En la segunda parte de su diálogo exclusivo con FIFA.com, Oscar Tabárez analiza el complicado presente de la Celeste en las eliminatorias mundialistas, así como las críticas del periodismo, el nuevo y particular mapa laboral de los entrenadores y su futuro profesional al frente del seleccionado. Lo compartimos.

Accede a la primera parte de esta entrevista en el enlace correspondiente de la derecha.

Maestro, Uruguay ha sufrido tres goleadas en sus últimos cuatro partidos de eliminatorias.¿Ha encontrado los motivos para este momento?
Es muy difícil saber cuáles son las causas y, después, detectar cuál es la más importante. Yo descarto cualquier respuesta mono causal. No es posible decir “fue por esto o aquello”.

¿Se exagera en las repercusiones por los buenos resultados obtenidos de 2010 a esta parte?
Este equipo ha sorprendido al mundo consiguiendo cosas que nadie esperaba. Logramos clasificar al Mundial de manera muy angustiosa en 2009 y nos dijimos “bueno, ahora vamos a encontrar condiciones mejores para desarrollar lo nuestro en Sudáfrica”. Una Copa Mundial es más fácil que una eliminatoria, sobre todo en lo que respecta a la presión psicológica. Y fue así. Pero cuando terminó ese torneo nos dijimos “esto sigue, tenemos una Copa América el año próximo”. Y la ganamos. Siempre defendiéndonos de cosas que le han pasado a todos los equipos, y a las civilizaciones también: nacimiento, apogeo y decadencia. Pudimos alargarlo por dos años, eso ya es meritorio para cualquier equipo, y en una selección con los condicionantes que tiene la de Uruguay es aún más resaltable.

¿Qué lectura hace de la situación en la eliminatoria?
No lo interpreto como una debacle total, ni me he prestado a ciertos clamores populares de que hay que jubilar a algunos futbolistas para traer a otros. Esto es algo que nos pasó en apenas dos meses: septiembre y octubre. Antes estábamos en los primeros lugares. Pero más allá de lo que especulemos respecto a las causas, resalto el triunfo frente a Polonia en el último amistoso del año. Vamos a tratar de seguir en ese camino, aunque todo se va a ver una vez que reinicie la eliminatoria: si persisten los malos resultados, querrá decir que acá hay algo que está escapado a las soluciones que pretendemos brindar. Si no es así, será algo que nos ocurrió y que le podría haber sucedido a cualquier equipo.

¿Cómo lo maneja psicológicamente?
Siempre digo lo mismo: no hay que darle rienda suelta a la euforia cuando hay victorias, pues muchas veces se gana porque el fútbol es muy circunstancial. Lo importante es lo otro, el camino que se recorre, y no salirse de él. Lo mismo en los malos momentos: hay que mantener la calma, no creer ahora que todo lo que se estaba haciendo antes está mal a causa de un mal resultado, o porque los futbolistas que aportaron al éxito hayan cumplido un año más del que tenían hace unos meses. No por eso dejan de servir.

¿Cómo convive con las críticas a esta altura de su carrera?
En Uruguay el rebote ha sido mediático, y en algunos sectores particulares, más que en la gente. Muchos uruguayos menores de 40 años nunca habían vivido cosas como las que pasaron con Uruguay en 2010 y 2011. Pero no sólo ellos, sino también sus hijos pequeños. Y cuando los hijos viven cosas lindas, cualquier padre agradece a quien cree responsable por ello. El apoyo ha sido permanente, y sobre todo el anónimo, ese hombre que baja la ventanilla del auto y le dice a uno “¡no le haga caso a esto o aquello!”. El panorama es ese. Obviamente que uno, a esta edad, lo ve a través de la luz de la experiencia.

¿Y qué le marca esa experiencia en este momento?
Yo ya sé de antemano que todo lo que intente puede salir bien o mal, porque dependerá de los resultados. Son ellos los que determinan el cambio de los entrenadores. El fútbol se parece cada vez más al mundo empresarial: hoy, si un entrenador hace cosas buenas, se considera dentro de lo normal. Pero tiene que seguir haciéndolo hasta que los que lo contratan crean que hay soluciones mejores. Sólo así se explica que un entrenador gane la Champions League y en la misma temporada lo quiten. Y eso, al margen de la opinión o el sentimiento personal de cada uno, se está dando a nivel de clubes y de selecciones. Todo sucede más rápido.

¿Se puede trabajar con tranquilidad en ese contexto?
Trato de que esas cosas no me desconcentren. Si yo pienso que por perder un partido contra Paraguay podemos quedar afuera del Mundial o se complica mi permanencia, ya no me estoy concentrando en el camino que hay que recorrer para enfrentar ese partido. Trato de transmitirle eso a mis futbolistas: lo que hagamos se va a ver en la cancha. Y luego, consigamos o no el objetivo, habrá que demostrar de nuevo en el siguiente juego. De esa manera fue nuestro camino previo a Sudáfrica. Nosotros aspiramos a estar en el Mundial, que es esencial para nuestro fútbol. No digo ganarlo, porque cada vez es más difícil, pero sí estar. Tenemos expectativas de lograrlo.

Teniendo en cuenta lo que mencionó recién en cuanto a las semejanzas del mundo del fútbol y el mundo empresarial, ¿cómo se imagina su futuro profesional? ¿Se ve muchos años más al frente de la selección uruguaya?
Por razones obvias no puedo contestar esa pregunta en forma muy directa, porque ya estaría estableciendo una condicionante sobre cualquiera de las decisiones que pudiera tomar en el futuro. Eso se verá cuando termine mi relación contractual, al final de la eliminatoria o de nuestra participación en el Mundial, en caso de que nos clasifiquemos. Pero puedo adelantar que hay una edad para todo, y que en el fútbol hay muchas cosas que son importantes.

Cuando llegue el momento y a uno lo enfrenten a una decisión, y que las otras partes involucradas también digan lo suyo, llegará el momento de despedirse. Siempre y cuando uno tenga la posibilidad de tomar la decisión, pues a veces las decisiones las toman otros por uno, como en los casos que mencioné anteriormente. Por eso hay que estar muy calmo y vivir el día a día, proyectarse hacia el futuro para planificar.

Para despedirnos, Maestro, nos gustaría sacarnos una duda. Si tuviera que definir un momento que lo haya marcado en la historia de la Copa Mundial de la FIFA, ya sea como entrenador o como aficionado, ¿cuál sería?
Lo que más me ha quedado como vivencia de todas las Copas del Mundo que he visto sucedió en Sudáfrica. Cada vez que mi equipo entraba a la cancha con la música de la FIFA junto a los abanderados, los árbitros... Yo veía a mis jugadores, esos muchachos que habían compartido tantos entrenamientos, experiencias, sinsabores, alegrías. Verlos yendo ahí a representar al fútbol de un país, me emocionaba casi hasta las lágrimas. ¡Trataba de aguantarme! Pero me siguió pasando en el partido con Francia, Sudáfrica, México y todos los que vinieron después hasta el último contra Alemania. Espero que en Brasil sienta lo mismo, si es que estamos ahí. Es lo que más me ha conmovido.