“Manchada”. Esa es la palabra que utiliza ahora Eric Wynalda para describir la victoria de Estados Unidos sobre Colombia en la Copa Mundial de la FIFA 1994™ (2-1). Lo que debió haber sido una celebración marcada por la alegría, al echar raíces el fútbol en el país norteamericano, se convirtió en sinónimo de un funesto gol en propia meta y el posterior asesinato de Andrés Escobar, como reconoce el antiguo astro de la selección anfitriona.

“Como equipo, éramos muy reticentes a hablar del partido, por esa razón”, admite Wynalda. “No queríamos faltarle al respeto a él”.

No obstante, y si bien la tragedia de Escobar sin duda puso el fútbol en perspectiva, lo cierto es que aquel encuentro constituyó un hito trascendental para que Estados Unidos se volcase con el deporte rey y empezase un idilio que ya no tendría vuelta atrás. Wynalda entiende perfectamente que el entonces Presidente de la Federación Estadounidense, Alan Rothenberg, lo señalase como “el partido más grande de nuestra historia hasta la fecha”.

“Creo que pudo haber sido el punto de inflexión”, dice el exdelantero en declaraciones a mlssoccer.com. “Pienso que todo empezó cuando [Paul] Caligiuri marcó en Trinidad [clasificando así a Estados Unidos para el Mundial de 1990]. Pero el momento crucial para que los estadounidenses aceptasen este deporte fue el partido de Colombia. Fue algo real, sencillamente. Estados Unidos ya no se limitaba a participar: por primera vez, cosechábamos algún éxito”.

Y tampoco fue un éxito cualquiera. Colombia figuraba entre las favoritas del torneo, e incluso Pelé había apostado por ella como futura campeona. Una campaña clasificatoria en la que endosó un legendario 5-0 a Argentina —durante una serie de 28 partidos sin conocer la derrota— y la presencia de estrellas como Carlos Valderrama y Faustino Asprilla en su mejor estado de forma justificaban ese entusiasmo.

Un triunfo merecido
La victoria estadounidense, además de ser trabajada, resultó sobradamente merecida. El instante que capta esta fotografía pone de manifiesto lo mucho que significó para todos los que la hicieron posible. El jugador sobre el que están amontonados sus compañeros es Earnie Stewart, autor del gol que situó a los anfitriones con un 2-0 a favor en el minuto 52 ante 93.689 extasiados espectadores en el Rose Bowl.

“Si nos fijamos en la celebración de Earnie, es como si se transformase en un crío de ocho años”, afirma Wynalda. “Es pura felicidad. Algunos de nosotros pensábamos ‘quédate ahí, quédate ahí, aunque te saquen la amarilla, no puedo respirar’. Sinceramente, pensé que ya no íbamos a poder seguir, porque habíamos gastado más energía en la celebración que jugando”.

La emoción de la ocasión y el peso de los cuerpos que se amontonaban sobre él fueron tal que el propio Stewart apenas recuerda el gol que hizo de él un héroe. “Me acuerdo de que estábamos apilados, yo estaba abajo de todo, y no me llegaba nada de aire, por el tremendo calor que hacía”, describe. “Y recuerdo que al día siguiente puse una lavadora. Eso es todo, prácticamente”.

Pero aunque sus recuerdos puedan ser algo difusos, Stewart es plenamente consciente de la relevancia del partido para el fútbol en Estados Unidos. “Para los futbolistas estadounidenses, poder jugar ante un rival así fue un sueño hecho realidad”, confiesa el antiguo centrocampista de Willem II y DC United. “Protagonizar una sorpresa como esa, y la forma en que lo hicimos, fue algo fantástico. En cuanto al resto del mundo, en aquel momento se demostró que Estados Unidos era un rival a tener en cuenta”.

¿Sabías que…?
Entre los objetos de la exposición de EE UU 1994 del Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, en Zúrich, figuran monedas de 1 y 5 dólares con el emblema del torneo, parte de una serie conmemorativa muy bien acogida por los coleccionistas.