Él también hizo historia mundialista. Fue el primer, y hasta ahora único, árbitro que dirigió en el partido inaugural y en la final de una Copa Mundial de la FIFA™. En el 10º aniversario de Alemania 2006, el argentino Horacio Elizondo comparte sus recuerdos de aquella competición marcada a fuego por una acción: la expulsión del francés Zinedine Zidane en la definición ante Italia.

“Cuando sos chico soñás con algo que te gustaría, pero después la vida te va mostrando otros caminos”, arranca el ex árbitro, quien a los 15 años descartó convertirse en jugador profesional. “Me di cuenta que había muchos jugadores como yo e iba a ser muy difícil llegar a la primera división”. Se dedicó al atletismo y su amor por todos los deportes lo llevó a recibirse de profesor de educación física.

El arbitraje le permitió cumplir esos anhelos de niño, desde otro lugar. “Llegué a cumplir el objetivo transformado, no en un jugador o en un atleta olímpico, sino en un árbitro, tanto en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 como en el Mundial de Alemania 2006”.

La preparación
El camino fue largo y exigió esfuerzo. Hasta llegar a Berlín, habían pasado 10 años desde su debut en un duelo de selecciones. Y la frustración de quedar fuera de Corea/Japón 2002.

Para la gran cita alemana hubo un largo periodo de preparación. “No fueron un mes, 35 ó 40 días. Fueron 3 años que uno tenía ese objetivo de prepararse de la mejor manera posible para llegar a ese Mundial y estar a la altura. No tan solo te hablo por mí, sino por mi equipo de arbitraje. Justamente en ese mundial se empezó a llamarles equipos abritrales. Se empezó a configurar y a ver el arbitraje desde otro lugar. E ir construyendo algo esencial e importante, un valor primordial en el trabajo en equipo como es la confianza”, señala el argentino que hoy tiene 52 años.

Esa exigente puesta a punto le permitió llegar a Alemania en plenas condiciones y un objetivo inequívoco. “La intención no era preparar a un árbitro para dirigir un partido del Mundial, dos o tres, o medio partido; sino prepararnos para dirigir la final”.

Junto con sus asistentes Rodolfo Otero y Darío García, fue designado para el partido inaugural entre Alemania y Costa Rica en Múnich. “Fue una felicidad muy grande y a la vez una gran responsabilidad, porque había que mostrarle al mundo cómo se iban a aplicar e interpretar las reglas de juego”, explica.

A la terna argentina le tocaría dirigir cinco encuentros en Alemania 2006. Cada uno con una exigencia diferente. “El segundo partido fue el más difícil: República Checa-Ghana. Dos equipos muy físicos, de mucho roce, de mucha falta y, a la vez, muy rápido el juego y el andar de los jugadores”, repasa. “Después Suiza-Corea, que también se jugaban la clasificación de grupos. Saltamos ya a cuartos de final, donde algún error puede ser definitorio porque no hay capacidad de revancha: Inglaterra-Portugal, que se definió por penales. Y luego vino la final”.

La final

El destino le guardaba una sorpresa para el partido más importante. “Las finales suelen ser más tranquilas, los equipos se cuidan de no cometer errores. Pero ésta fue una final distinta”, rememora. “Antes de los 5 minutos ya estaba pitando un penal a favor de Francia. Después hubo un gol anulado a Italia también, por parte de Darío García. Viene el empate y luego la famosa acción entre Zidane y Materazzi”.

Elizondo nos explica, desde su privilegiado punto de vista, cómo fue la jugada que puso punto y final a la carrera del francés. “A mí me tomó muy lejos de la acción. Detengo el juego y voy hacia el lugar donde estaba el jugador italiano. Pregunto por los intercomunicadores a mis asistentes si habían visto algo. Ambos me dicen que no”, arranca el ex árbitro.

“Y ahí aparece Luis Medina Cantalejo, que fue el cuarto árbitro, que me dice ‘terrible cabezazo del 10 de los blancos a…’, no me acuerdo qué número tenía Materazzi”, continúa.

El relato de Elizondo desentraña un momento inolvidable que marcó la historia de aquella Copa Mundial de la FIFA: “Medina Cantalejo me dijo ‘cuando lo veas, no lo vas a poder creer’. Ahí pensé: ‘Ah, no, acá pasó algo terrible’. Y esa construcción de esos tres años de trabajo, de la confianza, del trabajo en equipo, era creer en lo que me estaba diciendo Luis en ese momento. Dije ‘bueno, ya está, con eso Zidane se va afuera’”.

El reencuentro
Un año después Zidane y Horacio volvieron a encontrarse. “Fue en Murcia, el sur de España, en el lanzamiento de un nuevo producto de adidas. Nos preguntaron a ambos si teníamos algún problema de compartir un evento. Los dos dijimos que no”, apunta el argentino. “Compartimos el mismo hotel, nos encontramos en el lobby varias veces. Hemos desayunado. Él con su familia, yo con la mía, nos hemos saludado todos. En ningún momento, y eso habla del don de persona de Zinedine Zidane, hablamos de ese partido, de esa final, de lo que había pasado”.

Su histórica participación en Alemania 2006 le brindó, después, situaciones y oportunidades increíbles: “Fue muy llamativo llegar a la Argentina y ver la cantidad de periodistas que había esperándome. Parecía el regreso triunfal del hijo pródigo. Se dieron un montón de cosas muy fuertes en un corto tiempo para las cuales yo no estaba preparado. Todo me avergonzaba: salir a un campo de juego y que te aplaudieran las dos hinchadas, firmar autógrafos, que me llamara el presidente de la Nación…”.

A finales de aquel 2006, Elizondo se retiró del arbitraje. En la Bombonera, en un Boca-Lanús en el que los locales necesitaban ganar para salir campeones. Y perdieron. La despedida del árbitro fue… inesperada.

“Era más parecido a la configuración de un jugador que a un árbitro de fútbol. No estaba preparado. Para llegar desde ese lugar más romántico, más positivo. Estaba más preparado para llegar por el lado negativo, quizás más traumático, más polémico. Así que también ese fue un ingrediente y un aprendizaje nuevo, y un gran mimo para mi corazón”, concluye.