En la segunda y última parte de su entrevista con FIFA.com, el seleccionador de Argentina, Alejandro Sabella, habla con franqueza sobre los condimentos externos que atentan contra el desarrollo de un fútbol vistoso, la paridad en el ámbito sudamericano y su relación con un vestuario cargado de estrellas. Asimismo, el ex entrenador de Estudiantes de La Plata nos revela sus obsesiones, la clave para dirigir a Lionel Messi y el sueño de terminar con una etapa de frustraciones para el combinado albiceleste.

Accede a la primera parte de la entrevista en el enlace de la derecha.

Alejandro, ¿cuánto puede servirle en el cargo su experiencia como ayudante de Daniel Passarella al frente de la Albiceleste entre 1994 y 1998?
Me sirve en parte, porque el sistema es parecido. Pero hay que adaptarse en todo sentido, ya que han pasado muchos años. Algunas cosas han cambiado: la sociedad, la juventud, la presión, los medios. El juego también, claro… pero lo que más se ha modificado es el contexto.

¿En qué sentido?
El contexto es algo que nos puede contagiar, y eso hay que controlarlo. Las presiones son cada vez mayores; no es bueno para el mundo del fútbol en general. También hay un contexto de violencia, aunque no cuando juega la selección. Entre todos los que tenemos la posibilidad de tener un micrófono, tanto entrenadores como periodistas, tenemos la obligación de serenar un poco los ánimos. Sacar el pie del acelerador y ponerlo en el freno nos va a hacer mejor a todos, y nos dará un fútbol de mejor calidad. 

Hablando de fútbol, ¿le preocupa la paridad que se ha generado en la eliminatoria de Sudamérica? Da la sensación de que la brecha entre los equipos se ha reducido…
Es lo que ha pasado, aunque ahora podemos puntualizarlo más. Uruguay mantiene su estándar alto, Chile está pasando una de sus mejores etapas históricas, Venezuela por la mejor sin dudas. También está Perú que ha mejorado y crecido mucho. Colombia ha vuelto a mejorar también. Quizás Ecuador y Paraguay estén en una meseta, algo que pasa de tanto en tanto con los cambios generacionales en las selecciones. Pero así y todo son muy competitivos, está todo muy parejo. 

En el encuentro ante Bolivia, el estadio Monumental mostró claros importantes. ¿A qué se debe la falta de público? ¿Se puede recuperar el cariño de la gente?
Se debe a una serie de factores, unido a que hace tiempo que no se obtienen resultados. Pero es como en todos los deportes: en la medida que el equipo juegue bien y obtenga resultados, la gente se va a entusiasmar de nuevo. Si ahora hubiéramos jugado pronto después del partido con Colombia, por la forma en que se ganó, seguramente habría habido otras expectativas. Para que la gente vuelva, vamos a tener que obtener resultados y jugar mejor.

En lo personal, ¿cuánto cuesta manejar un vestuario con tantas figuras como el de Argentina?
En líneas generales, el entrenador tiene que demostrar conocimientos, capacidad de trabajo y ser una buena persona para lograr el respeto de los jugadores. Esto sucede con todos los futbolistas, desde los de la Primera C hasta una híper estrella. Obviamente, la diferencia con una híper estrella es que hay que demostrar mayor conocimiento y mayor capacidad de trabajo.

O sea que el entrenador se siente evaluado por los futbolistas…
Sí, claro. Apenas uno llega al vestuario, empiezan a tomarle examen. Pasa en cualquier división, y ya sucedía en mi época de jugador. Cuanto más nivel tiene el futbolista, mayor es el nivel de exigencia. Ahí es cuando uno más se tiene que exigir y más tiene que mejorar. Pero al margen de eso, hay muchos jugadores que están en Europa y también les gusta sentir la autoridad del entrenador. No es exactamente mi estilo, que trato de convencer al futbolista demostrando que uno sabe, que trabaja, es ordenado y una buena persona. Cada entrenador tiene su libro, pero en mi caso, no hace falta un grito ni una mala cara.

Si de jugadores se trata, ¿cómo se explica que Argentina lleve ya 19 años sin títulos oficiales?
Habría que analizar caso por caso. Los Mundiales son muy complicados y a veces pequeños detalles te dejan afuera, pero la Copa América es difícil de entender por la historia y el potencial de Argentina. Hay que tener en cuenta que siempre nos quedamos afuera con potencias, nunca contra un equipo menor. Con Diego (Maradona) nos dejó fuera Alemania, a nosotros en 1998 nos tocó Holanda y con José (Pekerman), Alemania por penales. Con Bielsa nos quedamos afuera en primera ronda, pero no ligamos nada, ¿eh? Suecia avanzó una vez y nos hizo un gol, a Inglaterra la metimos en un arco en el segundo tiempo... No tiene explicación. Diría que siempre han sido una serie de pequeños factores que, acumulados, hacen un factor mayor. Y siempre ante potencias.

Háblenos de Sabella en la intimidad. ¿Cómo es el seleccionador argentino en su casa?
Soy muy tranquilo, pero me cuesta desconectarme de mi trabajo. Mi señora muchas veces me dice que estoy en casa, pero es como si no estuviera (guiña el ojo). Los fines de semana, cuando no voy al predio, me siento en un sillón y miro fútbol desde el sábado a la mañana hasta el domingo a la noche. Prácticamente no salgo de casa. ¡Sólo falta que me den de comer en el sillón! (ríe).

Se lo ve sereno. ¿Qué cosas lo alteran?
Me pone ansioso, o nervioso, el miedo a equivocarme. A olvidarme de algo, a perderme algo... que me falte algún detalle.

Y en ese contexto, qué es más difícil: ¿entrenar a la selección argentina o haber criado tres hijas mujeres?
(ríe) Ser entrenador de fútbol es difícil, muy difícil. Son presiones distintas. La familia es algo muy importante, pero los que estamos en el fútbol somos seres medio especiales. Así como el hincha es fanático, el que vive del fútbol está muy metido en su trabajo y a veces lo que no pertenece al fútbol le pasa un poco de largo. Es un error. A veces no le damos el tiempo y la importancia que se merece a la familia.

Volvamos al fútbol. ¿Le gusta el nivel de la liga argentina?
Hemos bajado un poquito el nivel, no se ven grandes espectáculos. Se dan más partidos trabados, luchados… pero el contexto es difícil. Se han ido muchos jugadores, los cuatro más desequilibrantes de mitad de cancha hasta el área rival del año anterior partieron: Ricky Álvarez, Erik Lamela, Maxi Moralez y Enzo Pérez (nota: Enzo Pérez acaba de confirmar su retorno a Estudiantes de La Plata). Todo eso tiene que ver y hace al contexto, a la belleza del juego, al desequilibrio, al gol... En ese sentido, es parecido a lo que pienso del fútbol italiano: a veces no es lindo para verlo, pero es muy difícil jugarlo. Hay que estar ahí adentro, ¿eh? Sólo así uno se da cuenta lo difícil que es.

Antes nos definió a Messi como el jugador más desequilibrante del mundo. Alguna vez le tocó sufrirlo con Estudiantes, en la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA…
Es cierto. Cuando volvimos de aquella final ante Barcelona, recuerdo estar de pretemporada sentado en la playa con mis colaboradores. En ese momento pasó corriendo un muchacho que me gritó “¿todavía lo están buscando a Messi?”. ¡Me dio una bronca! Me habrá durado cuatro segundos, o menos, y me empecé a reír porque tuvo una creatividad bárbara. La verdad es que sufrimos a Messi en el resultado aquel día, definió el partido de gran manera.

¿Compartió esa anécdota con él?
Sí, sí… se lo he comentado acá y nos hemos reído al respecto. Es un chico muy tranquilo, es positivo que así sea.

Algunos dicen que es él quien debe adaptarse a la selección argentina, y otros que es la selección la que debe adaptar su estilo de juego a Messi. ¿Qué opina usted al respecto?
Contra Colombia en la primera parte, por ejemplo, planteamos el juego de una manera que lo dejó un poco aislado, pero luego soltamos amarras por el gol de ellos y salió todo como lo habíamos planeado. Tenemos que hacer que él esté cómodo, pensar en el beneficio del equipo. Y pensar en el beneficio del equipo, primero es hacerlo sentir cómodo a él. Luego, si el equipo está para otra cosa en un momento dado, es nuestra tarea hacer que él lo entienda.