• ¿Qué papel jugó el fallecido Ayrton Senna en ese título?
  • ¿Qué tal les iba a Bebeto y a Romario juntos?
  • ¿Qué otra cosa en común tuvo Raí con su hermano Sócrates?

La tristeza se había apoderado como nunca de Brasil. El país estaba consternado por la trágica muerte de Ayrton Senna, y el gobierno llegó a declarar tres días de luto oficial en toda la nación.

Antes de su fallecimiento, el astro de la Fórmula Uno instó a unos amigos suyos, compartiendo un coq au vin en un restaurante parisino, a ganar la Copa Mundial de la FIFA™ que estaba a la vuelta de la esquina, de modo que se les presentaba la oportunidad de honrar su memoria alzando el trofeo, tal y como él les había pedido.

Sin embargo, el combinado brasileño llevaba 24 años sin conquistar el título, y el pesimismo en torno a las opciones de la Seleção era más alto que nunca. Los obstáculos, con todo, no hacen sino realzar el mérito de los homenajes. Y aquellos brasileños supieron estar a la altura con el suyo. FIFA.com ofrece aquí otro, en forma de estadísticas, a lo logrado entonces por Carlos Alberto Parreira y sus discípulos.

58 días antes del comienzo de EE UU 1994, Senna efectuó el saque de honor de un partido amistoso entre la selección brasileña y un once del París Saint-Germain que incluía a Bixente Lizarazu, Assis (el hermano de Ronaldinho), David Ginola y George Weah. Cuando terminó, el triple campeón del mundo de Fórmula Uno fue a cenar con los brasileños. “Se dirigió a nosotros en grupo, y luego uno a uno, para darnos consejos y animarnos”, recuerda Taffarel. “Nos cautivó a todos, consiguió que tuviésemos fe”. Once días más tarde sobrevino la tragedia: Senna murió cuando marchaba en cabeza del Gran Premio de San Marino. Inmediatamente después de ganar la final, Dunga y sus compañeros desplegaron una pancarta con la frase: “Senna… aceleramos juntos, ¡el cuarto [Mundial] es nuestro!”.

32 partidos tardó Brasil en perder al fin un clasificatorio del Mundial. Fue en julio de 1993, sorprendentemente contra Bolivia. En los once meses previos a EEUU 1994, en sendos amistosos de preparación, igualó a 0-0 ante el modesto Ecuador y también empataría frente a un México en horas bajas (y además en casa) y Canadá.

30 minutos es todo lo que Ronaldão, según contó, conseguiría dormir durante sus dos primeras noches en Estados Unidos. Y no debido a la notable diferencia horaria respecto a Japón, donde competía, ¡sino por los insoportables ronquidos de su compañero de habitación, Ronaldo! “Nadie quería compartir habitación con él, roncaba tanto que era ensordecedor”, dijo el defensa, que se incorporó a última hora a la convocatoria brasileña. “Como yo fui el último en llegar, me lo endosaron a mí. Era algo increíble”.

26 minutos es lo menos que tardó Brasil en marcar en EEUU 1994, el periodo más largo que necesitó una selección campeona del mundo para registrar un gol en uno de sus partidos. Hungría, subcampeona de Suiza 1954, anotó nada menos que once dianas en los primeros 25 minutos de sus seis partidos en aquella edición.

23 encuentros disputó Brasil con Bebeto y Romário compartiendo alineación, y no perdería ni uno de ellos (17 victorias y seis empates). Los dos arietes materializaron 33 tantos entre ambos en aquellos choques, incluidos ocho de EEUU 1994.

21 futbolistas brasileños estaban tirados en el suelo, riendo a carcajada suelta, en los vestuarios del Rose Bowl minutos antes de entrar en la cancha para jugar el partido más importante de sus vidas. Se habían tomado de la mano, y acababan de rezar justo antes de la final, cuando Ricardo Rocha, observando que la situación era tensa, quiso animar a sus compañeros. “Nos hemos esforzado, hemos llegado hasta aquí, hagamos lo mismo que esos japoneses, los Kawasakis”, gritó, confundiendo a los kamikazes, los famosos pilotos de la II Guerra Mundial, ¡con la empresa fabricante de motos!

12 años después de que Sócrates, luciendo el brazalete de capitán, anotase en su debut en un Mundial con Brasil, ante la Unión Soviética, su hermano Raí siguió sus pasos: también como capitán, vio puerta en su estreno mundialista frente a Rusia. Únicamente otras tres parejas de hermanos han marcado en el torneo, Fritz y Ottmar Walter, René y Willy van de Kerkhof, y Michael y Brian Laudrup.

11 jugadores menores de 18 años han viajado a un Mundial, y los únicos que lo han ganado son Pelé, en 1958, y Ronaldo, en 1994. La lista completa, de menor a mayor, es: Edu, Norman Whiteside, Samuel Eto’o, Femi Opabunmi, Theo Walcott, Walter Brom, Salomon Olembe, Pelé, Bartholomew Ogbeche, Ronaldo y Rigobert Song.

10 por ciento de los brasileños, un total asombrosamente bajo para tratarse de una nación obsesionada con el fútbol: es el porcentaje de quienes creían que la Seleção ganaría EEUU 1994, según una encuesta llevada a cabo en São Paulo en vísperas del torneo. Los favoritos eran Alemania, Italia y los Países Bajos. Además de la deslucida campaña clasificatoria y los problemas con las lesiones, Parreira había recibido fuertes críticas por la convocatoria, al dejar fuera a hombres como Roberto Carlos, Rivaldo, Edmundo y Evair.

8 horas pasó Brasil sin ver perforada su meta en California en EEUU 1994. Taffarel mantuvo su puerta a cero en los cinco partidos que jugaron los sudamericanos en el Estado Dorado, mientras que sí recibió goles en los dos encuentros disputados en otras sedes: uno contra Suecia en el Pontiac Silverdome, en Michigan, y dos frente a los Países Bajos en el Cotton Bowl, en Texas.

5 centrales figuraban por delante de Aldair y Márcio Santos en el escalafón de Parreira, pero fueron ellos dos quienes acabaron conformando el que posiblemente fuese el mejor eje defensivo de la historia de la Seleção. Júlio César abandonó la selección por una disputa, Válber fue excluido por motivos disciplinarios, el técnico prescindió de Mozer y Ricardo Gomes después de incluirlos en la lista para EEUU 1994 y Ricardo Rocha tuvo que salir del campo cojeando en el primer compromiso de Brasil, ante Rusia.

4 años y dos meses habían transcurrido desde el último gol de Romário con los colores de su país hasta que firmó el doblete que evitó a los suyos una eliminación que hubiera sido inconcebible, sellando así su pasaporte para la aventura estadounidense. Después de marcar contra Venezuela en 1989, Romário había sido incapaz de anotar en seis partidos, y cumplió una sanción disciplinaria de otros 18 sin jugar. En un primer momento, Carlos Alberto Parreira quiso dejarlo fuera del equipo en el último y decisivo clasificatorio, contra Uruguay, pero, ya sin poder contar tampoco con Careca y Evair, se tragó su orgullo y llamó a Baixinho para cubrir la baja de Muller.

4 goles es, increíblemente, el balance de Romário con sus característicos tiros de puntera en EEUU 1994. Dos de ellos fueron imponentes: uno de un disparo raso y ajustado al palo desde unos 15 metros contra Suecia, y otro de una sensacional volea ante los Países Bajos.

1 hombre ha empezado una campaña del Mundial como capitán de una selección que acabaría proclamándose campeona sin alzar él mismo el trofeo. Es Raí, que se quedó sin el brazalete al perder su puesto en el once inicial ante Mazinho, antes de la fase de eliminatorias. Se esperaba que asumiese la capitanía Jorginho, quien ya lo había hecho en numerosas ocasiones, pero Parreira sorprendió al otorgársela a Dunga, a la postre uno de los capitanes más emblemáticos de la historia del certamen.