En el país cuya banda sonora es la samba, Roger Rocha Moreira consiguió hacerse un hueco en el panorama musical con su banda de rock. Lo hizo con su guitarra, y con la influencia de clásicos como los Beatles, el punk y la new wave de los años 70 y 80 y, sobre todo, con algunos de los versos más mordaces y tocados de la música pop brasileña.

Al líder de Ultraje a Rigor, con más de 30 años en las tablas, le encantaría, como es lógico, que el tema musical de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 fuera rock auténtico. Pero él sabe que no es muy realista tratar de llevar esa idea adelante. "En general, lo que representa más a Brasil y al fútbol sigue siendo la samba. El fútbol, en el fondo, es samba", pondera en su entrevista con FIFA.com.

Eso no impidió que el primer disco sencillo de éxito de Ultraje a Rigor, Inútil, de 1983, sintonizara bien con lo que estaba ocurriendo en los terrenos de juego. "Tocamos bola pero no conseguimos ganar", rezaba uno de los versos irónicos -e icónicos- de aquella composición, en referencia al doloroso revés sufrido por la selección de Zico, Sócrates, Falcão y compañía en el torneo de España 1982. Era un gran equipo, que propugnaba el fútbol como arte, pero que regresó con las manos vacías. Dadas las dos Copas Mundiales conquistadas desde entonces, la frase podría haber experimentado alteraciones. Pero Roger no ha cambiado la letra, porque en su opinión se le iría toda la gracia.

He aquí nuestra entrevista con el rockero.

¿Cuál es su primer recuerdo de la Copa Mundial?
A decir verdad, recuerdo escuchar por la radio la Copa de 1966, pero aquello terminó mal. No recuerdo la de 1958 ni la de 1962, aunque ya había nacido. En la de 1966 comencé a seguirla; los mayores decían que teníamos un buen equipo, pero no ganamos. Luego vino la de 1970, que vi por televisión en blanco y negro. Aquél era un equipo maravilloso y salimos a las calles para celebrar el triunfo.

Cuando era niño, ¿solía ir bastante a los partidos del São Paulo?
Después de aficionarme con el Mundial, empecé a ir al Morumbi con más frecuencia, tal vez cada dos semanas. Yo era socio del Sao Paulo, podía entrar gratis; tenía una bandera que llevaba al estadio. Tomé la costumbre de no poner los partidos en directo en la televisión; los pasaba de noche. Ahí lo bonito era ir al estadio, y colocarse en el lado contrario al de las cámaras, porque así ganabas otro punto de vista. Y era precioso ver los colores en las gradas, porque la televisión era en blanco y negro. En aquella época, incluso asistía a los partidos que no eran del Sao Paulo, para ver aquellos uniformes de colores vivos, como los del Cruzeiro o los de la Portuguesa.

Como seguidor de fútbol, ¿es usted un hincha que sólo se apasiona con los colores de su club o sigue también con ganas los partidos de la selección?
Creo que soy un hincha típico del Sao Paulo (risas): veo los partidos por televisión y estoy al tanto de la liga, pero suelo engancharme más hacia el final del campeonato, cuando percibo que hay posibilidades. Pero el Sao Paulo ya no engancha tanto como antes. Procuro seguir a la selección, pero la selección también solía ser infinitamente superior: aquello era fútbol arte, incluso en los Mundiales que perdíamos.

Bueno, si de niño acostumbraba a ir al Morumbi como espectador, en 1988 fue usted allí a dar el espectáculo en un festival con Ultraje a Rigor, acompañando a Duran Duran y Simply Red. ¿Cómo fue para usted tocar en el coliseo de su club?
Fue genial. Antes de eso, había ido a un evento de Xuxa. Pero además de tocar, pude hacer realidad un sueño: jugué en el Morumbi en 2005, en la preliminar de un Sao Paulo-Corinthians, con jugadores como Terto, Paraná y Viola. Y con gente animando. Fue sensacional, máxime para alguien que conoció el Morumbi cuando aún no se habían terminado los anillos. Fue estupendo tocar y jugar. Pero tengo la impresión de que fue mejor jugar (risas). La noche fue productiva: ganamos por 3-0, pero luego el partido se canceló. Valió con la previa. En un instante del encuentro, fui a sacar un córner con la intención de colgarlo al área. Pero ahí le metías una patada al balón y no llegaba. Era todo muy grande. Además, apenas aguantaba las carreras que tenía que dar. No me sorprendió que no me sacaran en andas.

Además de tocar y de jugar en el Morumbi, usted también grabó un vídeo en el estadio para la versión del himno del Sao Paulo, ¿no?
Pues sí. Estoy buscando ese vídeo en Internet, pero no lo encuentro. Ese tema acabó popularizándose. Fue una iniciativa de la revista Placar. Incorporé el "Oh-oh-oh", que ya se cantaba en el estadio pese a no estar en el original. A partir de ese himno, me convertí en una especie de hincha emblemático del Sao Paulo. Pero en la música hay hinchas más fanáticos que yo, como Andreas Kisser y Nando Reis, que acuden regularmente al estadio e incluso viajan hasta Japón (risas).

En Inútil, una de las frases de protesta e ironía era la de que en Brasil "tocamos bola y no conseguimos ganar". Desde entonces, la selección ha levantado dos Copas Mundiales… ¿Ha pensado alguna vez en adaptar la letra, como por ejemplo en alguna función en directo, tras la conquista del tetracampeonato?
Hicimos algunas bromas con esa canción, si bien la frase original continúa valiendo. Fue compuesta después de 1982, tras la derrota de la selección en España. Era un equipo maravilloso, pero había un sentimiento generalizado de impotencia, de que no ganábamos ni en el fútbol. En los siguientes Mundiales, esa parte del tema adquiría un peso mayor cuando el equipo no marchaba bien. Recuerdo que, antes de comenzar a cantarla, decía algo así como: "Esta va para la selección de los Lazaroni" (Copa Mundial de la FIFA Italia 1990, cuando Brasil fue eliminado en octavos de final por Argentina).

Ultraje a Rigor tiene citas famosas, pero hablando en términos generales, ¿cree que el fútbol está bien retratado en la producción cultural brasileña?
Creo que en la música sí lo está. Jorge Ben hizo varias canciones relacionadas con el fútbol. En 1962 recuerdo aquella que decía "Van a ver cómo son Didi, Garrincha y Pelé", y el "Frevo do Bi" (de Jackson do Pandeiro). A pesar de ser una marcha, "90 millones" es bonita. Hasta hay música instrumental, como la pieza "1 a 0", de Pixinguinha.

Para terminar, entonces, ¿qué tipo de música, en su opinión, representa mejor al fútbol brasileño? ¿Y cómo imagina que debería ser el tema de la próxima Copa Mundial?
En resumidas cuentas, lo que más representa a Brasil y al fútbol sigue siendo la samba. Y también el fútbol, en el fondo, es samba. Aquella canción de Shank (É Uma Partida de Futebol) se convirtió en un símbolo de este deporte, describe bien la situación. No es rock, no sé bien lo que es, porque no todo lo que se graba con guitarra es rock. Tiene un ritmo del nordeste. Claro que me gustaría que la música de la Copa fuera de rock, pero creo que sería más representativo alguna cosa derivada de la samba. Necesita ser algo más universal, con sabor brasileño pero con un reclamo pop importante.