¿Las peores expectativas nunca llegan a cumplirse? En el caso de Ricki Herbert, el escenario más pesimista sí se coló en su carrera una tarde de junio de 2012. Su selección de Nueva Zelanda, tetracampeona de la Copa de Naciones de la OFC y defensora del título, cayó eliminada en semifinales bajo el calor abrasador imperante en Islas Salomón. Dos años después de su histórica campaña mundialista, los All Whites se mostraban desdibujados. “Llevo 52 partidos como entrenador de este equipo, y es uno de mis peores momentos”, rumiaba Herbert en caliente.

Jake Gleeson y Ian Hogg fueron partícipes de la inesperada derrota. Uno bajo palos, el otro desde el banquillo. Los dos compañeros de equipo en el Portland Timbers estadounidense, símbolos de una nueva generación de Kiwis llamada a tomar muy pronto el relevo, poseen una paciencia a la altura de su ambición. “Ya llegará mi momento”, afirmó Gleeson a FIFA.com. “Todavía soy joven, y tengo tiempo para poder ir creciendo tranquilamente. Las selecciones de categorías menores son un buen trampolín, pero la diferencia de nivel con respecto a los All Whites todavía es muy importante”, prosiguió el actual tercer portero de la selección absoluta.

Al igual que su nuevo compañero en la MLS, Hogg disfrutó el pasado verano de la aventura olímpica con la selección sub-23. “Fue una experiencia muy provechosa, que sirve para ir adquiriendo confianza. Nuestro seleccionador en Londres era el ayudante de Ricki Herbert, y eso ayuda para ir metiéndote en la pomada. Hemos trabado con él una buena relación; lo cual me permite seguir haciéndome un sitio entre los All Whites. Es el momento idóneo, ya que en la MLS tengo más proyección mediática, y puedo mostrar mejor lo que sé hacer”, señaló el joven defensa internacional, que vio puerta en su debut con la absoluta contra El Salvador, en un amistoso jugado en mayo de 2012.

“Sólo la victoria es admisible”
Los dos jugadores de 22 años, que fueron utilizados por Herbert en los partidos de la segunda ronda de la fase de clasificación mundialista, siguen aprendiendo en la sombra, sin impacientarse. “Cada vez que nos concentramos para los partidos clasificatorios, el entrenador nos da el mismo mensaje: debemos hacer nuestro trabajo, y hacerlo bien. Sólo la victoria es admisible”, explicó Hogg. “La competencia va a más en Oceanía, donde los equipos son imprevisibles porque los jugadores no conservan realmente su posición. Por consiguiente, sabemos que debemos tener un comportamiento absolutamente irreprochable tanto en concentración como en intensidad. Han llegado nuevos jugadores, y hará falta un poco de tiempo para que la mezcla cuaje. Pero en un futuro próximo veremos a una selección neozelandesa mucho mejor”.

A su vez, Gleeson, que se dio a conocer en la escena internacional con motivo de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA Corea 2007, hizo hincapié en la necesidad de tener referencias y estabilidad en el camino a Brasil 2014. “La principal prioridad es clasificarse, y necesitamos a los veteranos. El entrenador ya tendrá tiempo de trabajar con los jóvenes después. Estar en una zona sin rivales muy potentes puede permitir al cuerpo técnico conceder minutos de juego y experiencia a los nuevos, que, como yo, los necesitamos. Pero las demás selecciones de Oceanía progresan; están mejor estructuradas y tienen mejores seleccionadores. En la Copa de Naciones ya comprobamos que podían sorprendernos”.

Tras haber ganado con comodidad sus dos primeros partidos de la tercera ronda, los All Whites deben asimilar su nueva condición y la presión que lleva aparejada. “Hay más expectativas, pero es normal”, consideró Hogg. “Tenemos más jugadores que militan en clubes de alto nivel, los jóvenes progresan y el cuerpo técnico sabe adónde quiere llegar. Vamos por el buen camino”, añadió Gleeson. “El seleccionador nos anima a no tener miedo de hacerlo mal y a sentirnos más libres en el campo, sin pecar tampoco de ingenuos”, precisó Hogg, defensor como el que más del buen fútbol por el que aboga Herbert. Contra Tahití, los días 12 y 16 de octubre, Nueva Zelanda tendrá que mostrarse eficaz ante todo. Y eso no necesariamente es incompatible con la inexperiencia, como Gleeson y Hogg están dispuestos a demostrar.