Ya incluso antes del saque inicial, los aficionados surcoreanos habían marcado la pauta del encuentro, desplegando una gran bandera turca y una pancarta que proclamaba: “¡Somos amigos!”. Y esos seguidores, además, se mostraron fieles a sus cordiales palabras, jaleando los nombres de los jugadores contrarios junto a los de su selección mientras se iban leyendo en voz alta las alineaciones en Daegu.

Su recompensa consistió en gozar de un apasionante, abierto e histórico partido por el tercer puesto, así como de los encendidos elogios de los maravillados visitantes. El seleccionador turco, Senol Gunes, dirigió ese coro de alabanzas, al calificar como “absolutamente fantástica” la deportividad exhibida y la atmósfera creada por los 63.000 espectadores.

El mismo cumplido se podría haber dedicado perfectamente al equipo de Gunes, tanto en el partido en cuestión como durante toda su histórica campaña en la Copa Mundial de la FIFA 2002™. Turquía, incluso, logró lo que parecía imposible –acallar al bullicioso público coreano– cuando, a los 11 segundos, Hakan Sukur marcó el gol más rápido en la historia de los Mundiales.

Sukur, que no había logrado ver puerta en sus anteriores seis partidos en ese campeonato, aderezó posteriormente su tanto con dos pases de gol para Ilhan Mansiz, con lo que los hombres de Gunes se impusieron por 3-2 y alcanzaron el punto culminante en la historia del fútbol turco. “Mi equipo”, declaró orgulloso su seleccionador, “ha traído esperanza y felicidad a los turcos”.

Celebración conjunta
La República de Corea también había hecho historia, por supuesto, rubricando su mejor posición histórica gracias a los sorprendentes triunfos contra rivales de la talla de Portugal, Italia y España. “Me habría gustado obtener el tercer puesto… con toda mi alma”, manifestó su seleccionador, el holandés Guus Hiddink, tras la derrota ante Turquía. “Pero al ver y escuchar la respuesta del público con el equipo y lo que han hecho en la segunda parte, puedo sentirme muy orgulloso en general de estos chicos”.

Los propios aficionados siguieron suscitando muchos de los aplausos, y los jugadores de ambas selecciones se juntaron –como muestra esta imagen– para saludar colectivamente al público en reconocimiento a su contribución. Además, Sukur y su compañero Fatih Akyel dieron una vuelta de honor portando la bandera de la República de Corea; al tiempo que la prensa turca se mostraba tan generosa en sus elogios hacia los aficionados locales como en los dedicados a su victoriosa selección.

“Nuestros amigos coreanos dieron una perfecta lección de juego limpio”, reflejaba el diario Milliyet. “Las imágenes de amistad fueron increíbles. Podían verse enormes banderas turcas y surcoreanas ondeando juntas. Se aplaudieron las buenas jugadas, ya fueran de la selección turca o de la coreana. El ambiente amistoso continuó incluso después del partido. Los jugadores de ambos equipos estuvieron saludando al público agarrados de la mano, con los brazos sobre los hombros. Semejante cordialidad trajo las lágrimas a los ojos de nuestros jugadores”.

Por lo demás, esas imágenes dieron otro ejemplo más de la capacidad incomparable del fútbol, y de la Copa Mundial, para inspirar y unir a la gente.

¿Sabías que…?
El legendario internacional surcoreano Ahn Junghwan visitó recientemente el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, donde disfrutó de varias de las exposiciones interactivas y revivió su famoso gol de oro contra Italia en 2002.