De entre los grandes nombres del fútbol brasileño, el de Carlos Alberto Parreira ocupa, sin duda, un lugar especial; de hecho es una de las personas más facultadas para hablar con perspectiva de la historia de este deporte en Brasil. Comenzó su carrera como preparador físico de la mítica Seleção de 1970 que logró la tercera corona mundial; en 1994, fue seleccionador de un combinado que llevó a Brasil a lo más alto de este deporte, y, por si esto fuera poco, 20 años después, fue el coordinador técnico de la selección anfitriona de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™. Hoy, Parreira colabora con el GET, un grupo de estudio técnico del fútbol creado por la FIFA.

El Museo del Fútbol Mundial de la FIFA dialogó con el entrenador en el marco de "Retrospectiva Brasil 2014", la primera exposición temporal que se inaugurará el 21 de febrero en Zúrich. Pese al duro revés que sufrió la Seleção contra Alemania en la semifinal del Mundial de 2014, Parreira guarda buenos recuerdos de esa fiesta del fútbol que fue la Copa Mundial en Brasil y se muestra optimista sobre el futuro del balompié brasileño y su capacidad de crecer fiel a su esencia.

"Más que una cultura, en Brasil el fútbol es una religión. Hay momentos en los que puede parecer que ya no creemos en él, pero en realidad, jamás perdemos la fe", afirma. "Por sus conquistas, su puesta en escena, su estilo, su belleza y la calidad artística que le caracteriza, el fútbol brasileño es realmente una pieza de museo".

Sr Parreira, volvamos la vista a la Copa del Mundo de la FIFA de Brasil en 2014. Se puede afirmar que la competición fue un éxito rotundo, ¿cuáles son los recuerdos más positivos?
En un comienzo, se percibían ciertas dudas en torno a la capacidad de Brasil para organizar un Mundial. Sin embargo, al final lo logramos y la inmensa mayoría de los comentarios fueron positivos porque fue bonito y estuvo muy bien organizado. Sabemos que no somos un "país desarrollado", por así decirlo. Aquí tenemos que hacer frente a algunas dificultades que jamás encontraríamos en Francia o Alemania. Por otro lado, hay otros aspectos que juegan a nuestro favor: la gente, la belleza natural, la comida... No hay que olvidar, que Brasil hizo un gran esfuerzo para lograr que el Mundial fuera un acontecimiento inolvidable. Finalmente, todo salió a pedir de boca y los hinchas que nos visitaron se llevaron muy buenos recuerdos.

Centrándonos en el fútbol, obviamente la Seleção no tuvo el desenlace que se imaginaba. Sin embargo, vimos partidos espectaculares y la conexión con el público fue muy buena.
Es cierto que el nivel técnico fue muy alto. Alemania tenía un equipo muy bien organizado y con mucha experiencia, merecía ganar. Los estadios se llenaron, algo con lo que yo al principio no contaba, para ser sincero. El brasileño acostumbra a ser muy selectivo y apegado a unos equipos. Temía que, en partidos de selecciones de menor tradición, pudiéramos acabar con los estadios vacíos, pero eso no sucedió: todos los partidos estuvieron llenos hasta la bandera. Fue una gran fiesta maravillosa, para nosotros y para todos los que asistieron. Esta retrospectiva es importante justamente por eso, para preservar todos esos recuerdos. Para los aficionados, fueron unas semanas mágicas y gracias a la exposición tendrán la posibilidad de revivirlas.

Respecto al fútbol brasileño, no cabe duda de que es una pieza de museo...
Por supuesto, si hay un país sobre cuyo fútbol pueda realizarse esta afirmación, es sin duda Brasil, el único pentacampeón del mundo. Nuestro fútbol es el más famoso de todos por los numerosos jugadores de talento que ha producido a lo largo de toda su historia y por la calidad del fútbol que estos han desplegado. Tal vez en la actualidad estamos un poco por debajo de este nivel, pero es algo cíclico: ya sucedió en 1966 y 1990, y Brasil remontó.

¿Todavía se puede afirmar que el fútbol de Brasil es artístico?
Si pensamos en el Mundial de 1958, ganarlo fue algo mágico. No se trata de vivir de las rentas, pero esos recuerdos —los goles espectaculares, las bellísimas jugadas, estrellas como Garrincha y Pelé...— tienen todavía mucho peso en nuestra memoria. Aunque la Seleção de hoy es diferente, no se trata de comparar lo que éramos con lo que somos, no me gustan ese tipo de debates. En la Eurocopa que acaba de terminar, hemos visto muchos partidos intensos y muy reñidos. Sin embargo, transcurridos los 90 minutos, uno se pregunta dónde está el arte. Sin duda, son partidos de un altísimo nivel técnico, pero, en general, falta la gracia, la improvisación y la creatividad. Nosotros los brasileños tenemos nuestra forma de jugar. Nos gusta tener el balón en los pies un poco más y arriesgar en los regates, y no podemos perder esa esencia, aunque haya que adaptar algunos aspectos. Si tenemos en cuenta su palmarés, su puesta en escena, su estilo, su belleza y la calidad artística que le caracteriza, el fútbol brasileño realmente se ha ganado un lugar en un museo.

¿Cree usted en que ese talento podría volver a emerger?
En Brasil, tenemos una cantera inmensa de talentos. Somos el único país del mundo en el que se puede jugar al fútbol en todas partes los doce meses del año. Los niños comienzan a jugar a los cuatro o cinco años. Aunque cada vez se juega menos en la calle, los clubes y el fútbol federado ganan terreno día a día. Contamos con un elemento muy importante: gracias al elevadísimo número de jugadores, podemos seleccionar a lo mejor de lo mejor. Para estos Juegos Olímpicos, en el equipo brasileño hemos tenido el privilegio de contar con jugadores valorados en todo el mundo, como Gabigol (revelación del Santos), Gabriel Jesús (revelación del Palmeiras) o Luan (medio ofensivo del Grêmio); sin olvidar a Neymar, por supuesto. Tenemos aquí a cuatro inmensos talentos en el ataque. Es aquí donde vemos el carácter cíclico de nuestro fútbol. Si, además de Neymar, algunos de estos jugadores se afianzan, podremos conformar una poderosa línea de ataque para el próximo Mundial, y sobre todo de cara a 2022.

¿Sería posible seleccionar a los cinco futbolistas brasileños más importantes de todos los tiempos? ¿O la lista se queda demasiado corta?
Bueno, es complicado nombrar solo cinco, sería más fácil si pudieran ser diez (risas). A fin de cuentas, todos son importantes. La contribución de figuras como Pelé y Garrincha, es innegable, pero en aquella generación de bicampeones hay muchos más. Nilton Santos, por ejemplo, fue uno de los grandes. O Zagallo, que fue el primero en conseguir una Copa Mundial como jugador y como entrenador, esta última en 1970 con Tostão en sus filas. Rivelino, Carlos Alberto, Zico, Sócrates... son tantos... Y solo estaba citando a los más antiguos. Se podría también añadir a Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y otros tantos. Nuestro fútbol tiene esa tradición cultural. Más que una cultura, es una religión. Hay momentos en los que puede parecer que ya no creemos en él, pero en realidad, jamás perdemos la fe.