La edición de EEUU 1994 terminó igual que había empezado: con un error caprichoso.

El 17 de julio, exactamente un mes después del cómico fallo de Diana Ross en la ceremonia inaugural, Roberto Baggio se dispuso a ejecutar un lanzamiento desde los once metros. Sabía que si no introducía el balón entre los tres palos Italia perdería el encuentro y Brasil se proclamaría campeón. Los aficionados al fútbol de todo el planeta recordarán lo que ocurrió luego, en una acción que esta vez no tendría nada de divertido.

“Es una herida que nunca se cierra”, ha venido diciendo Baggio desde entonces acerca de aquel famoso disparo. “Soñaba con jugar la final de un Mundial desde niño, pero nunca había pensado que podía terminar así. A día de hoy, todavía no he asumido de verdad que ocurriese. Sigue persiguiéndome”.

Perder un Mundial en los penales es ya de por sí cruel, en cualquier contexto, pero resultó doblemente duro para Baggio, un jugador sin el cual Italia nunca habría tenido ninguna posibilidad. Il Divin Codino (“la Coleta Divina”) posiblemente fuese el mejor futbolista del torneo antes de aquella aciaga final, autor de goles decisivos frente a Nigeria y España, para luego certificar la presencia de los Azzurri en el Rose Bowl firmando un doblete que dio la victoria a su equipo ante Bulgaria.

Pero después de tener la pólvora mojada en un choque por el título tenso y sin dominador claro, Baggio —casi siempre tranquilo en las penas máximas— cometió un error funesto en la tanda de penales que siguió al empate con el que concluyó el partido. “Cuando me dirigí a lanzar estaba bastante lúcido”, recordaría posteriormente en su autobiografía, Una porta nel cielo (“Una portería en el cielo”). “Sabía que él [Cláudio Taffarel] siempre se estiraba, así que decidí lanzar por el centro, a media altura, para que no pudiese interceptar el balón con los pies. Fue una decisión inteligente, porque Taffarel se lanzó a su izquierda, y nunca hubiera detenido el tiro que yo tenía previsto. Pero, por desgracia, y no sé cómo, el balón se marchó tres metros más alto, por encima del larguero”.

Así, una campaña que había sido espléndida quedó marcada por un breve tropiezo, que costaría muy caro. “Sentí que me moría por dentro”, dijo Baggio, refiriéndose a los segundos que siguieron. “También pensé en cómo estarían reaccionando mis compatriotas”.

“Me afectó durante años”, añadió. “Todavía sigo soñando con ello. Y si pudiese borrar un momento de mi carrera, sería ese”.

¿Sabías que…?
En la sección dedicada a EEUU 1994 del Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, en Zúrich, se exhiben una entrada de la final de Pasadena y una camiseta que vistió el guardameta al que se enfrentó Baggio en la tanda de penales, Cláudio Taffarel.