitaron que el partido volviera a celebrarse. El árbitro del encuentro, George Lamptey, se convirtió en una figura no querida en el país norteafricano.

La FIFA desestimó la petición y Marruecos se negó a disputar el último encuentro de la fase de grupos. Así las cosas, la victoria se otorgó al Zaire por 2-0, que terminó la competición preliminar con un registro de cuatro triunfos en otros tantos partidos.

La figura
Kembo ya se había labrado una reputación gracias a sus dotes goleadoras. De hecho, se le conocía como "Señor Gol" por su habilidad frente a la meta contraria, tanto con la selección nacional como con su club, el AS V Club, el más popular de Kinshasa. Su estilo de juego, duro y físico, lo convirtió en un símbolo de la época y fue aclamado como el artífice de la clasificación de Zaire para la Copa Mundial de la FIFA.

¿Qué sucedió luego?
Zaire ganó la Copa Africana de Naciones 1974 en una final, disputada en El Cairo, en la que volvió a verse las caras con Zambia. Marruecos, por su parte, boicoteó el certamen, todavía furiosa por las decisiones arbitrales de Lamptey. Pero la actuación del Zaire en la fase final de la Copa Mundial en la República Federal de Alemania no resultó lo esperado. Los Leopardos cayeron estrepitosamente ante Yugoslavia (9-0), Brasil (0-3) y Escocia (0-2).