Una remozada Australia, a por la tripleta
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Este mes se cumplen ocho años del inicio del trayecto de Australia rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2006™, en circunstancias muy distintas a las actuales. Australia, entonces englobada en la Confederación de Fútbol de Oceanía, ejerció de anfitriona de un torneo clasificatorio de seis naciones, en el que los Socceroos llegaron a actuar ante tan solo 1.200 espectadores frente a Tahití, Tim Cahill firmó sus primeros goles en casa con un público similar —reforzado únicamente por la asistencia de colegiales traídos en autobús un miércoles por la tarde en los suburbios de Adelaida— y el conjunto local se despidió con un deslucido empate contra las Islas Salomón.

No obstante, lo más ilustrativo era que Australia se afanaba por poner fin a una sequía de 32 años sin alcanzar la gran cita del deporte rey. Menos de 18 meses después de aquel humilde comienzo en Adelaida, el panorama no podría ser más distinto. Los australianos terminaron con su agonía imponiéndose a Uruguay, una selección dos veces campeona del mundo, en una tanda de penales de infarto presenciada por 80.000 espectadores.

Ocho años más tarde, Australia se halla en una situación muy diferente, en parte gracias al lanzamiento desde los once metros que le dio el triunfo entonces, obra de John Aloisi. Lejos de afrontar la campaña con miedo al fracaso, Australia acude a la cuarta y última ronda de la zona asiática como el país mejor clasificado del continente. Si consigue el pase a Brasil 2014, competirá por tercera vez consecutiva en el certamen, y la época oscura de las anteriores generaciones será ya solo un mal recuerdo.

Adversarios conocidos
Australia empieza su embate final por estar en Brasil el 8 de junio, frente a Omán. A lo largo de una campaña que se prolongará durante doce meses, a los Socceroos les aguardan asimismo Japón, Jordania e Irak. Los dos primeros de la liguilla se clasifican, y el tercero accede a una eliminatoria ante un rival del Grupo A, cuyo vencedor disputará la repesca intercontinental.

Australia conoce el sufrimiento que implica tener que pasar por los penales para estar en la Copa Mundial de la FIFA, de modo que tratará de obtener la clasificación directa. En 2009 ya logró su objetivo con holgura, al certificar su presencia en Sudáfrica 2010 gracias a un empate a ceros en Qatar, a falta de dos jornadas para la conclusión de la competición preliminar.

La tarea no será fácil, puesto que en los últimos años ha registrado derrotas a manos de todos sus rivales de la liguilla, excepto Jordania, con la que todavía no se ha medido en un encuentro oficial de la categoría absoluta. El estreno frente a Omán tampoco resultará sencillo: los australianos cayeron el año pasado en Mascate, pese a ser favoritos.

Cuatro días más tarde reciben a Japón, en un choque que podría acabar siendo fundamental. Entre ambas naciones está empezando a surgir una rivalidad, más intensa a cada año que pasa. Aunque su historia común se remonta a los Juegos Olímpicos de 1956, los partidos más reñidos y decisivos han sido los más recientes. Como se recordará, Australia venció a la selección nipona, con remontada incluida, en su debut en la Copa Mundial de la FIFA 2006, mientras que Japón pudo desquitarse el año pasado, mediante una victoria en la prórroga de la final de la Copa Asiática.

Un relevo planificado
A diferencia de lo sucedido en las dos Copas Mundiales de la FIFA anteriores, a las que viajó un plantel similar —la “generación dorada”, para los medios nacionales—, la alineación de Australia está cambiando a pasos acelerados. En Sudáfrica 2010, los Socceroos emplearon el segundo equipo de mayor edad del torneo, si bien muchos de sus integrantes ya han puesto fin a sus carreras con la selección. Pero aún quedan algunos, como Tim Cahill, Harry Kewell, Lucas Neill y, curiosamente, Mark Schwarzer, quien batirá el récord de Dino Zoff como guardameta más veterano de la Copa Mundial de la FIFA en caso de que salte al campo en tierras brasileñas.

Muchos de los jóvenes de más talento de Australia no están disfrutando de todos los minutos que sería deseable en sus respectivos clubes. Sin embargo, el seleccionador, Holger Osieck, se muestra satisfecho con el programa de remodelación que está aplicando desde la prueba sudafricana. Hay un núcleo de 16-18 jugadores a los que se convoca de manera habitual, lo que indica que el técnico está contento con la mayoría del equipo.

“Hay muchos jugadores prometedores, aunque necesitan experiencia y tiempo de juego, por supuesto”, declaró Osieck a FIFA.com el año pasado. “No podemos introducir demasiadas novedades en cada partido, y ahora que nos espera una fase previa del Mundial no hay mucho margen para los experimentos. Tengo la suerte de poder recurrir a muchos hombres experimentados que todavía están rindiendo a un nivel alto, así que considero que en estos momentos dispongo de una buena mezcla”.