Por orden alfabético, Anguila está en los puestos de cabeza de la lista de los 209 miembros de la FIFA, pero en la Clasificación Mundial, un escalafón que se calcula a partir de los resultados y el balance goleador de las diferentes selecciones, esta isla caribeña languidece en la penúltima posición, sólo por encima de Bután, un remoto reino del Himalaya.

“Para mí no significa nada”, declara a FIFA.com Richard Orlowski, el seleccionador de Anguila, cuando se le recuerda el 208º puesto que ocupa su equipo en la Clasificación Mundial. “No se puede negar que hemos tenido mala suerte en el pasado, pero ahora pensamos sólo en el presente. Así que, para aquellos que sostienen que Anguila no tiene nada que hacer, lo que les digo es que esto es fútbol y cualquier cosa puede ocurrir”, advierte.

La minúscula isla, situada en el extremo septentrional de las Islas de Sotavento, es un auténtico paraíso terrenal que rezuma una seductora calma y se deja mecer al ritmo de antiguos y legendarios ritmos marítimos. Sin embargo, Anguila, que cuenta únicamente con una modesta liga de fútbol aficionado como base para su selección y que en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™ perdió su eliminatoria contra El Salvador por un global de 16-0, lo pasa mal sobre los campos de fútbol. No en vano, a lo largo de su historia, el combinado insular ha jugado sólo cuatro partidos clasificatorios en los que cedió cuatro derrotas y recibió un total de 33 goles por los sólo 2 que anotó.

Anguila atrae a numerosos turistas adinerados que acuden a disfrutar de sus paradisíacas playas y sus cristalinas aguas. Orlowski es un hombre acostumbrado a viajar, pero no precisamente para hacer turismo. Bautizado originalmente con el nombre de Ryszard, el técnico dejó su Polonia natal en 1984 huyendo de la represión política. Tras refugiarse en principio en la cercana Austria, Orlowski obtuvo asilo político en los Estados Unidos y se estableció en Nueva York. El preparador, que reside actualmente en Pensilvania, triunfó hace unos años como técnico auxiliar en Nepal, donde ayudó a la selección de este país asiático a conquistar una victoria histórica frente a la India y a escalar varias posiciones en la zona baja de la Clasificación Mundial.

Orlowski jugó de delantero durante su juventud en Polonia, donde defendió los colores de varios clubes modestos como el ZKS Gofabet o el ZKS Piotrcovia-Piotrkow Tryb. En Anguila, al igual que ocurrió anteriormente en Katmandú, el técnico ya se ha metido a la afición local en el bolsillo tras hacer historia con la selección nacional. Desde que tomó las riendas del equipo el pasado mes de febrero, Orlowski ya ha llevado al combinado caribeño a sumar dos victorias frente a Islas Vírgenes Británicas y una contra San Martín. Se trata de los primeros triunfos de Anguila en 14 años y el éxito no ha pasado desapercibido para los aficionados al fútbol de la isla.

“Quiero construir un equipo ganador a fuerza de retar a los jugadores a que crean en sí mismos”, asegura con un acento que revela su procedencia polaca. 

Al borde del abismo
Sin embargo, Orlowski afrontará en breve el más difícil todavía, ya que Anguila disputará a principios de la semana que viene el que será su quinto partido clasificatorio para una Copa Mundial de la FIFA, esta vez frente a Nicaragua. El encuentro de ida tendrá lugar en Managua y el de vuelta en El Valle, la capital de la isla caribeña. Cualquier cosa que no sea ganar los dos duelos podría significar que Anguila descienda hasta el último puesto de la Clasificación Mundial, ya que Bután se impuso a Sri Lanka por dos veces la semana pasada. La selección insular corre así el riesgo de heredar el dudoso honor de convertirse oficialmente en la peor selección del mundo.

“Hemos trabajado mucho a lo largo de las últimas cinco semanas”, añade Orlowski, que ha incrementado el grado de profesionalidad del fútbol de la isla, así como los conocimientos tácticos de sus jugadores. La espina dorsal de su equipo está formada por futbolistas jóvenes y desconocidos de la Liga de Anguila, una competición en la que participan siete clubes. “Les he dicho a los chicos que hagan como si el partido fuese un amistoso, y espero que eso les ayude a calmar los nervios”, explica.

Nicaragua no es ninguna potencia del fútbol internacional, pero se trata de un país de seis millones de habitantes –Anguila tiene apenas 14.000– y su selección ocupa en la Clasificación Mundial el puesto 185º, 23 por encima de su rival de la semana que viene. Orlowski sabe mejor que nadie que entrena a un plantel de jugadores aficionados, pero se niega a tirar la toalla. Su admiración por la capacidad de sacrificio que han demostrado sus futbolistas en esta heroica cruzada salta a la vista. “Puede que se trate de una isla diminuta, pero estos chicos tienen el corazón más grande que he visto nunca”, asegura Orlowski, cuyo equipo está formado por trabajadores de la construcción, banqueros, profesores y constructores de barcos. “Salen antes del trabajo para entrenar y algunos incluso se arriesgan a que les bajen el sueldo. Cuando los veo saltar al terreno de juego me siento muy orgulloso de ellos y del gran esfuerzo que hacen”, añade.

En cualquier caso, el mundo no se acabará si Anguila no tiene suerte frente a Nicaragua la semana que viene y los internacionales volverán a sus escuelas, sus oficinas o sus trabajos respectivos. Puede que acaben ocupando el farolillo rojo de la Clasificación Mundial, pero a quién le importa ser el último cuando vive en la paradisíaca Anguila…

Con todo, Orlowski es obstinado y no quiere saber nada de consuelos ni pretextos, por muy románticos y generosos que estos puedan sonar. “Llevamos ya tres victorias y ganar es contagioso”, asegura el técnico, que se resiste a renunciar a las opciones de su equipo. “Si jugamos como sabemos, lo lograremos”, concluye.