Después de la primera entrega, en la que el seleccionador de Inglaterra comentó su nombramiento, la clasificación para Brasil 2014 y la creación de un legado perdurable, la segunda parte de esta entrevista en exclusiva se centra en el propio Hodgson.

El ex técnico del Inter de Milán y del Liverpool nos habla de cómo se ha amoldado a su vida de seleccionador nacional, de su necesidad de rodearse de jugadores de "buen carácter", y de los problemas que tiene para relajarse.

Su carrera como entrenador ha oscilado entre mandatos de clubes y de selecciones. ¿Qué tal se ha readaptado a su nuevo cargo?
Ha sido muy fácil, sencillamente porque ya he ejercido este oficio antes. Además creo que, a medida que te haces mayor —36 o 37 años es mucho tiempo sirviendo como técnico— la labor de conducir un equipo no cambia demasiado. Lo que cambian son las circunstancias, obviamente. Con una selección nacional dispones de periodos más largos; cada partido es un acontecimiento más relevante; y hay que dedicar cierto tiempo a representar a la federación para la que trabajas. En el fútbol de clubes, en cambio, mantienes un contacto mucho más cercano con los jugadores puesto que los ves a diario. Yo he disfrutado de mi trabajo cotidiano en el fútbol de clubes, pues la mayoría de mis 37 años en los banquillos los he vivido en ese ámbito. Por eso, como seleccionador nunca me ha costado pasar temporadas en las que la relación con los jugadores no era tan estrecha, a sabiendas de que en esas breves convivencias estaba trabajando con los mejores del país. Además dispones de instalaciones formidables y de una inmensa ayuda para organizar todas las sesiones de entrenamiento que quieras.

¿Qué importancia tiene el carácter en el fútbol internacional?
El carácter es vital en todos los aspectos de la vida. Si hablas con cualquier entrenador de fútbol, te dirá que quiere gente de buen carácter a su alrededor, pero eso es más fácil de decir que de hacer. Cuando fichas a jugadores para un club, la mitad de las veces no conoces el temperamento que tienen hasta que no has trabajado con ellos durante un tiempo. Sobre la base de lo que has visto desde la grada y lo que has investigado, puedes haber fichado a alguien que, al cabo de dos meses de trabajar con él, te das cuenta de que es una persona muy distinta a como te la imaginabas. Para entonces es demasiado tarde, porque hay de por medio un contrato de dos, tres o cuatro años, y tienes que lidiar con él te guste o no. En ese sentido, los seleccionadores lo tenemos más fácil. Podemos ver a los jugadores, trabajar y vivir con ellos durante unos días; así puedes hacerte una idea previa más fiable que si eres entrenador de un club. Ésa es una de nuestras ventajas: podemos prefigurarnos un poco mejor el asunto y preguntarnos: ¿Es éste el tipo de hombre adecuado? ¿Comparte nuestros valores, nuestra pasión, nuestro entusiasmo? ¿Está dispuesto a poner toda la carne en el asador? Durante la Eurocopa, no estoy seguro de que hiciéramos el mejor fútbol que podríamos haber hecho. Los jugadores pensaron que eran capaces de jugar mejor. Pero una de las cosas que desde luego no se puede cuestionar es el carácter de los jugadores: el deseo, la lealtad y las ganas.

¿Qué le gusta hacer para relajarse y desconectar de su trabajo como seleccionador de Inglaterra?
No creo que se pueda desconectar: por desgracia, siempre te están examinando con lupa. Me solía gustar viajar; aún me gusta, supongo; pero ya no es como era antes, porque ahora me reconoce todo el mundo por el simple hecho de ser el seleccionador de Inglaterra. No es que me esté quejando. Otra cosa que hago es leer. Si hace bueno, suelo jugar al golf, pero ahora no lo hago muy a menudo. Espero que cuando llegue la primavera, pueda echar unos partidos para despejarme un poco. Me sigue gustando viajar; es verdad que viajo mucho en este trabajo; pero si tengo algunos días libres, me gusta salir de viaje con mi mujer. Por desgracia, cuando desempeñas un cargo tan público como el mío, resulta poco realista pensar que puedes compartimentar tu vida. No lo puedes hacer como entrenador de un club, y mucho menos como seleccionador nacional, porque perteneces a la gente y en cierta medida te debes a ella. Cuando me piden autógrafos o fotografías, los concedo pensando que es parte de mi trabajo. Si eso les hace un poco más felices, si aumenta su interés por el fútbol inglés y la selección inglesa, es mi obligación hacerlo.

¿Dónde ha sido más feliz a lo largo de sus 37 años como técnico?
No sabría decirlo. Hay un par de sitios en los que no fui muy feliz, pero en la mayoría de ellos he encontrado un cierto grado de felicidad. Es peligroso hablar en esos términos, porque siempre se tiende a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y por tanto a glorificarlo. Creemos recordar que antes los veranos eran más intensos y que nosotros éramos más felices. Yo trato de no hacer eso. Estoy feliz donde estoy ahora. Desde que he vuelto a Inglaterra, he sido dichoso en todos los lugares en los que he trabajado. Pero también fui feliz anteriormente, y en otros países. Supongo que debo considerarme uno de esos afortunados que por su profesión han tenido la suerte de ir a sitios muy interesantes. He sido bien recibido, he hecho un montón de buenos amigos, he establecido buenos contactos, y he conocido a mucha gente. Procuro no comparar demasiado los distintos sitios por los que he pasado y no pensar "éste fue el mejor" o "aquél fue donde fui más feliz". Ni siquiera estoy seguro de que haya alguno que sea el mejor. En cualquier tiempo y lugar, el fútbol te da alegrías y disgustos.

Los lectores asiáticos de FIFA.com conocen bien su buena relación con Bob Houghton. ¿Cree que es uno de los técnicos ingleses más subestimados que ha habido?
Sin ninguna duda. Fuimos muy buenos amigos, pasamos 12 años de nuestras vidas juntos. Yo fui a Sudáfrica por mediación de Bob, porque él consiguió un trabajo allí y me recomendó como jugador. Él no permaneció mucho tiempo en el club que me contrató; enseguida se marchó a jugar a otro. Al cabo de un año, Bob se mudó a Suecia y después de dos años de cosechar grandes éxitos como entrenador, le pidieron que les recomendara a alguien como él. Éramos como hermanos y él me recomendó a mí. Me abrió las puertas del fútbol sueco y durante años fuimos inseparables. Luego me marché al Bristol City con él. En resumidas cuentas, Bob fue una influencia crucial en mi carrera: fue mi guía, por el viaje a Sudáfrica y por el trabajo en el Halmstad. Gracias a él apostaron por mí. Y aquí estoy.

Lee la primera parte de esta entrevista exclusiva pinchando aquí.