Ahora que Islandia está a punto de disputar partidos decisivos, ahora que faltan pocas horas para que empiece a rodar de nuevo el balón, encontramos a su seleccionador en el bar. ¿Raro, preocupante? El caso es que Heimir Hallgrimsson no se va de bares por Reikiavik en busca de un buen trago para aplacar los nervios.

El técnico simplemente mantiene una curiosa tradición que ha reforzado los lazos entre su equipo y la afición, y que ha contribuido a que la capital de Islandia se convierta en el fortín de este grupo de matagigantes. Las sorprendentes visitas antes de los partidos, como el propio Hallgrimsson explica a FIFA.com, empezaron en 2011, cuando accedió al cargo de ayudante de Lars Lagerback en medio de una especie de apatía nacional.

“No había ningún tipo de apoyo ni entusiasmo por el equipo cuando Lars y yo accedimos al cargo”, recuerda. “Por eso, desde muy pronto, empecé a ir a la peña de aficionados (el club Tolfan, tan visible y audible durante la EURO 2016). Les dije que, antes de cada partido en casa, me pasaría por el bar que tienen en la peña y les informaría de lo que íbamos a hacer. Les comuniqué que ellos serían los primeros en conocer la alineación, en enterarse de cómo pensábamos jugar, y que les enseñaría el vídeo que había montado para motivar a mis hombres exactamente al mismo tiempo que lo veían los jugadores”.

“Siempre he pensado que alguien que viene a todos los partidos y canta, grita y apoya al equipo merece una recompensa especial. Era nuestra forma de demostrar respeto y agradecimiento a los aficionados más acérrimos de la selección. De esta forma, irían a los partidos sintiéndose parte absolutamente de todo y sabiendo más que los demás espectadores. Cuando empecé a ir al bar, no había mucha gente, pero ahora acuden cientos de seguidores. En mi opinión, esta costumbre contribuyó decisivamente a cambiar la cultura en los estadios. Ahora el respaldo y el ambiente que disfrutamos durante los partidos son fantásticos”.

“Sé que en otros países puede parecer una tontería que el seleccionador vaya al bar a hacer este tipo de cosas antes de los encuentros más importantes. Pero se trata de una costumbre que nos diferencia de los demás. Esta proximidad nos hace especiales y no queremos perderla”.

Y los resultados demuestran que vale la pena perpetuar esta tradición. Aunque el modesto estadio Laugardalsvollur de Reikiavik no presente un aspecto intimidante, se ha convertido en un fortín, donde Islandia lleva una racha de imbatibilidad de 11 partidos oficiales, con victorias incluidas sobre Croacia, Países Bajos y Turquía (dos veces). No obstante, una vez ascendido de segundo entrenador a coseleccionador nacional y, por último, a único seleccionador, lo lógico sería pensar que Hallgrimsson abandonase su costumbre.

“Cuando Lars se marchó, me planteé si debería continuar. Pero repetí las visitas antes de los partidos en casa contra Finlandia y Turquía (ambos saldados con victoria) y me dije: ‘¿Por qué dejarlo?’. Ir al bar con los aficionados y luego reunirme con el equipo en el estadio forma parte de mi rutina prepartido. Y me gusta. Me siento muy bien. No interfiere para nada en el trabajo con el equipo, y creo que los aficionados lo aprecian y lo agradecen de verdad”.

Del banquillo a la silla de dentista
Al técnico no le importan las risas ni bromas que su costumbre pueda suscitar. “Hacer las cosas de forma diferente” se ha convertido en una especie de mantra, y lo mismo puede decirse de su empleo de dentista a jornada parcial, que mantuvo como ayudante de Lagerback y como coseleccionador.

“Incluso ahora que ejerzo de seleccionador en solitario y a jornada completa, cuando regreso a casa hago de dentista algunas veces. A algunos entrenadores les gusta jugar al golf en sus ratos libres, otros se dedican a pescar... Y yo me voy a mi consulta de dentista. Me distrae del fútbol durante un tiempo y puedo ver a mis pacientes y colegas, gente a la que echo de menos”.

También Lagerback forma parte de este grupo de allegados. El veterano entrenador sueco se convirtió en gran amigo y valioso mentor durante los cinco años que pasaron juntos. “Soy de esas personas a las que les gusta aprender, y no creo que haya mejor maestro que Lars. Y sí, lo añoro mucho, porque, primero y principal, es un buen amigo. Pero también me encantaba que, cada vez que surgía un problema, me dijera: ‘Sí, algo así me pasó a mí con Suecia y lo gestionamos de esta manera’. Cuando me encuentro con algún problema, lo echo a faltar”, señala con una sonrisa.

Un objetivo ambicioso, pero no imposible
Tras su histórica participación en la EURO, donde alcanzó los cuartos de final, Islandia está ahora inmersa en los clasificatorios europeos a la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™. Y pese a los temores de Hallgrimsson de un cierto relajo, hasta el momento el equipo sólo ha caído derrotado ante la potente Croacia, líder de este Grupo I.

"Tenemos que sentirnos muy satisfechos hasta ahora. Empezar como empezamos, con un empate en Ucrania y después con victorias contra Finlandia y Turquía, fue fantástico. Cierto, perdimos contra los croatas a domicilio, pero ellos fueron mejores que nosotros aquel día, y no puedo quejarme de mi equipo. Croacia poseía mejores individualidades y, contra equipos como ése, podemos darlo todo y, a pesar de eso, perder”.

La vuelta contra Croacia se disputará en junio, aunque Hallgrimsson y sus hombres están plenamente centrados en su más inmediato compromiso: Kosovo. “Tienen talento para dar problemas a cualquiera. Si se fijan en los jugadores que posee y en las ligas en las que juegan, el nivel es muy alto, muy parecido al de nuestra selección”.

El técnico no quiere confianzas, porque sabe que sólo yendo al 100% Islandia podrá cumplir un objetivo que no esconden. "Tenemos que creer que vamos a Rusia, y haremos cuanto podamos para que así sea. No nos asusta decir que ése es nuestro objetivo, y lo que nos confiere posibilidades de lograrlo es que este equipo posee una gran mentalidad y una identidad muy definida".

Lo mismo se puede decir de Hallgrimsson y de su empeño por intentar lo insólito y conseguir lo improbable.