Hoy en día, las Copas Mundiales de la FIFA™ no sólo se recuerdan y celebran por lo que acontece sobre los terrenos de juego. A lo largo de los años, la fiesta que se organiza en las ciudades y en las calles del país anfitrión ha cobrado casi idéntica relevancia, como sucedió en el caso que nos ocupa: el del Mundial de Corea/Japón 2002.

Para muchos, la imagen que define aquel Mundial sería la de un Ronaldo revitalizado y redimido, en plena celebración de sus goles durante el triunfo de Brasil en la final. Muchos otros, sin embargo, identificarán por siempre aquella edición con la imagen sin precedentes captada en la fotografía de arriba.

El crecimiento subsiguiente y la enorme popularidad de las Fan Fests de la FIFA brotaron sin lugar a dudas del ejemplo que proporcionó aquel año el colorido ejército de seguidores de la República de Corea. En el interior del estadio, los Diablos Rojos ofrecieron un auténtico espectáculo, con sus pancartas gigantes, tambores, sonidos y cánticos orquestados, que engalanaron sus partidos con el ambiente más electrizante que ninguna competición haya visto jamás.

No obstante, fue en las calles donde los aficionados, ataviados con sus camisetas rojas, se congregaron en masa para ver los partidos en pantallas gigantes al aire libre y donde impresionaron al mundo entero. La magnitud de estas reuniones multitudinarias resultó absolutamente impactante. Un total de más de 22 millones de coreanos se concentraron en torno a 2.000 pantallas gigantes para seguir los encuentros en el transcurso de la inolvidable trayectoria de su selección hasta semifinales.

En un solo partido, la derrota contra Alemania en semifinales, siete millones de personas abarrotaron las calles de la nación en una demostración extraordinaria de apoyo y unidad. Si bien no bastó para espolear a los Guerreros Taeguk hasta la victoria, los fuegos artificiales que iluminaron el cielo de Seúl una vez finalizado el encuentro dejaron claro el enorme orgullo de aquel equipo y de sus aficionados.