“Principalmente sentí tristeza y enfado. Y estaba algo aturdido”. Esas no son las primeras palabras que cabría esperar escuchar de la boca de un jugador al hablar del mejor encuentro de su vida. Sin embargo, es exactamente lo que dijo a FIFA.com el portero estadounidense Tim Howard sobre el día en que hizo 16 paradas contra Bélgica, en los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™.

Si fuera un delantero, seguramente, su día más memorable en la profesión no se habría saldado con una derrota por 1-2 y la eliminación de la fase final mundialista. Pero la vida de un portero puede ser terriblemente paradójica. A veces, sencillamente, el mejor encuentro imaginable no es suficiente para inclinar la balanza. Tras una actuación individual que lo convirtió en un auténtico héroe en su país, casi saturó Internet, y mantuvo a su equipo metido dentro de un encuentro en el que, para ser sinceros, se vio superado en todas las facetas del juego, Howard acabó cruelmente perdiendo.

Pero lo más probable es que nadie que lo viese ese caluroso día en Salvador lanzándose y estirándose para parar todo tipo de balones con sus pies, su rostro y sus manos, lo olvide pronto. Y aunque siga siendo un recuerdo agridulce para el pintoresco arquero, aquel día hizo historia. Sus 16 paradas durante 120 minutos de fútbol constituyen un récord que permanecerá mucho tiempo en la memoria, así como en la mitología e historia de los Mundiales.

El jugador
Tim Howard nació el 6 de marzo de 1979 y, desde pequeño, exhibió grandes dotes deportivas como centrocampista y estrella del baloncesto, promediando 15 puntos por partido la temporada en que el equipo de su instituto ganó un campeonato estatal. El activo joven jugó su primer encuentro profesional como guardameta mientras estaba todavía en el instituto.

Tras varias campañas destacadas en la MLS con el Nueva York/Nueva Jersey MetroStars (actual Red Bulls de Nueva York), pronto protagonizó un traspaso que se antojaba imposible, tras escogerle Alex Ferguson para sustituir a Fabien Barthez como portero titular del Manchester United. Se trataba de un entorno inusual para un futbolista estadounidense y de una oportunidad única para el joven Howard, que sólo tenía 24 años.

Su primera temporada en Old Trafford fue brillante, pero Howard pronto conoció los estrechos márgenes del máximo nivel mundial. Pagó las consecuencias de un puñado de errores y, en 2006, se marchó cedido al Everton. La cesión se convirtió luego en traspaso, y Howard se pasó los siguientes diez años haciendo las delicias de la afición del conjunto azul de Liverpool.

Se convirtió en uno de los preferidos del público de Goodison Park, donde configuró su personalidad sobre el campo. Vivaz, muy crítico y conversador tanto con sus defensas como con los delanteros contrarios, sobresalía por su poblada barba, su cabeza rapada y sus hileras de tatuajes por cada centímetro de su piel. No sólo era un guardameta excepcional; además, Tim Howard tenía estilo.

Y cuando llegó el Mundial de 2014, estaba en plenitud de facultades. Tenía 35 años, ya había acudido a otras dos fases finales y era el portero más exitoso en la historia de Estados Unidos, con 100 internacionalidades en su haber. Es más, recientemente había establecido un récord de 210 partidos consecutivos como titular en la Premier League inglesa, y también se había apuntado su 100º encuentro con su portería a cero en el Everton, que había quedado en la liga por encima de sus paisanos y rivales del Liverpool, en la 6ª plaza. Con su selección, Howard era un líder; el patrón de la zaga.

El récord
Ni siquiera habían transcurrido 60 segundos del encuentro contra Bélgica cuando Howard tuvo que estirarse hacia su derecha y desviar con la punta del pie el disparo seco y cruzado de Divock Origi. Parecía que a su selección estadounidense le esperaba uno de esos días especialmente negros. Pero cuando Howard se incorporó y alzó el puño ante sus defensas, marcó el comienzo de algo especial.

No fue una de esas paradas iniciales sencillas que la mayoría de los porteros admiten preferir. Esta fue una señal de alarma de lo que estaba por venir, de una embestida constante. Los belgas estaban repletos de talentos ofensivos como Eden Hazard, Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku, e incluso se hablaba de ellos como tapados para ceñirse la corona mundialista. Los Diablos Rojos no estaban en Salvador para disfrutar del buen tiempo.

Los estadounidenses, a las órdenes del entonces seleccionador Juergen Klinsmann, se vieron forzados a replegarse atrás, acampando en su propia área. Crearon muy pocas ocasiones, y la actuación de Howard maquilló serias deficiencias en la zaga y el mediocampo.

Mientras su cuenta de paradas crecía, en Internet se dieron por enterados. Los tuits con la etiqueta #ThingsTimHowardCouldSave (“cosas que podría parar Tim Howard”) empezaron a ser tendencia. El meteorito que acabó con los dinosaurios, el hundimiento del Titanic y el ataque del temible escualo en la película Tiburón fueron algunas de las numerosas y divertidas sugerencias. Un inspirado liante llegó incluso a cambiar la identidad en la Wikipedia del Ministro de Defensa estadounidense a… sí, Tim Howard.

Su actuación –que constó de 12 paradas con su tronco y manos, y otras 4 con los pies– mantuvo dentro del partido a una Estados Unidos netamente dominada. Y si el suplente Chris Wondolowski hubiera rematado mejor cuando el balón le cayó al borde del área pequeña en el minuto 92, las Barras y Estrellas podrían haber ganado el encuentro. El gran rendimiento de Howard les permitió no perder por un tanteo abultado… y estar a punto de birlar la victoria in extremis.

Pero ni siquiera las hercúleas hazañas de Howard, que le valieron el premio al mejor jugador del partido, fueron suficientes en los 30 minutos de prórroga. Los tantos de De Bruyne y Lukaku (compañero de Howard en el Everton) sentenciaron la contienda. Aun así, Julian Green acortó distancias a última hora y, en los instantes finales, una gran intervención de Thibaut Courtois ante Clint Dempsey nos dejó con las ganas de saber lo que podría haber hecho el arquero norteamericano en una tanda de penales.  

Así lo recuerda el protagonista
“Queríamos salir de la jaula pronto en la fase de grupos de Brasil. Durante muchos meses después del sorteo, nos concentramos totalmente en el primer compromiso contra Ghana. Y cuando por fin llegó, estábamos tan preparados como pretendíamos, y se notó [Estados Unidos ganó 2-1]”.

“Todos llamaban a nuestro grupo el ‘grupo de la muerte’. La gente decía que no teníamos opciones de superar a Portugal, Ghana y Alemania. Pero lo hicimos. Demostramos que mucha gente estaba equivocada; todos esos pesimistas que les gusta adoptar el enfoque negativo”.

“El día del choque contra Bélgica [de octavos de final], estaba nervioso. No podría haber estado más nervioso. Pero cuando empezó el encuentro, no me preocupé por cuántas paradas hacía. Simplemente trataba de estar preparado para el siguiente ataque, de detectar al siguiente jugador en disparar, de organizar la defensa. Así que todos esos balones que se toparon conmigo… no tenía ni idea. Fue sólo después, cuando estaba en el control antidopaje, y alguien me lo comentó. ¿16? No tenía sentido, porque no recordaba haber hecho tantas paradas”.

“Después del encuentro, tienes todas esas emociones: enfado, tristeza… y decepción más que nada, porque no se tienen oportunidades así todos los días, ¿sabes? Y rara vez las tienes cada cuatro años”.

“De vuelta a Estados Unidos, después del Mundial, tenía esta sonrisa perenne en mi rostro porque, dondequiera que íbamos, nos felicitaban. Gente de toda clase y condición: mayores, jóvenes, hombres, mujeres… daba igual. Parecía que el Mundial había fascinado a todos en Estados Unidos y, para mí, eso era genial”.