• El inglés se derrumbó tras su tarjeta amarilla en la semifinal de 1990
  • Gascoigne: “Fueron los mejores momentos para mí. No quería que acabaran”
  • El talentoso centrocampista de 23 años nunca jugó otro partido mundialista

“Cuando las cosas me van bien y me doy cuenta de que están a punto de acabarse, me entra miedo, mucho miedo. Aquella noche no pude remediarlo: me eché a llorar”.

Las lágrimas de Paul Gascoigne se convirtieron en una de las imágenes del campeonato de Italia 1990. Junto con sus estimulantes actuaciones, contribuyeron a convertirlo en un héroe y una persona conocidísima, mientras la Gazzamanía se apoderaba de Inglaterra al término de aquella Copa Mundial de la FIFA™. 

El fenómeno fue un reflejo de que tanto el fútbol como la sociedad estaban cambiando. Como indicaba un artículo en el periódico británico The Independent: “Antes de Paul Gascoigne, ¿hubo alguien jamás que se convirtiese en un héroe nacional y un seguro millonario llorando? Fabuloso… Llorar y que el mundo llore contigo”.

Los sollozos los había provocado una tarjeta amarilla en el minuto 98 de la épica derrota de Inglaterra en la semifinal contra la República Federal de Alemania en Turín. Gascoigne, el jugador más joven de los Tres Leones en el campeonato y su principal estrella, supo inmediatamente lo que eso significaba. Al haber recibido ya una amonestación en octavos de final por una falta sobre el belga Enzo Scifo, no podría jugar la final si Inglaterra se clasificaba. 

“Cuando era pequeño y estaba en mi club de juveniles, cada noche soñaba con jugar al fútbol en el Mundial. Ese sueño lo viví en Italia”, meditaba Gascoigne posteriormente. “Pero cuando me sacaron la tarjeta amarilla, supe que mi sueño se había acabado”.

Su entrenador, Bobby Robson, se sintió igualmente desolado. “Se me cayó el alma al suelo”, señalaba el ex seleccionador de Inglaterra. “Porque me di cuenta al instante de que Paul Gascoigne se quedaba fuera de la final. Y eso era una tragedia; para él, para mí, para el equipo, el país y todo el fútbol. Porque era muy bueno, y estuvo magnífico en ese partido concreto. Cuando más importante el encuentro, mejor rendía”

Robson trató de consolar a Gazza tras el final. “No te preocupes”, le dijo. “Has sido uno de los mejores jugadores del campeonato. Tienes toda la vida por delante, y éste es sólo tu primer Mundial”.

Gascoigne acababa de cumplir 23 años, y tenía el mundo a sus pies. Robson debería haber estado en lo cierto. Sin embargo, Italia 1990 fue el primer Mundial de Gazza, y el último. Fue la cumbre de su turbulenta carrera.

“Nunca tuve la oportunidad de jugar en otro”, lamentaba el propio jugador. “Fueron los mejores momentos para mí, y no quería que acabaran. Creía de verdad que íbamos a ganar ese Mundial. Es duro recordarlo, porque piensas: ‘Esos fueron los días grandes’”.

¿Sabías que…?
La exposición del Museo del Fútbol Mundial de la FIFA sobre Italia 1990 incluye un recuerdo fascinante: la tarjeta amarilla que mostró a Gazza el árbitro José Ramiz Wright.