• Jugó 10 partidos mundialistas sin recibir goles
  • Así, comparte el récord con el inglés Peter Shilton 
  • “Nunca salté a un terreno de juego para batir récords”, dice
Fabien Barthez es uno de los guardametas más grandiosos de la historia del fútbol francés. En tres Copas Mundiales de la FIFA, levantó el trofeo en 1998 y quedó subcampeón en 2006. El Divino Calvo ostenta el récord francés de partidos disputados en la máxima competición mundialista (17), de los que sumó 10 sin recibir ningún gol.  

El personaje
Barthez, nacido en 1971, se afianzó definitivamente en la selección gala en las proximidades de Francia 1998. Fue una consagración tardía para un arquero que llevaba ya brillando algunos años con el Olympique de Marsella y el Mónaco, pero a quien hasta entonces le había cerrado el paso el más curtido Bernard Lama. 

En su primer Mundial, Barthez hizo historia de entrada, imponiéndose como el guardián de una sólida defensa que sólo fue perforada en 2 ocasiones. Tras proclamarse campeón de Europa dos años más tarde, fue partícipe del naufragio colectivo en el Mundial de 2002, donde los Bleus se marcharon por la puerta de atrás al cabo de 3 partidos.

En Alemania 2006, eso sí, rubricó una nueva aventura mundialista excepcional que se saldó con una derrota ante Italia en los penales de la final. A continuación renunció a la selección, con 87 internacionalidades a sus espaldas. 

Su estilo explosivo y espectacular, su juego con el balón en los pies y su asunción de riesgos lo convirtieron en uno de los mejores porteros de su época.

El récord
El domingo 12 de julio de 1998, Barthez resistió a la armada ofensiva brasileña en la final; empezando por Ronaldo, ante quien salió airoso en todos sus duelos particulares. Así, concluyó a lo grande un campeonato excepcional en el que sólo encajó 2 goles en 7 encuentros (uno de penal contra Dinamarca en la liguilla y otro contra Croacia en semifinales).  

En Corea/Japón 2002, sólo logró permanecer imbatido en el 0-0 contra Uruguay, tras encajar un gol absurdo contra Senegal (0-1) y antes de consumarse la eliminación contra Dinamarca (0-2). En Alemania 2006, Barthez completó su colección con otros 4 partidos manteniendo su portería a cero: contra Suiza (0-0), Togo (2-0), Brasil (1-0) y Portugal (1-0).

Sin embargo, perdió su duelo a distancia con Gianluigi Buffon, que terminó el certamen manteniéndose imbatido en 5 partidos, ¡y con el título de campeón mundial! 

El recuerdo en la voz de Barthez
“¡Ah, no, en absoluto! Es más, ¿en qué consiste exactamente lo de los 10 partidos?”, responde Barthez, con su indolencia habitual, cuando FIFA.com le pregunta si estaba al corriente del tema de la entrevista.

“Es algo que jamás se me pasó por la cabeza. Nunca salté a un terreno de juego para batir récords. En cambio, saltar al campo con el objetivo de no encajar goles, era todos los domingos (risas)”. 

“Este tipo de récords se atribuyen al portero, pero yo considero que, ante todo, es un equipo el que no encaja goles. Es como cuando marca un delantero; hay todo un trabajo detrás. Es algo que me gusta recordar”.

“Cuando tienes una pareja de centrales con Blanc y Desailly, a Thuram y Lizarazu como laterales… En aquella época eran los cuatro mejores del mundo en sus puestos. Era nuestro punto fuerte. En 2006, teníamos a Thuram y Gallas en el eje de la zaga; y a Sagnol y Abidal en las bandas. Tampoco estaba mal, pero no era la defensa de 1998, que, en mi opinión, ha sido una de las más sólidas en la historia del fútbol francés”.  

“El mediocampo también era muy sólido, pero además estaba Stéphane Guivarch, que hacía un trabajo increíble arriba. Los expertos notaron todo lo que aportó; los demás un poco menos… Se sacrificó de veras por el equipo. Siempre estaba acosando a la defensa y molestando para que no pudiesen subir el balón. Por eso le faltó lucidez en las ocasiones de que dispuso; pero a la postre, también ganamos gracias a él”.

“También estuvo el choque de cuartos de final contra Italia, que fue bastante complicado y se decidió en los penales. Y a propósito, no fue tan importante mi parada frente a (Demetrio) Albertini, porque considero que un penal que para un portero es ante todo un penal mal tirado”.

“En la final estuvo esa famosa salida frente a Ronaldo, porque fue el punto de inflexión del partido. Los balones en profundidad como ése son las jugadas más complicadas para un portero; se deciden en décimas de segundo, tanto en un sentido como en otro. Si no salía, él se plantaba solo ante mí, y si salía demasiado tarde, podía cometer una falta tremenda. Respeto mucho a Ronaldo, e hice todo lo posible por no hacerle daño”.