“Bromeábamos con nuestros defensores diciéndoles ‘tranquilos, si nos meten un gol ya marcaremos dos’. Así es como nos sentíamos”.

Eso dijo Nándor Hidegkuti refiriéndose a los Magiares Mágicos de Hungría. Unas palabras que reflejan la filosofía de un equipo único. El gol que capta la imagen contribuyó a infligir a Uruguay su primera derrota en la Copa Mundial de la FIFA™, y fue uno de los 27 tantos anotados por Hidegkuti y los suyos en Suiza 1954. Es un récord que aún no se ha batido, al igual que el increíble promedio de 5,4 tantos por partido que establecieron en aquella edición.

El propio Hidegkuti fue una pieza fundamental en la consecución de esas estadísticas, así como en el estilo y el esquema revolucionarios del combinado húngaro. Cuando los Magiares Mágicos arrollaron a Inglaterra en dos históricos choques consecutivos en vísperas del Mundial, Don Revie explicó que había sido el astro del MTK Hungaria —actuando como centrocampista ofensivo— quien “hizo añicos nuestra defensa”.

Desplazar a Hidegkuti de su posición inicial en el extremo derecho a la mediapunta, donde brilló por primera vez en el triunfo olímpico de Hungría en 1952, fue un momento clave en el desarrollo del equipo. Su habilidad, visión de juego e inteligencia posicional permitieron extraer lo mejor de hombres como Ferenc Puskás, Sándor Kocsis y Jozsef Bozsik, algo que no pasó desapercibido.

“Era un gran futbolista, sabía leer el juego de forma maravillosa”, dijo Puskás en homenaje a Hidegkuti. “Era perfecto para ese puesto, justo por delante del mediocampo, enviando pases certeros, descolocando a la defensa contraria y haciendo internadas fantásticas para marcar él mismo”.

La diana que muestra esta imagen fue la culminación de una de esas internadas, en la que Hidegkuti, sin que sus rivales se diesen cuenta, llegó al segundo palo para marcar de un testarazo en plancha. Así ayudó a Hungría a deshacerse por 4-2 de Uruguay en una semifinal vibrante, y amplió a 30 partidos su récord de imbatilidad.

Por supuesto, todos saben lo que ocurrió luego. Los Magiares Mágicos, un conjunto en apariencia imparable que llevaba más de cuatro años sin perder, cayeron por 3-2 en la final a manos de Alemania Occidental, el mismo adversario al que habían endosado un contundente 8-3 en una fase anterior del torneo.

Aunque las medallas de subcampeones y un puesto en el once estelar del certamen para Hidegkuti apenas servirían de consuelo, aquella espectacular selección húngara se marchó de Hungría habiendo inscrito su nombre en la historia del fútbol.

¿Sabías que…?
La exposición de 1954 del Museo del Fútbol Mundial de la FIFA incluye una entrada de uno de los 45.000 afortunados espectadores que presenciaron el remate de cabeza de Hidegkuti y esa electrizante semifinal.