Antes incluso de que Nigeria hubiese saltado al césped, era evidente que Peter Odemwingie estaba entre amigos al enfrentarse a Bosnia-Herzegovina. Con su amplia sonrisa y su risa contagiosa, el delantero del Stoke City no sólo es una figura popular en el seno de su propia plantilla, sino que también una parte esencial de la retaguardia contraria parecía orgullosa de él… o al menos hasta que su actuación en Cuiabá, con gol incluido, selló la eliminación de los bosnios del campeonato.

Los jugadores del combinado balcánico que se abrazaban y charlaban con el futuro Jugador del Partido Budweiser eran su compañero de club Asmir Begovic y el capitán de los bosnios, Emir Spahic, que compartió vestuario con el nigeriano en el Lokomotiv de Moscú. El hecho de que sus interacciones siguiesen siendo igual de cordiales tras el pitido final, a pesar de que el solitario gol del nigeriano puso fin prematuramente al debut de los europeos en un Mundial, recordó de forma contundente y conmovedora que, al fin y al cabo, el fútbol es sólo un juego.

En estado de gracia
Pero a pesar de conocer personalmente al hombre situado bajo palos al que iba a tratar de batir, Odemwingie no se lo tomó en serio cuando FIFA.com le preguntó si partía con ventaja sobre Begovic. “[Risas] No, no lo creo, ya que parar disparos a bocajarro es una de las facetas más fuertes de su juego”, señaló el punta después de haber colado el balón bajo el cuerpo del espigado bosnio desde unos 7 metros, en el primer periodo de la victoria por 1-0 de las Súper Águilas.

“Es un gran tipo. Sabe que tengo un buen disparo, y hoy traté de tirar unas cuantas veces. Estoy seguro de que va a regañarme cuando regrese al Stoke [risas]”, afirmó el ágil delantero, nacido en lo que es ahora Uzbekistán, antes de adoptar un tono más sincero. “Tuve que hacerlo por mi país, pero me alegré mucho de verlo en esta competición, e intercambié las camisetas con él al final del encuentro”.

Odemwingie mostró sentimientos similares cuando salió a relucir el nombre del imponente defensa central Spahic, junto a quien jugó por última vez en 2009, en la liga rusa. “Me alegré de verlo”, respondió con afecto. “Jugamos juntos unas dos o tres buenas temporadas, por lo que, al ver a tus colegas viniendo a este Mundial, especialmente con él como capitán, sólo puedo estar orgulloso de que sea mi amigo”.

El comprensiblemente jovial delantero soltó una risita al preguntarle si había estado dando consejos a sus compañeros de Nigeria sobre cómo superar a sus dos amigos del vestuario contrario. “Solamente les dije a mis compañeros que [Spahic] es muy peligroso de cabeza”, señaló antes de poner una mirada traviesa, mientras una figura familiar se dirigía hacia él por los pasillos interiores del Arena Pantanal. El nigeriano continuó, esta vez gritando con una mueca burlona en el rostro: “¡No es tan alto, pero deberías tener cuidado, porque puede marcar de cabeza!”.

La respuesta fue recibida con una carcajada de la persona que se acercaba, un Spahic que abrazó a su victorioso rival de esta noche. Odemwingie preguntó por qué el bosnio estaba deambulando todavía por el estadio ya casi vacío (una visita para el obligatorio control antidopaje, fue la respuesta), y la pareja mantuvo un rápido diálogo en ruso antes de que Spahic se marchase hacia el autobús de su equipo. A modo de despedida, Odemwingie pidió a Spahic y compañía que hiciesen un favor a Nigeria contra Irán y, mientras se iba, el capitán lo miró como dando a entender que su particular amigo estaba tentando a la suerte.

En caso de que los bosnios evitasen la derrota, no obstante, sería una ayuda definitiva para Nigeria, que sabe que, independientemente del otro partido, un punto contra Argentina le garantizaría el pase a octavos de final tras haber obtenido su primera victoria mundialista desde 1998 (poniendo fin a una mala racha de 9 partidos). “Hemos esperado muchísimo para lograr esta victoria”, afirmó Odemwingie. “Estoy muy contento por el país, nuestros aficionados, y el equipo. Sin embargo, tal vez hayan sido unos de los tres puntos que más ha costado lograr en toda mi carrera”.

Después de no haber sido titular en el 0-0 inicial contra Irán, aunque animó el juego de su equipo tras salir desde el banquillo, confía en haber hecho lo suficiente para jugar de inicio en el decisivo último encuentro del grupo. “Me gané la titularidad y hoy era importante trabajar duro para mantenerla, especialmente antes de un gran partido como el de Argentina, que todo jugador sueña con disputar”, resaltó.

Con una ayudita de sus amigos, Odemwingie podrá aspirar impaciente a igualar el mejor resultado de Nigeria en un Mundial, obtenido en 1994 y 1998. Sin embargo, es poco probable que vaya a ser abrazado tan cordialmente por sus rivales como lo ha sido en Cuiabá…