• Recordamos el primer título de la Copa Mundial de la FIFA™ de Alemania
  • Protagonizó el "Milagro de Berna" al vencer a una Hungría que parecía imbatible
  • Beckenbauer: "Todo el país recobró la autoestima"

El domingo, Alemania alzó el trofeo de la Copa FIFA Confederaciones por primera vez. Aunque era uno de los pocos títulos que no figuraban en el palmarés del combinado germano, el triunfo cosechado en San Petersburgo reafirmó su reputación de verdadero coloso del fútbol, acostumbrado a proclamarse campeón una y otra vez.

Sin embargo, no siempre fue así. Cuando los alemanes ganaron su primera Copa Mundial de la FIFA™, en 1954, tenían una imagen muy distinta, tanto en el fútbol como en el mundo en general. Ni siquiera el corto viaje al otro lado de la frontera, para competir en Suiza tras su exclusión del torneo de 1950, estuvo exento de problemas.

Horst Eckel, el jugador más joven de aquel plantel de Alemania Occidental, declaró a FIFA.com en 2014: “Para nosotros fue muy complicado viajar a Suiza, porque, en 1954, Alemania no era un país reconocido a nivel político, económico y deportivo en el mundo [por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial]. En cualquier caso, no fuimos allá con la idea de no perder, sino que nuestro deseo era jugar bien y representar a Alemania”.

Y al final, por supuesto, harían muchísimo más que eso. Das Wunder von Bern (El Milagro de Berna), la increíble victoria de los alemanes sobre una selección húngara que llevaba cuatro años sin perder —que les había goleado además por 8-3 en la fase de grupos—, sigue siendo uno de los momentos más significativos de la historia deportiva del país.

"Para cualquiera que hubiera crecido en la miseria de la posguerra, Berna se convirtió en una extraordinaria inspiración”, explicó Franz Beckenbauer, que entonces tenía sólo 8 años. “De repente, Alemania volvía a ser alguien. Todo el país recobró la autoestima".

Y la manera en que se produjo, remontando un 2-0 e imponiéndose con todo en contra, también marcó la pauta para futuras generaciones. La garra y el inquebrantable espíritu de lucha pasaron a ser entonces sellos distintivos de la selección alemana.

Pero para Eckel y sus compañeros, la magnitud de lo que había supuesto ganar el Mundial no se hizo realmente patente hasta unos días más tarde. "No fuimos conscientes de verdad hasta volver a casa", declaró el excentrocampista, recordando las extraordinarias escenas en las que miles y miles de personas abarrotaron las calles de Múnich para recibir al equipo.

"En ese momento, nos dimos cuenta de que habíamos aportado nuestro granito de arena para que el pueblo alemán avanzase un pasito más en su recuperación. Aquello nos hizo sentir muy orgullosos". 

¿Sabías que... ?
El Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, en Zúrich, tiene varios objetos únicos del Mundial de 1954, incluida la red original de la portería de la final y una entrada de ese inolvidable partido.