• Con 42 años, es el artillero mundialista más veterano
  • El camerunés se había retirado cinco años antes
  • La presión popular y del presidente lo dejaron hacer historia
“Para ser sincero, me parecía muy natural ser tan poco común”.

Con esta frase resumió Roger Milla los hechos extraordinarios que marcaron su carrera entre sus treinta y muchos y cuarenta y pocos años.

El ídolo camerunés hizo historia en dos ediciones consecutivas de la Copa Mundial de la FIFA: en Italia 1990 se convirtió en el goleador más veterano del certamen y, en EEUU 1994 cuatro años después, batió su propio récord cuando ya había cumplido los 42.

En aquella ocasión, jugó con compañeros y se enfrentó a rivales que ni siquiera habían nacido cuando, 21 años y medio antes, anotó su primer gol internacional en un clasificatorio mundialista contra Zaire. Es más, algunos de esos colegas y contrincantes aún andaban en pañales cuando Milla ganó su primer premio al mejor jugador africano del año en 1976.

Sin embargo, a pesar de todos aquellos logros precoces y de protagonizar una distinguida carrera en Francia, el delantero camerunés saltó a la fama a una edad a la que la mayoría de futbolistas ya han colgado las botas.

El jugador 
Cuando la Confederación Africana de Fútbol (CAF) celebró su 50º aniversario en 2007, decidió preguntar al público cuál había sido el mejor futbolista del continente en aquellas cinco décadas. El elegido, cómo no, fue Milla.

En cualquier caso, recibir semejante honor habría sido impensable a finales de los años ochenta, cuando este obrero del fútbol —que no había logrado sumar más títulos individuales— se retiró del fútbol profesional para vivir y jugar en un equipo amateur de la isla de Reunión.

No obstante, y aunque el entonces seleccionador ruso de Camerún, Valeri Nepomniatchi, no contemplaba la posibilidad de convocar a este prejubilado de 38 años para la Copa Mundial de 1990, la situación cambió drásticamente cuando Paul Biya, presidente del país, dio una orden que cambió el rumbo de la historia.

Biya insistía en que Milla tenía que acudir a aquel torneo, y llamó personalmente al jugador para garantizar su cooperación. “Creo que [Biya] no era un mal entrenador”, declaró sonriente Milla.

La decisión de incluir al veterano delantero, aunque polémica y lejos de contar con el respaldo popular en el seno de la selección camerunesa, fue acertada. Pese a no ser titular en ningún partido de Italia 1990, Milla se erigió en una de las grandes figuras del torneo. Sus cuatro dianas, así como el baile de celebración al estilo makossa posterior a ellas, lo catapultaron al estrellato internacional.

Su estatus tras la prueba planetaria era tal que volvió a recibir la llamada de la selección en 1994, cuando ya había cumplido los 42 años. Y, de nuevo, respondió como sólo él sabía.

El récord
Al perforar el arco ruso en el último partido de Camerún en Estados Unidos 1994, Milla batió el récord que él mismo había establecido cuatro años antes. Previamente, Gunnar Gren había ostentado esta particular marca durante más de tres décadas.

El legendario jugador sueco anotó en el triunfo por 3-1 del cuadro anfitrión sobre la República Federal de Alemania en las semifinales de 1958, cuando tenía 37 años y 236 días.

Que Milla se convirtiera en el primer y, hasta la fecha, único futbolista mayor de 38 años en ver portería en una Copa Mundial fue algo asombroso, como lo fue la heroicidad de meter a Camerún en los cuartos de final de 1990.

Pero lo realmente increíble fue que regresara cuatro años después, con 42 años y 39 días, y estableciera un récord mundialista para la posteridad.

Milla lo consiguió en el primer minuto de la reanudación, tras sustituir a un compañero en el descanso, y en un partido en el que los suyos cayeron 6-1 ante Rusia. En aquel choque, su rival Oleg Salenko también estableció otro récord mundialista: se convirtió en el único jugador en la historia del torneo en anotar cinco goles en un mismo encuentro.

Por el mero hecho de saltar al terreno de juego, Milla se había convertido ya en el primer futbolista africano en participar en tres Mundiales, así como en el más veterano de todas las selecciones y continentes en participar en una fase final de la prueba reina.

Este último récord lo perdió en 2014, cuando el arquero colombiano Faryd Mondragón, de 43 años, ingresó en la cancha en el triunfo por 1-4 de los Cafeteros sobre Japón.

Así lo recuerdan los protagonistas
“Los cameruneses me presionaron para que jugara en 1994, porque creían que yo era el único capaz de marcar goles. No tenían fe en ningún otro futbolista. En aquella época estaba en el Tonnerre Yaoundé, un club camerunés, así que estaba listo y en forma. ¿Que si tenía confianza? Por supuesto”.

“Siempre me cuidé físicamente. Nunca hice nada que pudiera perjudicar mi condición física. No llevaba una vida de excesos, llevaba más bien una vida muy sana. Como mucho, me bebía medio vaso de vino de vez en cuando”.

“[Convertirme en el goleador más veterano] fue un honor, pero tampoco es algo muy importante para mí. Aquel tanto sigue siendo un grato recuerdo, pero, como se suele decir, los récords están para batirse. ¿Y si lo consiguiera otro jugador camerunés?”.
Roger Milla