- Todavía es muy popular. Podría creerse que la gente lo haya olvidado, pero no es así para nada.

Peter Hoffmann es vocero del Haus der Geschichte de Bonn, el museo que cuenta la historia de la República Federal de Alemania desde 1945. Todos los años, miles de personas visitan allí los restos originales del Muro de Berlín o el lujoso Mercedes Benz W186 que usaba el ex canciller Konrad Adenauer. Pero el imán todavía vigente del que Hoffmann habla con FIFA.com es un simple papelito, el más famoso de la historia de la Copa Mundial de la FIFA™: el papelito de Jens Lehmann.

El papelito de Jens Lehman dispara la memoria de cualquier futbolero hacia el estadio Olímpico de Berlín el 30 de junio de 2006. Alemania – Argentina, cuartos de final, definición por penales después de que las tribunas parecieran un funeral tras el 1-0 argentino -testazo de Roberto Ayala- y revivieran con el electroshock de cabeza de Miroslav Klose a 10 del final. El martirio de los doce pasos definía quién seguiría vivo. Y el papelito que Lehmann miraba antes de cada penal argentino fue el icono del triunfo por 4-2, que encendió la locura de los alemanes en su Mundial y los reconcilió con la exteriorización del sentimiento patrio después de décadas de ocultamiento.

“Para nosotros es un símbolo de cómo el país y especialmente los más jóvenes celebraron en las calles, mostrando sus banderas en un ambiente de excitación futbolera durante el Mundial”, cuenta Hoffmann. El papel tuvo trato de héroe: lo recuperó el diario Bild, se subastó en un famoso programa de caridad de televisión llamado Ein Herz für Kinder (Un corazón para los chicos) y lo compró en un millón de euros Utz Claassen, CEO del gigante energético alemán EnBW. El empresario lo donó en 2007 al museo, que lo expone en una vitrina de su centro de información.

Después del partido, el preparador de arqueros de la Mannschaft, Andreas Kopke, se golpeó el pecho: “Todo fue tal como lo esperaba, no dejamos nada librado al azar”. Había sacado información de una base de datos del entrenador holandés Huub Stevens con 13.000 penales pateados y la había compartido con Lehmann en ese papel arrancado de un bloc de notas del Schlosshotel de Berlín.

“No tenía nada escrito ese papelito”, intentó desmitificar en FIFA.com Juan Román Riquelme, que no pateó por haber sido cambiado a los 72 minutos. “Era todo cuestión de demorar un poco más, de hacer que nuestros pateadores pensaran que él sabía dónde iban a patear. Fue muy vivo”.

Estudio y juegos mentales
Lehmann se defiende: “Anoté los nombres de los jugadores argentinos el mismo día, a la mañana. Jugábamos a la tarde y los escribí a la mañana”. Sí acepta que el papel “estaba bastante ilegible”. Klose dice no haber visto nunca el contenido del papel. Tampoco fue al museo para darle un vistazo, pero no duda de su importancia: “Era típico de Jens mirar videos de penales, analizar cómo estaban posicionados los pies de los pateadores cuando ejecutaban y dónde pateaban en partidos importantes”.

Curiosamente, de los siete nombres garabateados en lápiz -Riquelme, Crespo, Heinze, Ayala, Messi, Aimar y Maxi Rodríguez-, sólo ejecutaron dos. Jens hizo exactamente lo que decía el apunte y atajó el de Ayala. Repitió consejo en el de Maxi, pero el volante le pegó demasiado bien. Gol.

El cuarto penal argentino es el que mezcla una pizca de cada versión. La serie estaba 4-2 y, si Argentina erraba, Alemania sería semifinalista. “Cambiasso no estaba en la lista”, recuerda Lehmann. Sí estaba en su memoria estimulada a fuerza de videos: “Había jugado para Inter contra Villarreal por la Champions League. No sabía cómo pateaba penales, pero al ver ese partido empecé a darme cuenta cuáles eran las esquinas y los palos donde Cambiasso se sentía más cómodo”.

Sönke Wortmann, un director de cine alemán, le da algo de entidad a la teoría riquelmeana del terror psicológico. Filmaba Alemania, un cuento de verano, documental basado en el equipo de Klinsmann, y fue testigo del acting intimidador. “Lehmann no podía encontrar nada en sus notas que le indicara hacia dónde podía patear Cambiasso. Sin embargo, el ‘trozo de papel’ incidió porque Lehmann se tomó su tiempo, mirándolo fijo y meneando la cabeza, como si supiera lo que tenía que hacer”.

Desde 2000, Alemania llevaba 10 derrotas y 6 empates en sus enfrentamientos contra las potencias del fútbol mundial. “Tenemos una historia muy favorable en penales, podemos clasificarnos sin ganar”, había dicho Oliver Kahn antes del partido. Lehmann jugó con el papelito, contaminó la mente de Cambiasso y atajó el penal. Alemania festejó sin complejos ser Alemania después de 60 años. Razón suficiente para que, como dice Hoffmann, en un “museo que no es de fútbol, pero sí de la historia de la República Federal de Alemania”, exponer ese pedazo de papel sea “especialmente interesante”.