La mayoría de los aficionados al fútbol del planeta esperan que Japón sea uno de los representantes de Asia en la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™. Después de hacerse al fin un hueco entre la élite global con motivo del Mundial de Francia 1998, el antiguo gigante durmiente del fútbol asiático recuperó el tiempo perdido encadenando cinco participaciones en la gran cita del deporte rey.

Ahora, sin embargo, en el ecuador de la competición preliminar de Rusia 2018, debe solventar una situación complicada si quiere obtener una sexta participación consecutiva. El cuadro nipón es segundo, por diferencia de goles, de un grupo sumamente reñido, en el que los cuatro primeros están separados por apenas un punto. Completan ese cuarteto una Arabia Saudí rejuvenecida a las órdenes de Bert van Marwijk, seleccionador finalista de la Copa Mundial de la FIFA 2010 con los Países Bajos, el pujante combinado de Emiratos Árabes Unidos y la campeona continental, Australia.

Japón visita la semana que viene Emiratos Árabes Unidos prácticamente sin margen de error, al haber sólo dos puestos clasificatorios disponibles. Y también aspira a desquitarse ante el conjunto de Oriente Próximo, su verdugo en la Copa Asiática 2015, a la que los japoneses acudían como defensores del título.

El mediapunta internacional japonés Hiroshi Kiyotake afirma que la intensidad que se está viviendo en los primeros puestos del Grupo B de la zona asiática es una prueba de los rápidos progresos que registra el continente más poblado del mundo. “No va a resultar sencillo superar esta última ronda clasificatoria, porque el nivel del fútbol asiático va a más, eso es innegable”, explica Kiyotake a FIFA.com. “Yo también noto que la selección japonesa está sometida a una gran presión en esta fase previa”.

El estadio de Saitama, en las afueras de Tokio, caracterizado por una incesante cacofonía de ruidos típicamente japoneses, siempre había sido un fortín para los Samuráis Azules, pero en este ciclo mundialista Japón no ha podido mantener su habitual registro imponente en casa: entre los reveses que suma el nuevo seleccionador, Vahid Halilhodzic, figuran un empate contra el modesto Singapur y una grave derrota a manos de EAU.

Con todo, Kiyotake señala que el actual plantel cuenta con algunos de los jugadores más experimentados que hayan vestido nunca la elástica japonesa. Y a buen seguro él tiene autoridad para pronunciarse en ese aspecto, puesto que lleva siete años en la selección y se estrenó hace nueve con el combinado juvenil de su país.

“La actual selección japonesa tiene el mayor número de futbolistas que compiten en el extranjero de los últimos años”, recuerda Kiyotake. “Y si les sumamos los de la J-League, en estos momentos hay mucha gente habilidosa y que, al mismo tiempo, sabe administrarse”.

La selección que viajó a Sudáfrica 2010 fue la primera de su país que logró la clasificación para las rondas eliminatorias a domicilio. Doce meses más tarde, Kiyotake tomó la alternativa con los Samuráis Azules, y, aunque no disputase más que unos minutos en Brasil 2014, ahora es un componente cada vez más importante del equipo.

¿Y cómo ha cambiado Japón desde su llegada? “Es difícil contestar a esa pregunta, porque el entrenador es distinto, y los jugadores también”, apunta Kiyotake. “Pero puedo decir que la habilidad individual de los jugadores ha mejorado. Y también tengo la impresión de que ahora somos más atentos, al desplegar un fútbol cuidado. A mí el entorno del equipo me ayuda a jugar, porque sigue habiendo mucha gente a la que conozco desde el principio”.

Una nueva hornada
Kiyotake, oriundo de Oita, es uno de los integrantes de la nueva hornada de jugadores japoneses que han tenido una presencia cada vez mayor en el fútbol europeo durante los últimos diez años, especialmente en Alemania e Inglaterra. Ahora acaba de regresar al Cerezo Osaka, recién ascendido a la J-League, después de una breve y agitada etapa en el Sevilla, que siguió a las sólidas campañas que había protagonizado primero en el Núremberg y luego con el Hanóver.

Kiyotake reconoce que esa experiencia le ha ayudado a progresar dentro y fuera de la cancha, al igual que a muchos compañeros de la selección que compiten en el Viejo Continente. “He crecido como jugador gracias a las experiencias que he tenido en Alemania y España, no cabe duda. Y también estoy convencido de haber crecido como persona, porque la vida cotidiana lo expone a uno a maneras de pensar distintas a las de Japón”, indica.

Kiyotake opina que la ética de equipo es uno de los atributos más valiosos de los japoneses. “El jugador japonés respeta la disciplina tanto individual como colectiva, y también tiene flexibilidad durante los partidos”, analiza. “Dispone de una buena técnica y es rápido en la toma de decisiones”.

“Personalmente, yo creo que tengo que seguir mejorando y aprendiendo para poder mostrar las buenas características del futbolista japonés y combinarlas con el equipo en el que juego. Esa mentalidad hace que me esfuerce continuamente y juegue de una forma positiva”, concluye.