• Luxemburgo arrancó un histórico 0-0 en Francia
  • Los Roud Léiwen subieron 35 puestos en el último Ránking
  • El portero Jonathan Joubert, heroico ante los Bleus, analiza sus progresos

Tres puntos, un paso de gigante hacia Rusia y, por qué no, mejorar la diferencia de goles: todos los aficionados de Francia que acudieron al Stadium de Toulouse el 3 de septiembre para presenciar el partido de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA 2018™ contra Luxemburgo conocían el guión a priori, y estaban listos para vivir una noche de fiesta. Y en efecto, la fiesta se prolongó hasta muy tarde… ¡pero en el hotel de los jugadores luxemburgueses!

Los Bleus, grandes favoritos y que venían de endosar un impresionante 4-0 a Países Bajos tres días antes, lo intentaron todo. Sin embargo, no pudieron hacer temblar las redes ninguna vez. Tras el pitido final, los jugadores visitantes se precipitaron hacia Jonathan Joubert (ironías del destino, nacido en Francia). Casi por sí solo, el heroico guardameta luxemburgués acababa de dar a los Roud Léiwen (“Leones rojos”) su primer punto en 103 años frente a sus vecinos galos, tras 14 derrotas consecutivas.

Aguantar hasta el éxito final
“Mi objetivo era encajar los menos goles posibles antes del descanso, y aguantar el cero el mayor tiempo posible. Pero pensábamos que, en un momento u otro, Francia conseguiría marcar; sobre todo teniendo en cuenta la calidad de sus delanteros. Ya estaba bien llegar con 0-0 al descanso, y me dije a mí mismo que, en el segundo tiempo, íbamos a hacer lo mismo: aguantar el mayor tiempo posible para limitar los daños. Y de hecho, ¡aguantamos hasta el final!”.

El momento clave: 
“Hubo un momento concreto del partido en el que repelí un cabezazo de Djibril Sidibé. Entonces pensé: ‘Hoy les va a costar de veras marcar. Yo estoy teniendo mucha suerte y estamos defendiendo realmente bien’. En el tramo final, a ellos cada vez les costaba más tener ocasiones. Faltaba un cuarto de hora y me dije que, posiblemente, íbamos a conseguirlo”.

Misión cumplida: los luxemburgueses consumaron la proeza, que, como guinda al pastel, llegó tres días después de un triunfo sobre Bielorrusia en el Grupo A. Joubert disfrutó plenamente de esa semana excepcional; máxime teniendo en cuenta que, supuestamente, no debía corresponderle el papel de protagonista. En el verano boreal de 2016, el seleccionador Luc Holtz le anunció que, con 37 años, ya no era su portero titular; y en lo sucesivo debía ocupar plaza en el banquillo.

¿Suplente? No, gracias
Joubert ama a su selección –la que, en 2006, le abrió sus puertas unas semanas después de haber obtenido la nacionalidad luxemburguesa–; pero ama más todavía la competición. “Ya sea en el fútbol de clubes o con la selección, siempre he deseado jugarlo todo. Nunca he querido dejar a nadie una oportunidad de ocupar mi puesto”, recalca el arquero del Dudelange. “He sido el titular durante 10 años y estaba fuera de cualquier consideración ser suplente. Nunca dije que dejara la selección, sino simplemente que no quería venir como segunda opción. Si me necesitaban como titular, volvía. Y eso es lo que ha pasado”.

Así, las lesiones de Anthony Moris y Ralph Schon precipitaron el regreso de Joubert, quien selló sus internacionalidades 87ª y 88ª con 4 puntos. Y aunque Luxemburgo ya no tenga ninguna opción de acudir a Rusia, le quedan dos partidos (en Suecia y contra Bulgaria) para concluir a lo grande su campaña clasificatoria y confirmar sus progresos.

Esos avances ya han quedado plasmados en otra excepcional estadística: un salto de 35 plazas en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola de septiembre de 2017, hasta la 101ª posición (a un solo peldaño del histórico 100º lugar alcanzado en 1995). Con su decenio de experiencia internacional, Joubert está bien colocado para valorar la evolución de una selección que, durante mucho tiempo, se contentaba con jugar con diez atrás. El cambio de filosofía está dando hoy sus frutos.

“Hay una diferencia enorme en relación a hace unos años. Recuerdo cuando empecé con la selección; tenía un poco de miedo antes de cada partido. Defendíamos muchísimo; y pensaba: ‘¿hoy cuántos encajaremos?’”, admite Joubert. “Contra Francia, aunque defendimos bastante atrás, en general creamos mucho más juego; intentamos construir, a riesgo de conceder más ocasiones. Es un gran cambio”.

Y ese cambio no sólo se refleja en la Clasificación de la FIFA, sino también en los rostros luxemburgueses: ahora Joubert y sus compañeros son capaces de concluir un partido en Francia con la sonrisa en los labios y levantando los brazos…

Tres curiosidades sobre el héroe luxemburgués:
- Su primer ídolo: “¡Nunca fui demasiado fan de los porteros! Mi ídolo era el inglés Chris Waddle, del Olympique de Marsella. Y luego me gustaba mucho Fabien Barthez, porque era zurdo como yo, le gustaba mucho el uno contra uno y tenía un buen juego con los pies, bastante completo”.

- El mejor delantero: “Me he enfrentado a muchos grandes jugadores, pero citaría a Dimitar Berbatov. Era un jugador completo: en los duelos de cabeza, en los mano a mano... Todo lo que hacía era limpio, era hermoso”.

- Colección: “Tengo las camisetas de muchos grandes jugadores; pero, como portero, las de Edwin van der SarGianluigi Buffon e Iker Casillas, tres guardametas míticos, son las que tienen más valor”.