En noviembre de 2007, Yibuti se apuntó su primera victoria en una fase de clasificación africana para la Copa Mundial de la FIFA™, contra Somalia. Este pequeño país, cuya superficie apenas supera los 23.000 km2, se clasificó así por primera vez en su historia para la liguilla de grupos.

Ese triunfo constituyó un logro increíble para una selección compuesta por jugadores aficionados que desempeñan diferentes empleos a tiempo completo, o bien estudian en el instituto o la Universidad. 

“Resulta difícil creer que una selección nacional compuesta mayoritariamente por estudiantes y asalariados pueda alcanzar la liguilla de grupos en la fase de clasificación mundialista. El pasado junio, seis jugadores no pudieron acompañar al equipo a Túnez para disputar un partido de clasificación para la Copa Africana de Naciones 2017 debido a los exámenes de bachillerato”, destaca el tunecino Noureddine Gharsalli, actual seleccionador de Yibuti, recordando la gesta para FIFA.com.

“Hay jugadores destinados en la guardia presidencial, y otros empleados en las telecomunicaciones y los puertos”, añadió el seleccionador. “Las circunstancias económicas internas llevan a los jugadores a buscar un trabajo para poder comer. Ese amateurismo explica nuestra posición en la clasificación mundial”.

Aparcar la imagen de selección perdedora
Ni los espectadores más optimistas se animarían a pronosticar una victoria de Yibuti cualquiera que sea el rival, ya que la selección acumula un abultado historial de derrotas y está estancada en la parte baja de la jerarquía mundial.  “Nuestra selección no tiene una gran historia futbolística y carece de recursos materiales. No tenemos estrellas capaces de marcar la diferencia, pero el amor por este deporte da ganas de hacer realidad lo imposible”, defiende Gharsalli.

Admirador de la mentalidad alemana, el seleccionador ha realizado esfuerzos ingentes para poner en práctica una estrategia eficaz: “Nuestro objetivo principal es constituir un equipo competitivo a largo plazo. Por eso, en la selección absoluta nos estamos apoyando actualmente en jugadores jóvenes, de los que algunos no superan los 18 años”.

“Nada es imposible en el fútbol. Hace unos años, Cabo Verde estaba en una situación parecida a la nuestra, y ahora es una de las mejores selecciones del continente. Los jugadores, los entrenadores y los aficionados tienen ganas de borrar la imagen de un equipo continuamente fracasado, y estoy seguro de que vamos a progresar muy deprisa. En Yibuti, todo el mundo nos está ayudando: después de una derrota, los aficionados nos reciben pese a todo con una amplia sonrisa y nos felicitan; por no hablar del recibimiento oficial... Es un pueblo que comprende el fútbol, al contrario de otros países, donde el cuerpo técnico y los jugadores son pasto de las críticas”.

Superar a Suazilandia
Los 864.000 habitantes de Yibuti esperan que su selección reedite su gesta victoriosa ante Somalia de hace 8 años, pero esta vez contra Suazilandia, su rival en la primera ronda de la fase de clasificación africana para Rusia 2018.   

El técnico de 60 años quiere satisfacer ese deseo popular: “Mi equipo no tiene nada que perder y vamos a jugar nuestras bazas a fondo para acceder a la segunda ronda clasificatoria. Sabemos que es una misión complicada frente a una selección mejor dotada, pero en el fútbol no hay nada imposible”, insistió.

“Pese a los obstáculos materiales y climáticos, hemos prometido cambiar. Queremos escribir una nueva página en la historia del fútbol africano. Cambiar el mapa futbolístico en este continente empieza por el partido contra Suazilandia. En caso de ganarles, Yibuti dará que hablar de sí en los diez próximos años”.

Una victoria, además, aumentaría las opciones de que la selección superase el umbral del 200º puesto de la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola. Otra gran conquista, otra gran historia.