Todo, o casi todo, se ha dicho ya sobre Pelé. A sus 73 años, el brasileño es toda una leyenda viviente con tres títulos de la Copa Mundial de la FIFA™ en sus hombros. A días de que su país reciba al torneo más esperado del año, quien es considerado por muchos como el mejor jugador de la historia compartió un lado menos conocido con FIFA.com: sus recuerdos del fatídico Maracanazo de 1950, el temor a que se repita la historia y sus expectativas en torno al equipo de Luiz Felipe Scolari. “Quiero pensar en positivo, que la victoria es posible”, afirma.

Ya restan sólo algunos días para que la Copa Mundial de la FIFA™, finalmente, retorne a Brasil luego de 64 años. ¿Cuál es el recuerdo más marcado que le quedó de aquella experiencia agridulce en 1950?
Desde ya, tengo muy buenos recuerdos futbolísticos a lo largo de mi vida, pero el primero de todos es el de Brasil perdiendo la Copa Mundial ese año. Por primera vez vi a mi padre llorar, y fue por esa derrota. Yo tenía 9 o 10 años y recuerdo verlo a él junto a la radio. Lo vi llorando y le pregunté “¿por qué lloras papá?”. Y él me contestó: “Brasil perdió el Mundial”. Ésa es la imagen que me quedó grabada de 1950. Pero Dios se comportó muy bien conmigo, porque ocho años más tarde estuve en Suecia y gané el título. Jugué cuatro Copas Mundiales y gané tres, incluyendo la última en 1970. Podría decir que Dios me devolvió todo.

Usted ya ha contado que aquel incidente con su padre lo marcó en su futuro profesional. ¿Podría darnos más detalles al respecto?
Yo estaba con tres o cuatro amigos, hijos de otros jugadores compañeros de mi padre, que también era futbolista. En aquella época no había televisión, por lo que él los había invitado a escuchar el partido por la radio. Nosotros, los niños, nos fuimos a jugar a la calle. Recuerdo que había mucho movimiento, mucha gente… aunque más tarde un silencio absoluto se apoderó de todo. Entramos a casa a preguntar qué había pasado. Mi padre estaba llorando y me comunicó que habíamos perdido. Recuerdo que, en broma, le dije “no llores papá, voy a ganar el Mundial para ti”. Lo dije por decirlo simplemente, pero ocho años más tarde fui convocado para la selección y ganamos el título.

¿Cómo afectó al país esa derrota inesperada con Uruguay?
Si bien era un niño, fue la primera vez que vi tanta gente deprimida, tanto llanto... Se decía incluso que dos o tres personas murieron de ataques al corazón. Era joven, pero el recuerdo es de tristeza absoluta. No hay dudas.

Si Pelé hubiese nacido antes y, en consecuencia, hubiese jugado esa Copa Mundial de la FIFA. ¿Habría existido un Maracanazo?
¡Es una buena pregunta! (ríe) Uno naturalmente siempre quiere lo mejor para su gente y para su familia. Pero si pudiera elegir, pediría a Dios que me dejara nacer antes para ayudar a Brasil y que ello no ocurra.

El portero Barbosa fue duramente criticado tras el gol de Alcides Ghiggia que sentenció el partido. ¿Lo recuerda aún?
He visto entrevistas de él más tarde, donde decía que la gente lo crucificó por aquel gol. “Jugué muchos partidos para la selección y llegamos a la final, en parte gracias a todas mis atajadas. Pero ahora la gente me culpa por un gol”, decía. Y yo lo siento mucho, pero así es la vida. Desafortunadamente, los aficionados son muy emocionales y sólo quieren victorias. Cuando pierdes, a veces te critican. Es así.

Ghiggia, el hombre que hizo llorar a su padre, estuvo presente en el Sorteo Final de Brasil 2014. ¿Cómo fue ese reencuentro?
Ya lo había visto dos o tres veces antes del sorteo. Lógicamente hablamos de aquel partido, de mi situación y la suya ese día. Pero a día de hoy, él mismo me dice que ni él ni ninguno de sus compañeros creían que podían ganarle a Brasil. Brasil era el mejor equipo, había ganado todos sus partidos con facilidad. “Para nosotros fue un milagro, no lo esperábamos”, me dijo. Y a decir verdad, los brasileños tampoco lo esperábamos.

Y ocho años después consiguió el título usted mismo. ¿Cómo recuerda esa experiencia a la distancia?
Ésa fue otra sorpresa. Yo tenía 15 años cuando jugamos un torneo en Río, en un equipo que mezclaba a jugadores del Santos y Vasco Da Gama. Disputamos algunos partidos internacionales en el Maracaná y me eligieron de ahí. ¡No lo esperaba! Fue una sorpresa para todos, no sólo para mí.

Si tuviera que comparar su primera y última consagración, en 1958 y 1970, ¿cuál sería su análisis?
No es difícil de responder. Jugué cuatro Mundiales y, por suerte, ganamos tres. Todos me preguntan si fue difícil jugar un Mundial con 17 años, pero le juro: en aquel entonces, yo sólo quería estar en el equipo. Fue como un sueño porque, si bien ganamos, yo no tenía ninguna responsabilidad. En 1970 estaba en mi mejor nivel. Teníamos un gran equipo, fue la última que disputé. Pero si comparamos la primera, en la que no tenía experiencia, tengo que decir que la de México fue la más difícil. Teníamos un gran equipo y todos esperaban que ganáramos. Eso me hacía temblar, estaba muy nervioso y con mucha presión. La gente quizás no lo recuerda, pero la situación política brasileña no era buena, y sentíamos que teníamos que ser campeones. Eso marcó la diferencia. Gracias a Dios lo logramos.

Cómo ha pasado el tiempo…
Es increíble, pero lo que más me llama la atención es el avance de los medios de comunicación. En 1958 no teníamos televisión ni las nuevas tecnologías. Me acuerdo que quería hablar con mi padre para decirle que habíamos ganado la Copa del Mundo, ¡y tuvimos que ir a una estación central en Suecia! Le dije: "Papá, ganamos el Mundial. ¿Lo viste?”, y me contestó “no lo vi, ¡pero lo escuché!”. Es una diferencia gigante. Hoy los jugadores meten un gol y envían besos a través de la cámara. Nosotros no teníamos esa posibilidad. Ésa es la diferencia más grande que noto.

Sin embargo, hay muchas imágenes del torneo de 1970 actualmente. ¿Las ve?
A veces, sí. Lo veo porque hay muchos vídeos y programas de televisión que lo repiten. Pero le diré una cosa: si no estoy preparado, lloro. Cuando veo a esos jugadores, la gente llevándome en andas, me emociono… ¡Soy sensible!

Recientemente manifestó que no quiere que sus hijos lo vean llorar este año como le pasó a usted con su padre en 1950. ¿Quién podría ser el Alcides Ghiggia de la actualidad? ¿Lionel Messi? ¿Luis Suárez quizás?
Lo lamento, pero ojalá nadie repita lo de Ghiggia en 1950. Lo que todos esperamos es que Brasil haga una buena Copa Mundial, llegue a la final y, de ser posible, se quede con el título. No quiero recordar lo que pasó en 1950. Tengo que confiar y creer en que la victoria es posible, porque nunca sabes: el fútbol es una caja de sorpresas y no gana el mejor. En 1982, por ejemplo, Brasil tenía el mejor equipo, pero perdimos con Italia y quedamos eliminados. No quiero pensar cuál será la situación de los partidos en Brasil. Sólo quiero pensar en positivo, que Brasil va a ganar la Copa. Eso quiero creer.