“Si nos preguntan antes del inicio de la competición, lo habríamos firmado con los ojos vendados”, declaró Simeon Jackson sobre la actual situación de Canadá en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA™, a un partido y un punto del hexagonal final. “Estamos exactamente donde queríamos”, sentencia.

Jackson es todo un experto en el arte de llegar a estar donde quiere. Nacido en la soleada Kingston, capital de Jamaica, se mudó con su familia a las heladas calles de Toronto a la edad de tres años. El chico destacaba jugando al fútbol. Cuando todavía era muy joven, se sometió sin éxito a pruebas con equipos de categorías secundarias del fútbol inglés, pero el fracaso no solo no le detuvo, sino que le ayudó a forjarse una determinación de hierro. Se mudó con su abuela al sur de Londres y se dejó la piel en clubes no profesionales hasta llegar, gracias a su prodigiosa perseverancia, a lo más alto, a la tierra prometida, la Premier League inglesa, donde actualmente defiende los colores del modesto Norwich City.

“Empecé desde cero, ni más ni menos”, declaró a FIFA.com Jackson, un delantero veloz que puede jugar de nueve en la punta de ataque o más retrasado cerca del mediocampo. “Me labré el camino hasta la cima desde lo más profundo del pozo”, reconoce con un toque de autocompasión, pero con humildad y orgullo. No quiere dar los detalles de su difícil viaje. “Estoy muy orgulloso de donde estoy; el camino ha sido largo y complicado”, señala.

“Hubo muchos momentos, más de los que podría relatar en el tiempo que tenemos, en los que estuve a punto de tirar la toalla y regresar a Canadá”, aseguró. “Recuerdo una vez en la que el Gillingham me rechazó y me encontré en la nada, sin ningún futuro. No podía más, pero mi familia no me dejó desistir y renunciar a mi sueño”, relata.

Jackson trabajó en un McDonald’s de Croydon mientras luchaba por destacar en las catacumbas del fútbol semiprofesional, hasta que, en 2008, firmó un contrato profesional con el Gillingham, uno de los clubes que le había dado con la puerta en las narices cuando era adolescente. El ariete contribuyó a devolver al equipo a la cuarta división del fútbol inglés. En 2010, con 23 años, Jackson volvió a cambiar de aires y recaló esta vez en el Norwich City, un club con opciones reales de alcanzar la Premier League. Como no podía ser de otra forma, el futbolista canadiense fue el autor del gol que supuso el ascenso.

“Es difícil de describir”, declaró al intentar explicar lo que supone jugar en Anfield, Old Trafford y todas esas catedrales futbolísticas de la Premier League después de sus complicados inicios. “El glamour, los grandes estadios, la afición... Todo te hace apreciar todavía más las pequeñas cosas que has vivido por el camino. He tenido que trabajar mucho para llegar hasta aquí, y soy una persona agradecida”, reflexiona.

Ahora, con 32 partidos como internacional con Canadá a sus espaldas, el dinámico y simpático Jackson espera dar un paso más. “Ahora quiero triunfar con mi selección”, asegura.

Un punto en San Pedro Sula
Tras imponerse a Cuba por 3-0 el viernes, el combinado canadiense –que no se clasifica para una fase final mundialista desde 1986– necesita un punto en Honduras en la última jornada para sellar su pase a la ronda final de la competición preliminar de la CONCACAF, en la que solo hay sitio para seis equipos.

“Hemos trabajado bien para llegar hasta aquí”, declaró Jackson, elegido mejor jugador de 2009 en Canadá. “Hemos sacado puntos en salidas complicadas. Solo tenemos que seguir luchando como hasta ahora, porque eso es lo que nos ha llevado hasta donde estamos”, afirma.

Aunque han hecho un buen papel, los canadienses no han estado muy acertados frente a la portería rival, con solo cinco goles a favor en otros tantos partidos (tres de ellos la semana pasada frente a una Cuba ya eliminada y sin moral). “Es cierto que no hemos marcado muchos goles, pero creamos muchas ocasiones y rondamos el área rival a menudo. Cuando haces eso, las cosas suelen salirte bien”, añadió Jackson, que todavía no ha visto puerta en la penúltima ronda.

“Tenemos que acabar lo que hemos empezado”, sentencia Jackson con seriedad. “El equipo tiene orgullo y está en buen momento, así que ha llegado la hora de demostrar de qué estamos hechos”, concluye.