El uruguayo Matías Vecino sonríe cuando reflexiona como se le han dado las cosas hasta aquí...

El viernes 4 de marzo de 2016, durante el primer tiempo del duelo ante Roma, Vecino dejó el campo de juego del estadio Olímpico por un problema muscular. Preocupado, el mediocentro de la Fiorentina marchó al vestuario y se preparaba para observar el resto del juego cuando chequeó su teléfono, y una sonrisa se le dibujó en su rostro: era la esperada llamada de la selección.

"Fue raro porque sabía que me seguían y que ese día daban la lista para los partidos contra Brasil y Perú por eliminatorias, pero entré a jugar sin la confirmación", confiesa Vecino a FIFA.com. "Fue una alegría inmensa. En el llamado confirmaban que había sido reservado y me preguntaban por la lesión. Perdimos 4-1 pero, en lo personal, estaba feliz. El paso importante estaba dado".

Si bien no se considera una persona nostálgica, hubo recuerdos que lo invadieron. Los primeros picados en San Jacinto, un pueblo tan chico que se conocían todos; los esfuerzos de mamá Dolly para que mantuviera la excelencia en el escuela; y, sobre todo, los consejos de papá Mario, un ex futbolista a quien un accidente de autos se lo llevó cuando Matías tenía apenas 14 años.

"El dolor más grande, además de la pérdida, es que no haya podido estar en ese momento. El hubiese disfrutado muchísimo", reconoce Vecino, que tiene tatuada en la mano derecha la firma de su padre y en la izquierda el nombre de Genaro, el hijo de un año y medio que tiene con Luisina, su primer y único amor.

Del no a Italia al debut menos pensando
En lo deportivo, aquella llamada confirmó a Vecino que acertó al desestimar la posibilidad de representar a Italia, país que lo vio crecer como futbolista desde su llegada a la Fiorentina en 2012 con sólo dos temporadas como profesional.

"Una posibilidad que me sorprendió, pero jamás me hizo dudar", sentencia el jugador de 25 años surgido de Central Español y con breve paso por Nacional antes de emigrar a Europa.

"El primer contacto fue cuando estaba a préstamo en Émpoli y el segundo en 2015, ya de vuelta en Fiorentina. No me habría sentido cómodo ni hubiera sido justo. Representar a un país es una gran responsabilidad, y si no lo sentís no vale la pena. Íntimamente sabía que, si hacía las cosas bien, el llamado de Uruguay iba a llegar".

De ahí en adelante las cosas se dieron rápido. Muy rápido.

"Arribé a Montevideo el martes previo al partido con Brasil y el jueves, en la primera práctica en Recife, estaba entre los titulares. Pensé que era una prueba del Maestro Tabárez, pero jugué de arranque. No sentí nervios, sólo algo de ansiedad en el túnel... ¡Jamás soñé un debut mejor!".

El regreso de Luis Suárez, que llevaba dos años sin jugar con Uruguay por suspensión, acaparó las noticias del encuentro, sobre todo después de Lucho anotara un gol en la remontada del equipo, que convirtió un 0-2 que pintaba para baile en un empate con gusto a poco.

Pero la prensa, la opinión pública y, más importante aún, Oscar Tabárez aprobaron con creces aquella "prueba" de poner un volante central de buen pie y gran visión de juego al lado de otro de corte defensivo como Egidio Arévalo Ríos. Tan bien resultó la variante que, desde entonces, Vecino sólo dejó el 11 titular por lesión o suspensión.  

En constante evolución
Tabárez ya lo conocía de la selección sub-20, cuando Vecino marcó en el Campeonato Sudamericano 2011 el gol que le permitió a Uruguay clasificarse a Londres 2012, su primera aparición en un Torneo Olímpico de Fútbol desde 1928. En 2011 también disputó la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA de Colombia.

Vecino todavía jugaba de volante por derecha o detrás de los delanteros. "El cambio empezó en Émpoli porque tuve continuidad con Maurizio Sarri -hoy en Nápoles-, aunque fue Paulo Sousa, a mi regreso a la Fiorentina, quien puso de doble cinco delante de la defensa. Igual me gusta pisar el área rival, aunque sea para asistir a mis compañeros".

El jugador de 1,89 metros de altura admira en su puesto a Sergio Busquets y Toni Kroos. "No sé si mis características son parecidas, los miro para aprender: ninguno tiene un físico devastador pero roban pelotas a partir de la lectura de juego y ocupar el espacio correcto", explica Mati, quien de niño idolatraba a Zinedine Zidane, dueño de sus primeras memorias mundialistas allá por Francia 1998.

Vecino necesitará de eso que admira el 23 de marzo, cuando Uruguay, escolta del clasificatorio para Rusia 2018, reciba al líder Brasil en el Centenario. Sí, allí a donde la Celeste ganó sus seis partidos hasta aquí llegan Neymar y compañía, con una racha propia de seis victorias al hilo.

"Imagino un partido estudiado, equilibrado. sin que nadie regale nada. No podremos dejarnos llevar por el clima de las tribunas", avisa. Además están las bajas por suspensión de Luis Suárez y Fernando Muslera. "Son ausencias pesadas, pero hubo otras en estas mismas eliminatorias y el equipo respondió. No hay excusas".

A Vecino, como a cualquier uruguayo, le gustaría evitar otra repesca, la quinta consecutiva, y los riesgos que eso conlleva. "Todavía me acuerdo la amargura que teníamos en la escuela en 2006, cuando Australia nos eliminó por penales".

Sobre si será o no una doble jornada bisagra, está por verse. "Habría que ganarle a Brasil y luego sacar algún punto en Perú. Pero nada te asegura a esta altura la clasificación. Por eso lo ideal sería, como mínimo, mantener la misma diferencia que tenemos hoy sobre los que vienen detrás".