El Museo del Fútbol Mundial de la FIFA en Zúrich celebra a los héroes y personajes más famosos de la Copa Mundial de la FIFA™. En la Galería de la Copa Mundial, cada edición posee su espacio de exposición propio, que contiene una selección de objetos excepcionales que contribuyen a narrar la historia de la competición de un deporte único más popular del mundo.

Nos detenemos en la exposición de la Copa Mundial de 2006 en la que destacan tres nombres con un brillo especial: Gianluigi Buffon, Andrea Pirlo y Marcello Lippi.

El muro
Buffon es veterano de cuatro Copas Mundiales de la FIFA: 2002, 2006, 2010 y 2014. Fue convocado también para la edición de 1998, donde no llegó a jugar. En la fase final disputada en Alemania dejó una huella imborrable. La camiseta de color rojo intenso que lució el arquero en aquella campaña triunfal de 2006 ocupa un lugar de honor en el museo.

En un estado de forma impecable, Buffon cedió un único gol en jugada durante el Mundial de 2006: un tanto en propia meta de Cristian Zaccardo en el partido del Grupo E contra Estados Unidos.

Y dejó varios momentos deslumbrantes, como la parada que efectuó en la gran final para abortar un cabezazo a puerta de Zinedine Zidane con el marcador igualado. El creador de juego de Francia lo había superado poco antes desde el punto de castigo con un balón picado. Ese fue el otro gol que Buffon encajó, si se excluyen las tandas de penal, en el transcurso de la competición.

Buffon se proclamó mejor guardameta del torneo por sus imponentes intervenciones y sus impresionantes estadísticas.

El mago
Un par de botas que Andrea Pirlo calzó a lo largo de la Copa Mundial de 2006 es el mejor recuerdo de su maestría sobre el campo. Pirlo ofreció una competición inolvidable, en la que se proclamó tercer mejor jugador de Alemania 2006, por detrás de Fabio Cannavaro y Zidane.

A sus 27 años, con sus pases medidos y sus jugadas de metrónomo, se convirtió en la principal amenaza en ataque de Italia en aquella fase final. Pirlo marcó el primer tanto de su selección, con un cañonazo lejano contra Ghana, en el primer encuentro del equipo en el torneo y, sus magníficos pases dieron lugar a otros cuatro goles. El mediocampista ganó tres premios de mejor jugador del partido, incluido el de la gran final.

Una de sus aportaciones más importantes fue la asistencia que brindó a Fabio Grosso en el minuto 119 de la semifinal contra Alemania. El mediocampista se hizo con un balón suelto procedente de un saque de esquina (producto de su propio disparo envenenado) y tuvo tiempo para dar cinco toques a pesar de que cuatro defensas le salieron al paso. Pirlo esperó pacientemente, después siguió esperando un poco más y aguantó el centro hasta que encontró el momento perfecto.

Su pase partió en dos las filas alemanas y llegó con precisión milimétrica a los pies de Grosso, desmarcado en el interior del área. El lateral, al primer toque, lanzó a puerta un balón de rosca que se coló por toda la escuadra y, a partir de ahí, ya sólo le quedó festejarlo por todo lo alto, muy al estilo de las celebraciones de Marco Tardelli en 1982.

Un gol precioso que salió de la bota derecha de Andrea Pirlo, una de las que actualmente se exponen en Zúrich.

El maestro
El mundo entero sigue atentamente el Mundial, pero nadie ve el torneo  como los entrenadores. Las gafas de Marcello Lippi, que ocupan un lugar de honor en el museo, nos cuentan una historia muy curiosa.

Diez años antes, Lippi dirigió al Juventus hasta la final de la Liga de Campeones de la UEFA 1995/96, donde se midió con el Ajax. Muy pronto, el equipo de Lippi se puso por delante en el marcador, pero el conjunto holandés empató y forzó la prórroga, y luego la tanda de penales que el Juventus ganó por 4-2.

En el caos de las celebraciones, Lippi perdió las gafas. Las encontraría después entre las briznas del césped, hechas añicos.

En 2006, fue más precavido. Tras haber guiado a su país a su primer título del mundo en 24 años, Lippi mantuvo la sangre fría. Mientras recibía las efusivas felicitaciones de los suyos tras el penal de Grosso, se quitó las gafas y las dejó con cuidado en el banquillo de los suplentes. Había aprendió de experiencias pasadas e ideó una estrategia para asegurarse de no repetir sus errores. Esas gafas  se pueden contemplar en la vitrina del museo.