Hace unos años, Suecia habría afrontado su desplazamiento a Luxemburgo con mucha calma, casi con la seguridad de llevarse los tres puntos. Pero el próximo 7 de octubre, cuando los escandinavos visiten el Gran Ducado con motivo de la segunda jornada de la fase de clasificación europea para la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™, ya saben que no llegarán a un territorio fácil.

“Es como la noche y el día”, confirma a FIFA.com el capitán luxemburgués Aurélien Joachim al hablar de los progresos de su selección, que, en los últimos años, entre otras cosas, ha conseguido imponerse en Suiza o plantar cara a Italia. “En Europa, todos deben desconfiar a partir de ahora de los países pequeños, porque todo el mundo progresa. Nosotros también”.

Dichos progresos son visibles no solamente en el marcador al final de los partidos, sino también en los 90 minutos de juego, en los que los luxemburgueses, tradicionalmente, sólo pensaban en evitar un correctivo demasiado severo. Una táctica cuando menos frustrante para un delantero…

“Antes jugábamos con 11 atrás y, si pasaba tres veces del mediocampo en un partido, ya estaba bien”, recuerda con amargura el nuevo jugador del Lierse SK, en la segunda división belga. “Había partidos en los que no disparaba ninguna vez a portería. Hoy intentamos progresar, y jugar yéndonos hacia delante. Yo toco más balones, disparo más a puerta”.

Una nacionalidad que asumir
Ha marcado 10 goles desde 2011 con la selección, tras una sequía goleadora en sus seis primeros años internacionales. No se trata de una simple coincidencia. Antes de hacerse profesional en 2012, ya hacía temblar las redes en las divisiones inferiores belgas y alemanas, y siguió brillando como aficionado en los dos grandes clubes luxemburgueses, Differdange y Dudelange.

El Willem II holandés fue el primero en darle su oportunidad profesional. “El paso fue muy complicado”, admite el delantero, que luego recaló en el RKC Waalwijk, el CSKA de Sofía y el Burton Albion, en la tercera división inglesa. “Hace falta un gran periodo de adaptación. Yo jugaba en la liga luxemburguesa y, de golpe, me encontraba en la Eredivisie… Los primeros meses fueron difíciles, sobre todo físicamente, en cuanto a la carga de entrenamiento y el ritmo de partidos”.

Aun así, mantuvo el tipo en las primeras temporadas, pero sus minutos de juego y su eficacia se resintieron en sus pasos por Bulgaria e Inglaterra. A los problemas físicos y de adaptación se le sumó otro obstáculo difícil de superar: los prejuicios por su carné de identidad.

“La mentalidad de ciertas personas es penalizadora. Se piensan que un delantero de Luxemburgo es forzosamente un jugador mediocre que no está hecho para un gran club y, a la fuerza, debe comenzar en el banquillo”, lamenta Joachim, quien también sufrió los disgustos de los salarios atrasados, incluso impagados.

Sin embargo, no añora el fútbol aficionado, cuando debía ganarse la vida como socorrista al tiempo que jugaba. “Es también por eso por lo que, ni siquiera en las situaciones difíciles, he bajado nunca los brazos y he seguido trabajando. Sabía que, un día u otro, eso cambiaría”.

Progresión y ambición
Ese día llegó cuando tomó la decisión de regresar a Bélgica para remontar el vuelo en el RWS Bruselas, y luego en el Lierse. “En los 17 últimos partidos, he marcado 16 goles”, apunta con orgullo, olvidándose incluso de los dos que marcó con su selección a Bulgaria, en un partido perdido por 4-3 en los últimos instantes. “Teníamos el partido en nuestras manos, y lo dejamos escapar en el último segundo”, se lamenta el jugador que también tiene pasaporte belga.

“Para nosotros, nunca hay un partido fácil”, continúa. “Por tanto, tenemos que estar siempre al 100% para obtener un buen resultado. Así es el alto nivel… Los errores se pagan enseguida. Los jóvenes deben aprenderlo todavía: el partido se acaba cuando el árbitro pita el final. Ahí pensamos tal vez demasiado pronto que habíamos conseguido un resultado magnífico porque metimos tres goles y quedaban uno o dos minutos por jugarse. Debemos recordar la lección”.

En un grupo que incluye a Bulgaria, Francia, Suecia, Países Bajos y Bielorrusia, efectivamente, habrá que evitar los errores para crecer, sacando provecho al mismo tiempo de la experiencia que aportan semejantes enfrentamientos.

“Esos choques contra grandes selecciones son magníficos para jugarlos y así es como se aprende, viendo el trabajo que hay que hacer todavía para progresar”, considera Joachim, quien, definitivamente, ha dejado tras de sí la época en la que Luxemburgo sólo luchaba por no acabar último.

“Se aprecia que, en los últimos años, está habiendo una progresión. Pero ahora, lo que importa es materializar esa progresión sumando puntos”, concluye.