El último grupo clasificatorio de la zona asiática para EEUU 1994, en el que seis selecciones de primer nivel contendieron por las dos plazas reservadas al continente en la Copa Mundial de la FIFA, evoca recuerdos muy diferentes en los países participantes.

Para Japón, el torneo disputado en la capital qatarí es, aún hoy, la "agonía de Doha", en la que un correoso Irak impidió que los nipones acudiesen por vez primera a un certamen mundialista, al empatar Jaffar Omran Salman en el tiempo de compensación de su último partido.

Al mismo tiempo, una imparable Arabia Saudí venció 4-3 a Irán en un duelo vibrante, en el que los Hijos del Desierto se adjudicaron la liguilla y obtuvieron su primer billete a la gran cita del deporte rey. Acompaña a FIFA.com en un repaso a uno de los encuentros de clasificación más apasionantes de la historia de Asia.

Los detalles
28 de octubre de 1993, Estadio Al Khalifa, Doha
Arabia Saudí 4-3 Irán
Goles: Arabia Saudí: Sami al Jaber 21'; Fahad al Muhallal 27'; Mansoor al Mousa 47'; Hamza Flaitih 74'. Irán: Mehdi Fonoonizadeh 43', 52'; Javad Manafi 90'.
Arabia Saudí: Mohammed al Daeyea, Ahmed Madani, Abdullah al Dossary, Fouad Amin Anwar, Mohammed al Khlaiwi, Mansoor al Moeineh, Mohammed Abdul Jawad, Khalid Misaad al Muwallad, Hamaza Flaitih, Sami al Jaber, Fahad al Muhallal
Irán: Behzad Gholampour, Nader Mohammedkhani, Javad Zarincheh, Reza Hassanzadeh, Mohamed Rezaei-Manfesh, Mehdi Fonoonizadeh, Hamid Darakhshan, Mehdi Abtahi, Amir Ghalenoei, Behzad Dadashzadeh, Alí Daei

El contexto
Arabia Saudí llegaba a Doha en calidad de potencia emergente de Asia, habiendo demostrado con creces su capacidad de plantar cara a conjuntos consolidados como la República de Corea e Irán.

A pesar de descubrir el fútbol relativamente tarde (su Asociación se fundó en 1959), los saudíes progresaron a una velocidad extraordinaria. Conquistaron su primer trofeo continental en 1984, al imponerse por 2-0 a China en la final de la Copa Asiática de aquel año. Y cimentaron su condición de gran equipo al revalidar el título cuatro años después, venciendo a la República de Corea en la tanda de penales.

Tras sus logros en Asia, Arabia Saudí, con el seleccionador Mohammed al Kharashi al frente, quería dejar huella en el panorama global. La competición preliminar para EE UU 1994 le dio la oportunidad que esperaba.

En vísperas de la quinta y última jornada, japoneses y saudíes compartían el liderato con cinco puntos, y una mejor diferencia de goles para el equipo oriental. No obstante, la República de Corea, Irak e Irán les pisaban los talones, a un solo punto. Únicamente los dos primeros se clasificaban, por lo que tanto Japón como Arabia Saudí estaban obligados a ganar.

El partido
Irán había sido la selección dominante en Asia en los años 1960 y 1970, como demuestran sus tres títulos consecutivos de la Copa Asiática y su clasificación para la Copa Mundial de la FIFA Argentina 1978. En el decenio de 1980 Arabia Saudí surgió como nueva potencia, derrotando dos veces a Irán camino de sendos trofeos continentales, en los penales en Singapur 1984 y mediante un 1-0 cuatro años más tarde en Doha.

Era el tercer enfrentamiento entre ambos en un gran torneo internacional, "la revancha de Doha", y los hombres de Al Kharashi acudían con más moral que su adversario.

Ante más de 20.000 espectadores, con mayor número de saudíes que de iraníes en las gradas, los árabes comenzaron de un modo excelente, adelantándose en el minuto 21 por mediación de Sami al Jaber. Fahad al Muhallal dobló la renta de los suyos tan sólo seis minutos más tarde.

Cuando el dominio saudí parecía indiscutible, el Equipo Melli replicó a través de Mehdi Fonoonizadeh, quien recortó distancias al filo del descanso.
Sin embargo, Arabia Saudí regresó de los vestuarios con el mismo espíritu, y Mansoor al Mousa no tardó más de dos minutos en restablecer la ventaja de dos goles.

Fonoonizadeh volvió a ser la espina de los saudíes, al anotar su segundo tanto transcurridos cinco minutos. Pero Hamza Flaitih materializó la cuarta diana saudí en el 74, dando la tranquilidad a los suyos. El gol postrero del iraní Javad Manafi no sirvió para cambiar el resultado.

La figura
La competición preliminar de la zona asiática para EE UU 1994 supuso la aparición de tres estrellas, que brillarían durante más de una década. Aunque las tres fueron titulares en este choque, Sami al Jaber, de sólo 20 años, abrió el casillero para Arabia Saudí y mostró destellos del genial olfato goleador que lo convertiría, a partir de entonces, en una figura muy admirada del fútbol asiático.

Se dijo
"Fue partido inolvidable. Creo que fue uno de los momentos más importantes en la historia del fútbol asiático, ya que era la primera vez que se alcanzábamos una Copa Mundial de la FIFA. El partido fue la puerta de entrada de Arabia Saudí al concierto internacional, y siempre tendrá un lugar en nuestros corazones. En lo personal, agradezco a Dios haber tenido una buena actuación, colaborando para que mi país haya tenido semejante victoria". Sami Al Jabe, jugador de Arabia Saudí.

"Debería ser un día sagrado en nuestra historia. ¡Estábamos por fin en unas finales de una Copa Mundial! Hicimos nuestro máximo esfuerzo y jamás perdimos la fe en que íbamos a ganar". Hamza Flaitih, jugador de Arabia Saudí.

¿Qué sucedió luego?
Tras esta memorable victoria, Arabia Saudí tuvo un estreno de ensueño en la Copa Mundial de la FIFA celebrada al año siguiente en Estados Unidos, al alcanzar la segunda ronda. Este impresionante éxito provocó una etapa de triunfos ininterrumpidos en la competición preliminar: los saudíes se clasificaron para todas las ediciones del torneo entre 1994 y 2006.

Irán, que se encontraba en fase de reconstrucción después de la Guerra del Golfo, adquirió una valiosa experiencia internacional, y se fogueó durante la campaña. En los siguientes años fue la selección de Asia que ofreció un rendimiento más constante, y sus progresos culminaron con la clasificación para Francia 1998 cuatro años más tarde, eliminando a Australia en una eliminatoria a doble partido.