Azkargorta: "No podía negarme"
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“Algunos me dijeron que tuviera cuidado porque las sagas no son buenas… Quizás habría que preguntarle a Oscar Tabárez qué opina al respecto, ¿no cree?”. La referencia al exitoso segundo ciclo del Maestro al frente de Uruguay sirve a la perfección para graficar la filosofía de vida de Xabier Azkargorta, quien a los 58 años de edad acaba de asumir por segunda vez en su carrera el desafío de dirigir a la selección de Bolivia.

El primer desembarco del entrenador español se produjo en 1993, y concluyó con la participación del equipo del altiplano en la Copa Mundial de la FIFA Estados Unidos 1994, la tercera de su historia -pero la primera desde 1950-. Aquel éxito depositó al Bigotón, como se lo conoce cariñosamente, en una suerte de pedestal entre los aficionados bolivianos, cuya mayoría lo pidió para reemplazar a Gustavo Quinteros luego de que éste renunciara al cargo.

“Mis íntimos me recomendaron que no asumiera porque pondría en juego mi credibilidad y mi prestigio en Bolivia si no clasificamos al Mundial de Brasil”, continúa Azkargorta en diálogo exclusivo con FIFA.com. ¿Por qué aceptó, entonces? “Por un lado, sería un cobarde el no hacerlo por comodidad, basándome en lo que hice antes y sentándome a ver pasar mi gloria. Por el otro, si por no obtener buenos resultados, algo que en el fútbol nadie puede garantizar, voy a perder mi prestigio, es señal de que ese prestigio no era tan grande. Así las cosas, no podía negarme al llamado”.

Una comparación inevitable
Algo similar le pasó a Azkargorta 19 años atrás, cuando emigró a Sudamérica tras dirigir en la primera división de España a clubes como Espanyol, Real Valladolid,  Sevilla y Tenerife. “Aquella vez también hubo quienes me desalentaron... Que Marco Etcheverry y Julio Baldivieso estaban perdidos, que Milton Melgar no tenía equipo, que Carlos Trucco ya había decido dejar de jugar… El único futbolista en el exterior era Erwin Sánchez, quien en el Boavista no atravesaba su mejor temporada. Ahora todos los recuerdan”, reflexiona el técnico, que no dirigía desde su breve paso por las Chivas de Guadalajara en 2005.

“Igual, la comparación es injusta”, continúa el Bigotón. “Ese era un grupo que estaba terminando un ciclo, y este recién lo empieza. Incluso creo que ahora hay más calidad que en aquel entonces. ¡Si Bolivia tiene una cantera inagotable de futbolistas, aquí salen hasta de debajo de las piedras! El problema es la falta estructura para aprovecharlos. Entonces, si bien no se pueden dejar de lado los resultados inmediatos de cara a una posible clasificación para el próximo Mundial, hay que pensar en sacudir los cimientos del fútbol y en el desarrollo de los jóvenes. Y empezar a crecer a partir de allí”, sentencia.

He ahí, quizás, por qué las apenas cuatro unidades cosechadas en seis partidos del clasificatorio sudamericano para Brasil 2014 no le quitan el sueño. “Hay una cierta desventaja en cuanto a la ausencia de puntos, eso es evidenete. Pero más me preocupa el desencanto que hay alrededor de la selección. Eso es lo primero que intentaremos cambiar. No será fácil al corto plazo, pero es el objetivo”.

Confianza y unidad
El eslabón  inicial de esa cadena son, ni más ni menos, los jugadores. “En el aspecto táctico, la mayoría de los equipos juega parecido. Por eso hoy lo importante es que el futbolista boliviano vuelva a creer en sus posibilidades. Yo vi el partido con Chile, y así como perdió 2-0, podría haber ganado 2-0. Si tú no trabajas en la confianza, poner en práctica los sistemas tácticos es más difícil”, explica Azkargorta, quien también condujo al seleccionado chileno (1995-96) y al Yokohama Marinos japonés (1997-98).

El próximo compromiso de Bolivia por el clasificatorio será en septiembre ante Ecuador. “Es un seleccionado físicamente bien dotado, pero también maneja bien el balón. Basta con nombrar a (Felipe) Caicedo y (Cristian) Noboa, dos que ya tienen su roce, han mejorado y aportan mucho. Como equipo ha progresado sin perder personalidad. Todos encajan y, al conocer los patrones, el que entra sabe a qué juega”, afirma este confeso admirador del fútbol sudamericano.

Los del altiplano luego tendrán fecha libre, antes de jugarse gran parte de sus aspiraciones durante el mes octubre en La Paz frente a Perú y Uruguay. “Ese tiempo extra de preparación nos vendrá bien. Sin embargo, esta competencia es una escalera que debe subirse peldaño a peldaño. ¡Si tropiezas en un escalón, quizás te rompes la nariz y no llegas ni al siguiente!”, avisa entre risas.

El entrenador deposita parte de su esperanza en el sistema actual de eliminatorias, al que considera “más accesible” del que debió afrontar en 1993. “Hoy clasifican cuatro de nueve y el quinto va al repechaje. En aquel momento, en un grupo de cinco pasaban dos, pero en nuestra zona estaban Brasil y Uruguay. Entonces, como nadie gana o pierde sin jugar, le daremos a cada rival su justa medida”.

Para finalizar, Azkargorta gira alrededor de una idea: unidad. “La vez anterior llegamos al Mundial todos juntos, jugadores, afición, dirigentes y prensa, y recalco la palabra ‘todos’. Es fácil ver los defectos, pero lo importante es subrayar los valores que tenemos y ayudarlos a crecer. Juntos tendremos más posibilidades de lograrlo”.