Tras sus campañas al mando de los combinados nacionales de Suiza, Emiratos Árabes Unidos y Finlandia, Roy Hodgson no es ningún principiante en el oficio de seleccionador. Pero su nueva misión tiene un significado fuera de lo corriente. El 1 de mayo de 2012, Hodgson fue designado técnico de la escuadra inglesa tras la marcha de Fabio Capello.

FIFA.com ha conseguido entrevistarse en exclusiva con Hodgson en su oficina en el estadio de Wembley, situada a tan sólo 32 kilómetros de su lugar de nacimiento, Croydon. En la primera parte de la entrevista (la segunda se publicará el martes), Hodgson revela sus sensaciones al recibir la oferta de su actual empleo, analiza la fase de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™, y anuncia la apertura de St. George's Park —el nuevo centro futbolístico nacional de Inglaterra— como base de operaciones para el desarrollo de los futuros entrenadores y futbolistas del país.

¿Qué sintió al recibir la llamada de la Federación Inglesa para ofrecerle el cargo?
Felicidad, supongo. Me puse muy contento. Anteriormente ya había habido ocasiones en que mi nombre había sonado como un candidato serio al cargo, pero en todas ellas al final acabaron ofreciéndoselo a otro. Después de tanto tiempo de ser un segundón, fue agradable recibir esa llamada. Resolvimos el asunto en un pispás: no era cuestión de andarse por las ramas ni de meterse en procesos complicados. La FA ya había resuelto todas las complicaciones y había tomado una decisión. Sólo faltaba alcanzar un acuerdo, lo cual resultó fácil, porque yo quería el puesto y ellos me querían a mí. Fue un momento muy feliz, que yo había anhelado durante mucho tiempo. Fue estupendo que al final se hiciera realidad.

¿Cómo valora la campaña de clasificación de su equipo para Brasil 2014?
Nos habría gustado sumar un par de puntos más de los que tenemos. Si tuviéramos 10, estaríamos bastante satisfechos, teniendo en cuenta el calendario. Pero tenemos ocho. Seguimos invictos en los 11 partidos que hemos disputado desde que asumí el cargo; eso me agrada. Pero me fastidió no ganar contra Ucrania (1-1): ellos marcaron un gol increíble y luego defendieron muy bien. Aunque dominamos la contienda, nos costó mucho conseguir el empate. En Polonia me decepcionó que no jugáramos mejor y que nos aferráramos a la ventaja que habíamos obtenido. Fue un partido extraño por las circunstancias, que creo que afectaron a los dos equipos (ndlr: el encuentro fue aplazado por las lluvias torrenciales). Fue un encuentro menor, en mi opinión. A nosotros no nos gustó cómo se desenvolvió el partido, y pienso que a los polacos tampoco. Pero no es fácil cuando se aplaza un encuentro tan de repente para jugarlo al día siguiente. Y como consecuencia de lo que ocurrió, el campo seguía estando en muy malas condiciones. Al final, el empate no fue un mal resultado (1-1). Pero lo ideal habría sido sumar 10 puntos; de esa manera habría estado muy feliz con nuestro inicio. Ahora estoy moderadamente contento, razonablemente satisfecho de haber cosechado ocho puntos en cuatro partidos, pero no es para echar cohetes. Aún nos quedan muchos compromisos, pero en los próximos podremos contar con mayores reservas de futbolistas. Creo que a partir de ahora tendré más opciones para conformar el equipo, porque habrá más gente llamando a la puerta y luchando por los puestos, lo cual aumentará la competitividad y por ende el nivel de rendimiento.

¿Qué significaría para usted ir a Brasil?
Desde luego, sería algo muy especial ir a un Mundial con la selección de Inglaterra. Para mí tendría un significado fuera de lo común, porque Inglaterra me formó como futbolista, Inglaterra me educó como entrenador, y la Asociación Inglesa de Fútbol me abrió la puerta para empezar a trabajar como técnico. Sería fantástico ir a Brasil con el equipo de Inglaterra.

Debe usted de estar salivando ante los apetitosos amistosos que se le avecinan…
Sí que lo estoy. Los partidos amistosos sólo tienen de amistoso el nombre, porque, en lo que a nosotros concierne, siempre son enfrentamientos muy competitivos. Ciertamente lo será el duelo contra Suecia, y sobre todo el choque contra Brasil. La mayoría de los jugadores van a querer jugar esos dos. Luego nos mediremos con Escocia e Irlanda, dos encuentros tradicionales, que serán ferozmente reñidos por la "fraternal rivalidad" que existe entre los países.

¿Qué juicio le merece St. George’s Park, el nuevo centro nacional de fútbol?
Creo que será el buque insignia del entrenamiento y el desarrollo futbolístico en Inglaterra. Cuando las selecciones nacionales —la absoluta, la sub-21, la sub-19 y las femeninas— entrenen allí, se pondrá la guinda al pastel, pero el centro jugará un papel aún más importante. Cuando una selección de Inglaterra de cualquier categoría planea sus entrenamientos, tiene a su disposición instalaciones formidables. Nunca nos han faltado instalaciones durante los pocos días que entrenamos juntos, pero está muy bien disponer de nuestro propio centro. Eso es mucho mejor que tener que tomar prestado el campo de entrenamiento de algún otro equipo y alojarse en un hotel. Pero la principal función que va a desempeñar, a mi juicio, es la formación de jóvenes jugadores y la formación de los entrenadores que trabajen con ellos. Será un punto central que demostrará lo en serio que se está tomando la Asociación Inglesa el desarrollo de futbolistas y el desarrollo de técnicos capaces de potenciarlos. A mi modo de ver, ésa es su principal misión.

¿Cuánta dificultad entraña para usted tener un ojo puesto en el presente y otro en el porvenir?
Ése es el cometido si eres seleccionador nacional. Hay quienes piensan que el presente debe ser nuestro único foco de atención. Discrepo. Creo que debemos intentar hacer nuestro trabajo en el presente y al menos tener en cuenta que llegará un día en el que ya no seremos seleccionadores y deberemos traspasar nuestro legado. La pregunta que me hago es entonces: ¿qué labor deberá haberse llevado a cabo cuando termine mi mandato al frente de la selección? Por otro lado, no hay duda de que el presente es fundamental. Necesitamos tener un equipo que triunfe. Si nos quedamos cortos en el rendimiento de la selección absoluta, vamos a tener más dificultades para transmitir nuestros mensajes. Está claro que vamos a experimentar una vasta mejoría durante los 10 próximos años, y creo que eso ya se está viendo si nos fijamos en los nuevos valores que están surgiendo. Oxlade-Chamberlain, Welbeck, Cleverley, Bertrand, Gibbs, Wilshere: es evidente que todos estos jugadores están dotados de una excelente técnica. Y eso sólo puede ir a mejor.

Usted ha ofrecido a esos jugadores la oportunidad de lucirse. ¿Se siente orgulloso de cómo han respondido?
Me siento satisfecho de cómo han respondido, no orgulloso. Al seleccionar un equipo de 23 jugadores, hay mucho margen para incluir en el elenco a futbolistas que pueden no estar listos para jugar hoy. En el caso de que nos clasificáramos para Brasil, hay que tener en cuenta que aún nos faltan casi dos años para competir. Necesitamos vigilar de cerca a estos jóvenes futbolistas porque quizás algunos de ellos, que ahora están en los márgenes de la selección —adquiriendo experiencia, haciéndose una idea de lo que puede significar ser un Wayne Rooney, un Steven Gerrard o un Ashley Cole—, podrían estar ahí arriba junto con estos titulares dentro de dos años, e incluso podrían ocupar sus puestos si los actuales titulares no pueden mantener el nivel que hemos alcanzado.

¿Qué es lo que más le excita y lo que más le frustra en su trabajo de seleccionador?
Lo más excitante, por supuesto, son los partidos: son grandes acontecimientos. Trabajo con jugadores de una calidad extraordinaria, cada encuentro es un evento increíble. Incluso cuando jugamos contra San Marino, vienen 85.000 espectadores a vernos a Wembley. A mucha gente le encantaría estar en mi lugar para vivir esa experiencia, al menos una vez en la vida. Supongo que la principal frustración es el hecho de que siempre tienes que andar preocupándote de si pierdes jugadores por lesión antes de un partido o una concentración, porque no controlas esa variable. Y hay otra frustración obvia, de la que nos quejamos todos los seleccionadores nacionales: la escasez del tiempo de que disponemos para entrenar con los jugadores. Desearíamos tener mucho más tiempo para llegar a conocerlos mejor, para evaluarlos mejor en cuanto a sus facultades futbolísticas y a sus características personales, y para trabajar con ellos en el acoplamiento del equipo. Pero cuando aceptas el cargo, ya sabes que las cosas van a ser así. No puedes quejarte de eso porque así es la vida en el mundo del fútbol.

Lee la segunda parte de esta entrevista pinchando aquí.