• En 1986, Roberto Granados se perdió los octavos del Mundial por el nacimiento de su hijo
  • Ahora vivirá en primera persona la inauguración de Rusia 2018™
  • Fue seleccionado entre más de 13.000 solicitudes de más de 150 países

Todo parecía indicar que aquel día Roberto Granados iba a cumplir un sueño de toda la vida. Era 15 de junio de 1986, México estaba por enfrentar a Bulgaria en los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA y él tenía un boleto para ir a vivirlo en carne propia a la grada del Estadio Azteca.

Pero el destino le tenía preparado un desenlace muy distinto. “Para nosotros era un día muy especial: jugaba la selección mexicana, podía pasar a la siguiente ronda, me estaban festejando el día del padre... pero algo se empezó a oscurecer. Muy temprano, yo estaba esperando a que me cantaran 'Las Mañanitas', como se acostumbra en México, cuando mi esposa me dijo que no se sentía del todo bien y que algo le estaba sucediendo”.

“Empecé a sentir que la panza se me ponía durita. Y, como yo ya había tenido otro bebé, sabía que eran contracciones. Yo no quería aguar la fiesta, pero le tuve que avisar”, agrega su esposa Leticia.

Las horas se hicieron muy largas. Y en esa interminable espera, la cabeza de Don Roberto estaba en dos lugares: “Cuando sé que ya no voy a estar en el partido, cuando me dicen que ya no te puedes mover de aquí, la verdad me enojé. Primero no lo puedo creer. ‘¡No puedo creer que hoy, este sea mi regalo! ¡Es día del padre! ¡Déjenme ir al partido!’, decía. Pero no, la realidad es que tenía otro partido más importante, que era el nacimiento de mi hijo”.

“Para mí fue muy fuerte. Yo le quería decir: ‘¡Vete al partido!’. Le hacía señas, y él me hacía la seña que no. ‘¡Carajo, vete al partido! pero él insistía y me decía que se quedaba. Tenemos una seña muy nuestra y en ese momento él me hizo esa seña. Ahí entendí que no iba a ir al Estadio”, confiesa Leticia.

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Varias décadas después...
Por eso, 31 años después, cuando en la Copa FIFA Confederaciones Rusia 2017 se lanzó la campaña “Trae a alguien especial”, su hijo, también llamado Roberto, un completo apasionado del fútbol contagiado por su padre, pensó inmediatamente en él como un buen candidato para asistir a la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™.

“Desde ese día me he sentido con las ganas de retribuirle a mi padre un poquito de lo mucho que me ha dado. Y eso es poder llevarlo al Mundial para vivir esa pasión; vivirla con él sería lo máximo. Para mí ir al Mundial en Rusia es un sueño hecho realidad”.

Y, de entre más de 13.000 solicitudes de más de 150 países, la familia Granados fue la seleccionada. “La Copa Mundial de la FIFA no es solo una celebración del fútbol, sino también de la vida. Historias como esta, donde el fútbol ha formado la base de un increíble vínculo entre padre e hijo, son la esencia misma de nuestro deporte. Estamos muy contentos de recibir la pasión futbolística de Roberto y su padre en Rusia el año que viene”, afirma Jean-Francois Pathy, director de los servicios de marketing de la FIFA.

Familia, amigos, compañeros de una pasión incuantificable por la pelota que se ha ido forjando a lo largo de los años. Ahora están a un paso del final feliz que no pudo ser en 1986.

“Mi papá significa todo para mí. La persona y el fan que soy, es gracias a él. Él me ha enseñado todo, absolutamente todo. Es un ejemplo de amor, de familia, de valentía, de sensatez, de tranquilidad. Es mi ejemplo. Es mi máximo ejemplo. Yo digo que es mi héroe”, finaliza Roberto Granados hijo.