¿Se puede ser joven a los 87 años? Para muchos, la respuesta es evidente. No así para Alcides Ghiggia, el goleador uruguayo que, a un paso de los 90, parece atravesar una nueva brisa de aire fresco. “La gente me sigue reconociendo, me han organizado agasajos en mi país, estoy feliz”, reconoce quien en 1950 saltó a la fama al marcar el gol en el encuentro que definió la Copa Mundial de la FIFA™ ante Brasil, en un estadio Maracaná colmado por más de 170 mil espectadores.

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Han pasado seis décadas desde entonces, y el único sobreviviente de aquel histórico choque ha retornado a territorio ‘enemigo’ para colaborar con el sorteo final del certamen de 2014, días después de ser homenajeado en el Centenario por otra multitud… esta vez de compatriotas. FIFA.com se sentó con él para dialogar en exclusiva de aquella hazaña, los reconocimientos que disfruta en la actualidad y el futuro incierto de la Celeste el próximo mes de junio.

Alcides, ¿qué análisis hace de la sufrida clasificación uruguaya para Brasil 2014?
No me gustó. Perdimos muchos puntos en casa, puntos fundamentales. Tuvo que pelear la clasificación contra una selección desconocida (ndr: Jordania), que nunca había estado en el ámbito mundial. Afuera se le ganó 5-0, pero en casa no se le pudo ganar. Está ahí la balanza de Uruguay.

Hace cuatro años el equipo también se clasificó con sufrimiento, pero finalizó en el cuarto lugar de Sudáfrica 2010. ¿Puede pasar algo similar esta vez?
Será fundamental ganar el primer partido, lo que te permitiría ir a jugar el segundo con otro ímpetu. Y tiene que haber una renovación de jugadores, se necesitan futbolistas más jóvenes. Hay algunos que por edad ya no pueden estar en la selección. Hay que ver qué hace el técnico. A Uruguay ya lo conocen todos cómo juega, va a ser bastante difícil. Será a suerte y verdad.

En lo personal, ¿cómo se siente al volver a Brasil?
Es como una segunda casa. Llega un momento en que la gente sabe quién soy, quieren sacarse fotos conmigo o que les firme un autógrafo. Eso demuestra el aprecio que me tienen como persona. Me siento muy contento cada vez que regreso.

¿Calificaría a ese partido decisivo de 1950 como la mayor hazaña de todos los tiempos?
Fue una hazaña, porque en la historia de los Mundiales ninguna selección local había perdido una final. Fue la primera vez. Y además tuve la suerte de hacer un gol. Siempre digo que al Maracaná lo silenciaron tres personas en la historia: el Papa, Frank Sinatra y yo. Quedó mudo el estadio, no se sentía nada.

Han pasado ya 64 años. ¿Aún recuerda su gol como si fuera aquel 16 de julio?
Claro. El arquero Barbosa pensó que iba a hacer la misma jugada que en el primer gol, cuando tiré el pase atrás. Entonces se abrió y me dejó un hueco. Venía a la carrera y tuve que decidir qué hacer en cuestión de segundos. Tiré y se metió entre el palo y el arquero. Aún recuerdo pensar en mi familia, en los amigos… el abrazo de los compañeros. Me tocó darle una alegría a mi país, pero también una tristeza a Brasil.

¿Cómo se vivió el resultado final en las tribunas?
Veías a la gente llorando. Pese a la alegría de haber ganado el partido, al ver la tribuna… ¡te venía una tristeza! La gente lloraba desesperada, ¿sabés? Pero el fútbol es así, se gana y se pierde. En Brasil daban el partido por ganado antes de jugar, los diarios ya estaban escritos: “Brasil campeón del mundo”, faltaba poner el resultado nomás. Pero salió todo al revés (sonríe).

Existen muchos mitos sobre aquel partido. Uno sobre Obdulio Varela, el capitán, quien los motivó con la frase ‘los de afuera son de palo’. ¿Fue realmente así?
Eso vino porque tres dirigentes de Uruguay, el sábado a la noche, hablaron con Obdulio, (Roque) Máspoli y (Schubert) Gambetta, que eran los de más edad y experiencia. Les dijeron que ya habíamos cumplido. Que tratáramos de comportarnos bien en el campo de juego, que no hiciéramos ningún problema y que si nos hacían 3 o 4 goles podíamos estar conformes. De eso nos enteramos en el pasillo rumbo a la cancha. Obdulio nos paró, nos comunicó lo que había pasado y nació ese dicho.

Otra historia dice que algunos jugadores, luego del partido, se emborracharon y compartieron la tristeza con los aficionados brasileños. ¿Eso existió?
El que salió fue Obdulio también. Se fue a un bar que había en la esquina del hotel, a tomarse una cerveza. Los brasileños lo reconocieron. Se abrazaban a él y todo, lloraban. Nos contó él lo que pasó. Pero me dijo ‘mirá que no pagué nada, ¿eh?’ (ríe).

¿Qué tan importante fue Obdulio Varela en ese equipo?
Era un capitán muy serio. Los más jóvenes no lo tuteábamos. Le decíamos ‘usted, usted señor Obdulio’. Y dentro del campo era un técnico, te dirigía. Era muy amable y muy amigo de todos los jugadores.

¿Existe algún jugador actual que le recuerde a él?
No, como él no hay. Se juega distinto. Si tu equipo da un buen espectáculo la gente va. Si da un mal espectáculo, la gente no va. Y es lo que está pasando en Uruguay, donde se da mal espectáculo. Antes el jugador era más inteligente, más vivo para jugar. Hoy veo que un equipo está cerca del área adversaria y tira la pelota para atrás, 15 o 20 metros. Ya no aparecen jugadores dribleadores, vivos, ¿sabe? Cambió mucho el fútbol.

El pasado 20 de noviembre, antes del último partido de la eliminatoria ante Jordania, usted fue homenajeado en el Estadio Centenario. ¿Lo siente como un acto de justicia para con usted y sus compañeros?
Seguro. En mi país lo del 50 se vivió uno o dos años, pero después se fue alejando. Y a veces lo único que tenés es el recuerdo de la gente, los jóvenes que no vivieron esa época pero que conocen la historia a través de un padre o un tío. Es un aliciente para seguir adelante, porque no se puede vivir del recuerdo. Fue muy lindo y emocionante porque pasaron el gol en pantalla gigante y la gente lo pudo festejar. Es la primera vez que se hace algo así en Uruguay. Mirá que yo he viajado mucho por el mundo y me han reconocido más que en mi propio país. Por eso fue una gran alegría.

¿Llevaba mucho sin ver el gol?
En mi casa tengo tres cd del gol con los relatos de los tres relatores que había de Uruguay, pero mi señora no me deja escucharlos porque dice que me emociono. Y le digo ‘¿qué querés? antes era joven. Gané un campeonato del mundo, hice un gol, fenómeno. Pero a medida que pasan los años es cuando más sentimientos  te vienen’. Entonces te ponés triste, ¿sabés? Te vienen lágrimas a los ojos.

¿Cómo cree que el mundo del fútbol recuerda al Ghiggia futbolista?
De muchas maneras. Me recuerdan como héroe, me dicen 'Maestro'. Yo les digo que no soy ningún maestro, soy una persona como todos ustedes. Tuve la suerte de jugar al fútbol, hacer un gol en la final de la Copa del Mundo y nada más. No soy nada del otro mundo. Pero no hay nada que hacer, la gente te aprecia, te abraza… es lindo, una linda emoción.

¿Qué ha sido la pelota en su vida?
Es como una novia, la ves una vez y te casás con ella. Eso significa para mí. Hay que conocerla bien, manejarla bien. Es lo que uno aprecia.

A meses de que empiece la Copa Mundial de la FIFA en Brasil, ¿le gustaría tener 20 años nuevamente para poder jugar?
Ojalá haya una nueva final Brasil-Uruguay, pero esta vez para verla como hincha de Uruguay. Ya fui protagonista, ahora quisiera poder estar como aficionado. No se sabe qué puede pasar ahí, los partidos se irán dando. A ver qué sucede.

¿Qué daría por ver a la Celeste repetir el título en el mismo estadio donde usted se consagró campeón hace 64 años?
¿Qué daría? No sé, daría hasta mi vida por verlo campeón del mundo.