- ¡Qué locura, qué tonto!

Enzo Francescoli estaba mirando la final de la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006™ para ver ganar a Zinedine Zidane. Sentado en el sofá de su casa de Miami junto a sus hijos Bruno y Marco, sólo quería ver levantar la copa al que creía "Maradona del 86 de Francia". Pero cuando la tele le mostró a Zizou haciendo una del Mortal Kombat y a Materazzi volando de espaldas, el exabrupto le salió de adentro.

“Fue fuerte. Él tenía esas cosas, esos dos minutos…”, observa Francescoli para FIFA.com. “Me dio mucha pena por él. Creo que si no hubiera tenido esos dos segundos de locura hubiese quedado mucho más marcado en la historia. Ya quedó marcado en la historia del fútbol pero hubiese quedado mucho más porque Francia hubiera sido campeón del mundo y, para él, era el cierre más espectacular de un jugador jamás pensado”.

Que estuviese viendo un Italia-Francia que, según él, si se jugara hoy le “daría lo mismo”, tenía una razón más allá de la magia del 10 francés. “En ese momento ya lo había visto muchas veces, había ido a conocer a Enzo… Teníamos un trato de amistad con él debido a todo esto”.

Todo esto es la relación que había entre ambos. Empezó en 1989, aunque Francescoli se enteró recién en 1996. Juventus y River Plate iban a jugar la Copa Intercontinental y Zidane reveló públicamente que el 9 rival era su ídolo desde que jugaba en el Olympique de Marsella, que su hijo mayor se llamaba Enzo en honor a él.

“Que un tipo así, que ya era un monstruo, te diga que te iba a ver todas las tardes y que hacías esto y decías aquello… Fue muy movilizante para mí”, dice Enzo. El Zizou estrella mundial dormía en las concentraciones con la camiseta que le había regalado el Príncipe de River. “Su señora decía que a veces dormía con la camiseta en su propia casa”, cuenta Enzo, entre incrédulo y orgulloso. “Y…  locura de jugadores”.

El cabezazo del ídolo
Zidane lo veía como a un Dios, algo que al uruguayo le da “un poco de pudor”. El francés llegó a confesar: “Estaba tan obsesionado con él que miraba todas sus acciones y gestos. Hice todo para jugar como él”. Lo copió –y lo superó- en muchas cosas, hasta en las menos buenas. Esos dos segundos de ceguera de la final de Alemania 2006, por ejemplo.

“¡Todos tenemos un momento de locura en la vida!”, acepta Francescoli. “Yo en la final de la Copa América 87 pegué un cabezazo contra Chile y el brasileño Arppi Filho me echó bien. (Fernando) Astengo me había tirado una patada que me había roto el músculo un rato antes. Yo estaba medio chivo por eso. Después Astengo ni siquiera me pegó a mí, le pegó a Alzamendi. Pero se me paró con la cara acá (hace gesto de pegado a su cara) y le tiré el cabezazo. Encima no lo pegué, pero él se tiró. Me quería matar. Me hubiese gustado que me pasara en un partido cualquiera, no en una final. Si te pasa esa expulsión en un partido normal, bueno, pero cuando pasa en partidos así…”.

Cuando vio a Zidane hacer lo mismo en el Olímpico de Berlín se quedó mal. Estaba seguro que Francia hubiese sido campeona del mundo si no hubiese sido por ese frentazo.

“Es cierto que después perdió por un penal. A veces esas cosas pasan con Zidane o sin él en la cancha, pero creo que marcaba una diferencia para Francia que era como la de Maradona en el 86. Esas cosas se sienten y las siente un equipo. Esa ida de Zizou, si bien no marcó demasiado el partido porque estaba en el final del alargue, marca mucho la cabeza de todos. Y verlo salir… me pegó un poco”.

La tristeza se agudizó porque lo veía bien, como en el penal que puso 1-0 a Francia a poco de comenzar la final. “Cuando la picó no me sorprendió. Se conocían de muchos años con Buffon y algo diferente iba a buscar. De hecho la picó un poco de más, pero tuvo la suerte que no tuvo después”.