El seleccionador de Trinidad y Tobago, Stephen Hart, tenía un problema. Su equipo iba perdiendo por un gol en San Vicente y las Granadinas, carecía de inspiración y necesitaba cuanto antes una chispa que avivara su juego. El técnico recorrió con la mirada el banquillo, donde un par de ojos brillaban con más fuerza y ganas que el resto. Eran los ávidos ojos de un chaval de 18 años. Eran los ojos hambrientos de Levi García.  

“Fue un sueño”, declara García a FIFA.com sobre su debut con la absoluta con el marcador en contra, cuando un jugador puede convertirse en el héroe de un partido o sencillamente no dar la talla. “El entrenador me dijo ‘sal y haz lo que has venido a hacer’”.

Lo que hizo García fue marcar dos goles, dos aportaciones decisivas a un encuentro que se había complicado mucho más de lo previsto. Aquella victoria por 3-2 aupó a los Guerreros Soca al primer puesto de su grupo de clasificación para Rusia 2018, por delante de un grande, Estados Unidos. García anotó su primer tanto 13 minutos después de haber saltado al terreno de juego. Superó a su marcador en la banda con todo un repertorio de bicicletas que recordó a su héroe, Neymar Jr., cambió de orientación hacia el interior y batió la puerta rival de un trallazo impresionante con la diestra. En el segundo, el gol de la victoria, sólo tuvo que rematar con calma un balón lanzado desde fuera del área. Cuando sonó el pitido final en el estadio de críquet Arnos Vale de Kingstown, todo el mundo sabía que acababa de presenciar los primeros destellos de una estrella muy especial.

Abrazo de alivio
El entrenador abrazó con fuerza al extremo mientras los jugadores abandonaban el irregular terreno de juego y sonreían al compañero en su gran día. Era un abrazo de alivio y gratitud, teñido de esa emoción especial que produce encontrar una joya entre el polvo de un cajón olvidado. La clase de García, muy por encima del resto de jugadores que habían participado en el encuentro, había quedado patente desde el primer toque.   

La elegancia, velocidad e inteligencia del joven lo llevaron el año pasado hasta los Países Bajos, a los grandes escenarios europeos, donde los trinitenses suelen brillar por su ausencia. Le habían concedido una prueba y llegó decidido a no desperdiciar la oportunidad. “Demostré lo que sabía hacer”, comenta este muchacho afable, conocedor de su gran técnica pero sin excesiva seguridad en sí mismo. Recibió entrenamiento especial de parte de una leyenda holandesa, Marco Van Basten, por entonces segundo entrenador del AZ Alkmaar, y pronto debutó con el primer equipo. 2016 está siendo un año de primicias para García.

“Estaba asustado. Sentía miedo de verdad”, revela García sobre su primer partido en las filas del AZ, en una de las grandes ligas de Europa, contra el Feyenoord de Róterdam hace menos de dos meses. “Un gran estadio. Mucho público. Todo era nuevo y demasiado emocionante. Pero, cuando di los primeros toques, me tranquilicé y se convirtió en un partido más”.

Los primeros partidos que García recuerda son los que jugaba en su jardín con sus tres hermanos mayores, en la aldea de Santa Flora al sur de Trinidad. “Me endurecieron; ya saben a qué me refiero. Era el más joven y siempre me llevaba más de un trompazo”, recuerda con cariño, sabedor de que ya nadie puede aprovecharse de su juventud con facilidad.  

Aquellas primeras pruebas le han servido de mucho. Anotó su primer gol con el Alkmaar el mes pasado, y ya está considerado la mayor promesa surgida de la nación isleña desde Dwight Yorke. Nacido en 1997, dos años antes de que el legendario Yorke ganara el famoso triplete con el Manchester United, el joven extremo es demasiado joven para recordar la histórica participación de Trinidad y Tobago en Alemania 2006, donde su actual capitán en la selección, Kenwyne Jones, era el jugador más joven del equipo. “He visto vídeos en YouTube y todo el mundo habla de aquello en mi país”, explica García.

Muy lejos de casa
Además de una estrella en ciernes, García es también un joven que trata de abrirse camino lejos del hogar. “Añoro mucho a mi gente”, comenta sobre su vida en los Países Bajos, un país al que no llega el aroma del doubles, una especialidad de la gastronomía trinitense, hecha de garbanzos y pan frito, ni de la tierna carne de cabra que se vende en los puestos de roti por toda la isla. “Soy un trinitense solitario en Holanda, y por eso mismo siento la obligación de triunfar aquí. De ninguna forma volveré a casa sin haberlo logrado, sin haber tocado el cielo”.

Trinidad y Tobago volverá a enfrentarse el martes, en casa, a San Vicente y las Granadinas. Los aficionados que se congreguen en el estadio Hasely Crawford de Puerto España, tras haber visto a su nuevo héroe, estarán deseando que la sensacional promesa forme parte del once titular. Pero eso dependerá del seleccionador.

“En casa o a domicilio, siempre luchamos para llevarnos los tres puntos”, concluye García con la claridad propia de la juventud, poco antes de marcharse a hacer la siesta previa al entrenamiento. “Sea donde sea, en casa o a domicilio, hay que salir del partido con los tres puntos”.