• El centrocampista australiano, en busca de su primer Mundial
  • Mejor jugador de la Copa Asiática de la AFC, tiene vínculos con la realeza
  • Luongo afirma que jugar un Mundial es su "objetivo primordial"

Hace cuatro años, Massimo Luongo era un perfecto desconocido. Apenas un puñado de aficionados al fútbol de Australia sabían quién era aquel brillante centrocampista que jugaba en el Swindon Town, de la tercera división inglesa.

Pero todo ha cambiado en este tiempo. De hecho, Luongo está a sólo dos partidos de algo que está “desesperado” por conseguir: el billete para la Copa Mundial de la FIFA™. Su rival será Honduras, una selección aguerrida que sueña con lograr un hito sin precedentes: participar en su tercer Mundial consecutivo.

Pese a que aún no había sido titular con el combinado absoluto, Luongo fue convocado para la Copa Mundial de Brasil 2014™, aunque no llegó a jugar. Sin embargo, su irrupción se produjo apenas unos meses después. El futbolista de Sidney marcó en el triunfo de Australia sobre la República de Corea en la final de la Copa Asiática de la AFC y, posteriormente, fue nombrado mejor jugador del torneo.

De sangre azul
La hazaña de Luongo, que acaparó todas las portadas, causó un revuelo inesperado en Indonesia, porque su abuelo fue el sultán de la isla de Sumbawa. De hecho, el centrocampista es uno de los nombres más populares en las redes sociales indonesias desde su gesta en la Copa Asiática.

Además, Luongo es, en muchos aspectos, un símbolo de la Australia multicultural del siglo XXI. Hijo de padre italiano —emigrante de la posguerra— y de madre indonesia —a quien debe su sangre azul—, Luongo nos cuenta con acento inglés su orgullo por vestir los colores verde y dorado.

No en vano, tiene la experiencia de vivir por primera vez un Mundial al alcance de su mano. Y, aunque ya sabe lo que es estar en el torneo, quiere más.

“[Jugar un Mundial] es mi objetivo primordial”, cuenta a FIFA.com desde la concentración de los suyos en Honduras. “Estar en Brasil fue impresionante, pero seguro que saltar a la cancha en un partido del Mundial sería una sensación distinta”.

“Estar en el banquillo ya fue algo increíble. Mi mayor deseo es jugar un Mundial”, añade, enfatizando sus palabras. “Como la última vez no lo pude vivir al máximo, esta vez estoy desesperado por lograrlo”.

En esta cancha preparan los Socceroos su partido en la capital hondureña

Repetir la historia
La repesca a doble partido arrancará este viernes con el choque de ida que se disputará en San Pedro Sula, y concluirá el próximo miércoles en Sidney. La vuelta se jugará 12 años menos un día después de que John Aloisi transformara el penal que devolvió a Australia a la prueba reina tras 32 años de sequía.

En su intento por viajar a Rusia 2018, Australia habrá jugado 22 partidos clasificatorios —igualando el récord histórico— en una campaña que los ha llevado a lo largo y ancho de Asia en múltiples ocasiones.

“El hecho de haber compartido todo este tiempo juntos nos ha unido mucho”, reconoce Luongo. “Hemos tenido nuestros altibajos, pero en líneas generales, pensamos que merecemos estar allí [teniendo en cuenta la trayectoria]. Sabemos que no será fácil, así que debemos aprovechar la oportunidad”.

Luongo recuerda con cariño la clasificación de los Socceroos para Alemania 2006, y afirma que aquello supuso un punto de inflexión tanto para él como para el fútbol de su país. “Me acuerdo de que en el colegio todos querían ser como John Aloisi y recreaban el penal. Fue histórico y creo que todos recuerdan dónde estaban en el momento en que nos clasificamos”.

“De pequeño no era un gran aficionado al fútbol, aunque sí lo practicaba. Hasta ese partido no me di cuenta de cuánto me gustaba. He vivido en primera persona el impacto que pueden causar los Socceroos en las generaciones más jóvenes, y eso hace que cumplir con nuestro deber sea aún más importante”.