Hay muchos tipos de despedidas. Están las felices, las melancólicas, las amargas, las que nunca nadie recuerda y las que, como en el caso del guatemalteco Carlos Ruiz, quedan grabadas con letras de oro en el corazón de muchas personas. Y en los libros de historia.

Luego de 18 años vistiendo la camiseta nacional, muchos de ellos con el gafete de capitán en el brazo, el Pescadito le dijo adiós a la selección. Y marchó por la puerta grande: siendo el goleador histórico de las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA™ con 39 tantos, gracias a sus cinco anotaciones en el duelo ante San Vicente y las Granadinas, el pasado 6 de septiembre.

“El récord llegó en un partido difícil, donde teníamos que anotar 12 goles y esperar a que Trinidad y Tobago venciera a EEUU”, explica en una charla en exclusiva con FIFA.com. “Nuestra mente estaba puesta justamente en eso. Tras cada gol que anotábamos íbamos rápido por la pelota para comenzar de nuevo y buscar otro. No hubo tiempo para celebrar mucho cuando lo superé, aunque sí fui a abrazar al arquero Paulo César Motta, que estaba en la banca y con quien he compartido muchos años de selección”, agrega el delantero de 37 años, quien disputó cinco fases clasificatorias mundialistas.

“Ya después del partido, obviamente, la gente se me acercaba y me felicitaba. Ojalá y hubiese sido clasificando al hexagonal final, pero no se pudo. Recibí muchos mensajes de guatemaltecos y excompañeros apoyándome en mi nuevo rol en el fútbol. Ha sido una semana linda”, analiza, ya con la mente más fría, luego de superar los 35 goles que mantenían al iraní Alí Daei, como máximo goleador de las eliminatorias.

Un emotivo adiós
Nacido en 1979, Carlos Ruiz arrancó su carrera como profesional con tan sólo 16 años en el Municipal. Ya siendo seleccionado nacional, el delantero de 1.75 m de altura marcharía al LA Galaxy en 2002 para iniciar un largo periodo en el extranjero, con aventuras que lo llevaron de  Estados Unidos, a México, Canadá, Paraguay y Grecia. Finalmente, en 2014, con 35 años, volvería a casa, al club que lo vio nacer.

Mucha experiencia acumulada pero también mucho cansancio. Los años no pasan en vano. Las piernas ya no regateaban como antes, a los pulmones les costaba más aguantar todo el partido y los reflejos no eran los mismos. Pero Ruiz, con la barba un poco más gris, mantuvo hasta el último partido esa garra y entrega que lo caracterizó siempre que se puso la camisa chapín.

“Hay nostalgia porque fueron muchos años entregados a la selección de mi país; pero al mismo tiempo también hay alegría porque se cierra un círculo en mi carrera deportiva. Ya el tiempo dirá si lo que hice fue bueno, regular o malo. Lo que sí puedo decir es que me entregué en cuerpo y alma. Lastimosamente nunca gané nada a nivel de grupo, pero queda la satisfacción individual”, se sincera el 132 veces internacional.

Por un mejor futuro
Su futuro inmediato todavía está con los botines de juego a nivel de clubes, pero después lo tiene claro: por el momento no quiere el banquillo técnico, sino enfocar su conocimiento a la mejora del fútbol guatemalteco.

“Guatemala se ha quedado estancada. Voy a seguir jugando hasta que se den las elecciones en la Federación Guatemalteca y me voy a postular para ser presidente. Necesitamos que gente de fútbol llegue a ser dirigente para hacer una planificación integral. Requerimos que se tenga paciencia en los procesos de las diferentes selecciones. Queremos que muchos jóvenes logren convertirse en profesionales”, opina el experimentado artillero.

Y es que Carlos Ruiz no olvida. No se le borra de la cabeza que cuando era un niño,  crecía en un lugar donde la tentación de la delincuencia era la salida fácil. Sin embargo, él tomó el camino con más piedras y se aferró a su pasión por el fútbol. Se esforzó al máximo y la vida se lo recompensó. Y eso sueña para los que hoy son niños.

El Pescadito quiere seguir siendo la inspiración para que muchos niños y adolescentes cambien armas, drogas o alcohol por una pelota de fútbol. “Cada futbolista tiene una historia diferente. Aunque hay varios que tenemos casi la misma: jugadores de barrio que nos criamos en campos de tierra y en contextos difíciles. Y todavía hay muchos ahí afuera que están buscando ser descubiertos”, reflexiona.

“Tenemos que llegar a esos sectores donde no hay posibilidades para ellos y la delincuencia se está incrementado. Y así vamos a poder darles una oportunidad de tener otra esperanza de vida”, finaliza el jugador que, si bien no volverá a la selección, seguirá jugando en el corazón, sueños e ilusiones de muchos jóvenes guatemaltecos.

Porque cuando el Pescadito dijo adiós, comenzó la leyenda. Y ahí estará para siempre su historia, la del eterno e incansable goleador de Guatemala.