Corren tiempos difíciles para Estados Unidos, empatada a siete puntos con Jamaica y Guatemala a falta de dos partidos para terminar la ronda previa al hexagonal final ee la competición preliminar de la Zona Norte, Centroamérica y Carbie para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™.

Entre planificar tácticas y elegir detenidamente el equipo que disputará los próximos y decisivos partidos, el seleccionador del combinado estadounidense, el legendario futbolista alemán Jurgen Klinsmann, conversó con FIFA.com sobre los preparativos y las dificultades que supone jugar en la CONCACAF, los puntos que se han dejado escapar a domicilio y la virtudes que deber reunir un jugador para abrirse camino hasta la selección nacional que él dirige.

Ha dirigido ya a la selección de Estados Unidos en cuatro clasificatorios de la CONCACAF para la Copa Mundial. ¿Qué ha aprendido sobre el fútbol que se practica en esta parte del mundo?
Es muy difícil jugar en la CONCACAF, muy complicado. Pero ya lo suponía. Como entrenador, aprendes mucho en cada partido. Se han producido tantas mejoras increíbles en muchos equipos de esta zona en los últimos diez o 15 años que cuesta mucho imaginar lo que te espera.

Ustedes empataron un partido en Guatemala, donde cedieron un gol en los últimos minutos, y perdieron contra Jamaica sobre un césped en malas condiciones en Kingston. ¿Podría explicarnos los retos a los que se enfrentan especialmente en sus encuentros a domicilio?
Aquí, a domicilio, tiene que salirte todo perfecto. No puedes cometer ni un error, no puedes sufrir ninguna laguna mental. Además, debes estar preparado para adaptarte a cualquier escenario, porque son imprevisibles. Si te tomas un rival demasiado a la ligera y no te amoldas a los detalles más insignificantes, lo pagas caro.

¿Fue eso lo que ocurrió en Guatemala y Jamaica?
Sí. En Guatemala y en Jamaica permitimos un lanzamiento de falta estúpido demasiado cerca de nuestra meta, en lugar que obligar a los rivales a luchar para abrirse paso. Sin duda, en eso nos equivocamos del todo. Parezco un disco rayado cuando hablo con mis jugadores de esto [se ríe].

¿Qué tiene en cuenta a la hora de formar su once inicial?
Todos los jugadores tienen que demostrarme que reúnen condiciones para figurar en el equipo titular. Deben demostrármelo cada día, partido a partido. En algunas posiciones la competencia es intensa, y los jugadores deben aprovechar las oportunidades que se les presentan para demostrar sus ganas y su voluntad. No se les garantiza nada. Yo me fío de lo que veo en el momento, incluso en los dos últimos partidos, pero no antes, no hace un año. Todo esto forma parte del tejido de la selección nacional: las pugnas internas por el puesto, la competitividad.

¿En esto incluye también a las grandes figuras, a jugadores de la talla de Tim Howard, Landon Donovan o Clint Dempsey?
Contamos siempre con un núcleo de jugadores afianzados, pero no porque sean especiales de ninguna manera o porque se les trate de forma diferente, sino porque siempre demuestran su valía, porque siempre destacan.

Ahora podría ser un buen momento para hablar de la famosa victoria en el amistoso contra el eterno rival, México, en el estadio Azteca en agosto, la primera de la historia de una selección estadounidense en esa catedral del fútbol. ¿Qué significó para usted?
Me alegré mucho por los jugadores, entrenadores y aficionados al fútbol de Estados Unidos, que tanto tiempo llevaban esperado ese momento. Recibí tantísimos textos y mensajes electrónicos de la gente del fútbol estadounidense que no podía creérmelo. El momento se había hecho esperar demasiado y significó muchísimo. Puede que, en principio, yo no fuera consciente de la gran repercusión que tendría porque no he crecido en este país.

Las cosas se les han puesto un tanto complicadas en la clasificación para Brasil 2014. Quedan sólo dos partidos para el final y están empatados con Guatemala y Jamaica en el grupo. ¿Nota la presión que supone la posibilidad de caer antes del Hexagonal final y, por lo tanto, de perderse el Mundial?
Hay presión, pero no supone ningún problema. Recuerdo que, cuando era jugador, la presión nos proporcionaba una sensación de relevancia, de apremio, una palabra que uso mucho con mis jugadores. La presión es muy necesaria. Nunca se puede dar nada por hecho. Es fantástico que nos hayamos clasificado para cada Mundial desde 1990, pero eso no te garantiza que sigas consiguiéndolo en el futuro. Tienes que ganar partidos, especialmente esos tan espinosos, porque no es automático. A mí me interesa la sensación de apremio, no de presión. En momentos así conoces a tu equipo.

¿Podría explicarnos cómo planteará el partido que disputarán el viernes en un campo de críquet contra Antigua y Barbuda? El rival sólo jugará por la honra, pero se trata de un conjunto cuyo juego hasta el momento ha causado sensación.
El choque será extremadamente difícil. Para los futbolistas de Antigua, se trata del partido de sus vidas. Correrán y lucharán hasta quedarse sin aliento. Les digo a mis jugadores que se pongan en el lugar de los rivales. Si ganan, escribirán un gran capítulo de su historia, mucho más importante para ellos que lo que conseguimos nosotros en México en el amistoso. Les he dejado claro que tienen que dominar el partido desde el primer segundo hasta el final. Espero que lo cumplan.

¿Qué dificultades concretas plantea Antigua y Barbuda?
Tiene un equipo muy organizado y siempre te complica la vida. Posee jugadores muy rápidos y un delantero muy interesante, Pete Byers. Lo tiene todo para ganar. Creó ocasiones de gol en sus partidos contra Jamaica y Guatemala, que podría haber ganado si la suerte le hubiera acompañado. Debemos enfrentarnos a ella con todas nuestras armas.

La última vez que hablamos, cuando usted llevaba seis meses en el cargo, nos dijo que quería que Estados Unidos jugara al fútbol con iniciativa, con un estilo más incisivo y no a expensas de lo que hicieran los rivales. ¿Lo han conseguido?
Empezamos a ver las primeras señales, aunque no con la regularidad que nos gustaría, pero estamos tratando de presionar cada vez más arriba y de combinar mejor. Ciertos aspectos han mejorado mucho. Siempre dije que no sucedería de repente, de la noche a la mañana. Se trata de un proceso.

¿Resulta difícil equilibrar la obligación de obtener resultados, clasificarse para Brasil 2014 e introducir el tipo de cambios, más sistemáticos, de los que habla?
El equilibrio es complicado, porque necesitamos los puntos para ir al Mundial, pero también buscamos mejorar el estilo de nuestro juego. Los jugadores están consiguiéndolo. Queremos que cada uno de ellos suba de nivel, y estamos lográndolo con gente como Michael Bradley [Roma] o Clint Dempsey [Tottenham], que militan en grandes clubes.

¿Qué opina del fichaje de Dempsey por uno de los clubes en los que usted jugó, el Tottenham?
Clint [Dempsey] trabajará para convertirse en habitual del equipo titular de los Spurs. Los futbolistas de verdad no descansan; quieren jugar todos los partidos, siempre tienen ganas de más. Clint ya está tomando el ritmo a su nuevo equipo, y los aficionados Spurs se dan cuenta de que es un gran jugador. Además, está haciendo historia, porque marcó en Old Trafford, en la primera victoria de los Spurs contra el Manchester United en su estadio desde 1989.

Algunos analistas le han criticado que no cambie el sistema de juego. ¿Podría explicarnos las diferencias entre estilo y sistema de juego?
Existe cierta confusión sobre estos aspectos. El sistema no tiene nada que ver con el estilo. Tengo que aclarar este punto continuamente. El estilo consiste en cómo quieres que todo el equipo se desplace por el terreno de juego, de atrás hacia delante. No tiene nada que ver con el sistema. Fíjense en España, juega siempre en el campo contrario, y su sistema no influye para nada en eso, ya juegue con un 4-4-2, un 4-3-3 o un 3-5-2. No importa en absoluto.

¿Qué estilo le gustaría que desplegaran los suyos?
Queremos presionar más arriba. Queremos tener más presencia en la mitad del campo del contrario, en lugar de reaccionar al juego del rival. Así es cómo sube la confianza de un equipo, y éste es nuestro plan a largo plazo. Queremos figurar algún día entre los mejores del mundo.

¿Se trata de un cambio que queda reflejado sólo sobre el terreno de juego y en el campo de entrenamiento, o también en otros factores?
Quiero que mi equipo trabaje para conseguir que el rival se adapte a nuestro juego, no al revés. Si consigues que el contrario tenga que amoldarse a ti, le obligas a una batalla mental. Debemos olvidar completamente el pasado, y yo estoy convencido de que llegaremos a encontrarnos a la altura de los grandes. Queremos que México se inquiete cuando tenga que enfrentarse a nosotros, no al revés. De esta forma, los mexicanos deberían replantearse lo que quieren hacer sobre el terreno de juego. Queremos que nuestros jugadores combinen a la perfección sobre el césped, que se muevan en bloque. Queremos que todos nuestros hombres defiendan y ataquen en equipo.