Tras la dimisión inesperada de Georges Leekens como seleccionador de Bélgica en mayo de 2012, el hasta entonces segundo entrenador, Marc Wilmots, asumió la responsabilidad de guiar la nave de los Diablos Rojos. Cuatro meses después de haber firmado un contrato por dos años, el ex centrocampista internacional ha imprimido su sello en la reconfiguración del equipo y se afana por extraer lo mejor de una prometedora generación dorada a la que sin embargo le cuesta reafirmarse.

Bélgica viaja a Serbia con cuatro puntos recabados en dos partidos y con el traje de aspirante respetable. Diez años después de la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002, los Diablos pretenden reclamar su antiguo rango de potencia continental. Pero el perfeccionista Wilmots, famoso por su franqueza, como bien se puede apreciar en su entrevista para FIFA.com, no se conforma con promesas y pretensiones.

Sr. Wilmots, en 2010 nos confió que, si Dick Advocaat no le hubiera ido a buscar en 2008, usted no habría sido entrenador. Cuatro años más tarde, ¿piensa que ha tomado la decisión correcta?
Cuando Dick me vino a buscar, el fútbol belga no me estaba ofreciendo muchas oportunidades de trabajo, y sin él seguro que yo habría tomado por otro camino. Juntos emprendimos la tarea de reconstrucción. Tuvimos que refundar un grupo, una mentalidad, una voluntad. Mi amor por los Diablos Rojos seguía intacto. Yo jugué en cuatro Mundiales y fui capitán en el de 2002. De modo que ver nuestro estadio lleno en los tres últimos partidos de la selección ha sido una gran satisfacción. La pasión del público por su equipo nacional ha vuelto, la gente está orgullosa de sus Diablos, los aficionados acuden al estadio con la sonrisa en los labios. Es un orgullo inmenso, porque todo esto es el resultado de un proceso que comenzamos en 2008.

En su nueva etapa como seleccionador, ¿la presión del resultado atenúa un tanto la ilusión del oficio?
La presión siempre es más fuerte en el equipo nacional, es cierto. Porque no tienes comodines. Estás obligado a ganar el día D, porque si no ganas se acabó. En mi cargo de seleccionador, he cambiado mi manera de trabajar con el cuerpo técnico y el personal de la Federación, y he intentado dar confianza a todo el mundo. ¡Presión no, ganas sí! Y sobre todo respeto. Todo empieza por ahí.

Concretamente, ¿cómo es el método Wilmots?
Yo he dejado mi impronta en este equipo. Sé adónde quiero ir y qué camino tomar para llegar hasta allí. Me baso en una determinada visión de juego, en una filosofía alimentada al hilo de mis experiencias y de mis convicciones. Quiero que impongamos nuestro juego, que no tengamos miedo, que no nos sintamos más pequeños que el rival. Quiero juego, movimiento, ocasiones. Pero ojo, eso no quiere decir que podamos pecar de ingenuos. Mi trabajo consiste en encontrar el equilibrio entre esos dos extremos. La labor de un seleccionador es analizar el grupo de futbolistas con el que cuenta y sacarle el máximo partido. Esa función no es comparable con el trabajo que un entrenador puede hacer en un club. No hay que engañarse: no se puede implantar automatismos en dos o tres entrenamientos. Lo que hay que hacer, en la medida de lo posible, es poner a los jugadores en las mismas posiciones tácticas que ocupan en su club. Para eso hay que realizar un análisis exhaustivo de cómo cada cual juega en su club, dónde se siente más a gusto, y cómo introducirlo en la selección en la mejor demarcación posible, respetando siempre el equilibrio del conjunto. Y es fundamental mantener la continuidad. He optado por un sistema 4-3-3 porque a mi juicio es el que mejor le cuadra a este equipo. Tenemos que consolidar los cimientos sobre los que montar los puntos de referencia y los automatismos.

Antes de ser ratificado en su puesto, usted dirigió dos encuentros contra Montenegro e Inglaterra en calidad de entrenador interino. ¿Cómo gestionó la situación?
Entre la marcha de Leekens y mi primer partido, transcurrió una semana, así que no cambié nada. Recurrí a las estructuras que había. Fui franco con los jugadores. Les dije: "Yo voy a preparar estos dos compromisos gratis y, si luego no se hacen las cosas a mi modo, esto habrá terminado para mí. Pero ustedes tienen un objetivo, que es ir a Brasil". Ellos acabaron echándole ganas y su reacción fue excelente. Hicieron dos partidos muy serios, tanto táctica como físicamente. El lunes siguiente al segundo encuentro, la Federación me llamó para decirme que los jugadores querían que continuara.

Desde 2008, las promesas de esta "generación dorada" se han quedado más bien en lamentaciones y frustraciones. ¿Ha llegado la hora de hacerlas realidad?
El talento está ahí, pero nuestros adversarios, como por ejemplo Croacia, están más avanzados en su proceso de maduración colectiva y su experiencia. Esta generación será de oro dentro de unos años; aún es joven y perfectible. Jugadores como Eden Hazard, Kevin de Bruyne y Christian Benteke no tienen más que 20 años y no son imprescindibles en su club. Hay que ser realistas y darles tiempo. Dicho eso, yo no me incluyo en ese planteamiento porque, como he dicho antes, si mañana me voy, mi vida seguirá igual. Hemos logrado configurar un grupo de 25 jugadores que progresa, pero ese crecimiento es difícil de mantener. Disponemos de 10 finales para clasificarnos. Hay que ser humildes y darse cuenta de que todo se decidirá en el noveno partido o en el décimo. Si pasamos a la ronda eliminatoria, nuestro bagaje como equipo será mucho mayor y nuestras posibilidades de ir a Brasil también.

¿La categórica victoria a domicilio en País de Gales (0-2) y el dominio sobre Croacia (1-1) son señales de la madurez adquirida?
No hay que olvidar que, en el amistoso contra los Países Bajos, concedimos dos goles en 10 minutos, y cuando toda la prensa belga lanzó las campanas al vuelo tras nuestra victoria (por 4-2), yo me apresuré a calmar los ánimos. No hay que embalarse. Al máximo nivel hace falta hacer partidos perfectos para ganar, y eso es difícil. Pero las ganas están ahí. Para mí es un placer tremendo hacer evolucionar a estos chavales con la ayuda de Timmy Simons y Daniel Van Buyten como lugartenientes, que me conocen, han jugado conmigo y me han tenido como capitán.

¿El próximo partido contra Serbia puede servir como indicador del grado de maduración?
Ningún partido será más o menos determinante o indicador que los demás. Hay tres puntos disponibles en cada encuentro. Tengo ganas de ver la reacción de mis jugadores en Serbia, pero luego quedarán muchos puntos en juego y por lo tanto no será un duelo crucial. Tenemos que saltar al campo con el mismo empuje y la misma ambición de hacer juego que en los demás. Vamos allí a ganar y a hacer nuestro fútbol. Es el único objetivo que le va a esta generación.