La orden del padre de Antonio Carbajal fue bastante clara. Luego de que un coche le arrancó la vida a su hermano mientras jugaba fútbol en la calle, tenía que olvidarse sí o sí del balompié. El apodado Tota, en ese entonces todavía un niño que soñaba con ser delantero, no lo pensó mucho e hizo caso a medias: dejó los goles... pero se fue a la portería, lugar desde donde podía ver a su padre llegar a casa y escapar para no ser descubierto.

Y ahí, en los rincones de la colonia San Rafael de la Ciudad de México, comenzaba una leyenda que terminaría con cinco participaciones en la Copa Mundial de la FIFA™, récord que sólo igualarían Lothar Matthäus en Francia 1998 y Gianluigi Buffon en Brasil 2014. “Por suerte no le hice caso a mi padre”, confiesa entre risas a FIFA.com. “Siempre quise ser alguien y parece que lo logré. Hasta la fecha, y aunque mi último mundial fue hace poquito más de 50 años, todavía la gente me sigue llamando y recordándome. Eso me dice algo”, relata el nacido un 7 de junio de 1929.

“Mi historia comenzó en el pavimento. Cuando eres niño, te encanta jugar con lo que sea. Íbamos al campo de golf de Chapultepec, nos robábamos una de las pelotitas con las que juegan, y un amigo la enrollaba con papel periódico y mucho cuidado para que pudiese rodar. Así comenzó mi amor por el fútbol”.

Debut a lo grande
Su debut profesional se dio en 1948, en las filas del Real Club España. Tanto su trayectoria amateur como sus primeros pasos profesionales le sirvieron para ser convocado a los Juegos Olímpicos de Londres 1948, aunque no vio acción. Pero eso no desanimó lo más mínimo a Carbajal, que siguió luchando por ser el arquero titular del Tri

La gran recompensa llegó dos años después, cuando en su primer partido como titular le tocó ni más ni menos que inaugurar el histórico Estadio Maracaná en el duelo que cortó el listón de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 1950™. “Me gustó eso de viajar. Nunca había jugado ante tanta gente; era impresionante. Yo nada más escuchaba los gritos de '¡Brasil, Brasil!' y al mismo tiempo me daba coraje y me motivaba. Así que había que aguantar. Aunque, claro, eran muy superiores a nosotros y terminamos 4-0”.

“Los brasileños eran verdaderamente unos jugadorazos. Llegaban a mi portería y a veces la regresaban para atrás diciendo que estaban haciendo show y emocionando a la gente. Yo lo agradecía, la verdad. Te da gusto jugar con ese tipo de jugadores; eran, además, grandes personas y rivales. Yo creo que se compadecieron de nosotros después de los cuatro goles”, rememora con mucho sentido del humor. México se despediría de ese Mundial tras una primera fase en la que no logró una sola victoria.

La grata influencia de Trelles
Arquero sobrio, más de colocación que de vistosos lances, su estilo de juego pronto comenzó a tomar forma y a madurar. En Suiza 1954 y Suecia 1958 también se despidieron sin victorias. Pero para sus últimas dos Copas Mundiales, la de Chile 1962 e Inglaterra 1966, Antonio Carbajal comenzó a ver un panorama más claro. 

“En ese entonces hubo un hombre que estuvo con nosotros y nos ayudó bastante: Ignacio Trelles, nuestro entrenador. Era un gran conocedor del fútbol y tenía el don de decir mucho con pocas palabras. Nos exigía mucho y terminaba siendo un honor y una alegría enorme poder estar en la selección. Esto nos llevó a conseguir cosas buenas para esa época”, relata sobre el entrenador con el que México consiguió su primera victoria mundialista en Chile ante Checoslovaquia (3-1), y dos empates en Inglaterra frente a Francia (1-1) y Uruguay (0-0), partido en el que le dijo adiós, ahora sí y ya con el perdón de su padre, al fútbol. 

Para la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™, otro jugador podría unirse al selecto grupo de las cinco copas. Curiosa coincidencia, también es mexicano: Rafael Márquez. “Qué bueno que esté en posibilidad de lograrlo. Los récords para eso son, para igualarse y superarse”, finaliza uno de esos personajes que ya tienen reservado un lugar en los libros de historia del fútbol.