El triunfo del Al Ain de Emiratos Árabes Unidos en la edición de la Liga de Campeones asiática de hace dos años no sólo supuso una hazaña sin precedentes para el club sino también un motivo de orgullo para toda una nación. Además, el primer trofeo internacional del país fue a parar precisamente al lugar más apropiado, a la ciudad de Al Ain, el lugar donde se unieron los siete Emiratos Árabes Unidos para fundar la nación.

"Lo que el Al Ain ha logrado es un reflejo de la esencia de nuestro propio país", explicó el Jeque Hazza Bin Zayed Al Nahyan a los jugadores del club después de su victoria ante el tailandés BEC Tero Sasana, en 2003. "Es una prueba fehaciente de que, con buena planificación y organización, podemos lograr milagros en un periodo de tiempo tan breve. Ustedes son el símbolo de nuestra nación".

El edén del Golfo
El club, fundado en 1968, tiene su sede en la ciudad de Al Ain, a 150 kilómetros de Abu Dabi, hacia el interior del país. La ciudad, que recibió el nombre del manantial de agua dulce del lugar, es un remanso pacífico y encantador situado en el centro del árido desierto del golfo Pérsico. Este verde y exuberante oasis, en el que se han plantado 30 millones de palmeras, atrae a visitantes de todos los rincones del planeta.

"La ciudad es una bendición del cielo. Se puede trabajar en ella, divertirse y disfrutar de las mejores instalaciones de recreo y ocio". Estas palabras no están sacadas de una guía turística, sino que salieron de los labios del antiguo entrenador Bruno Metsu, el hombre que condujo al club hasta su primer título continental.

La idea de vestir camisetas de color púrpura surgió hace unos pocos años, cuando el Al Ain competía en un torneo amistoso en Marruecos. A los directivos del club les llamó la atención el color de la vestimenta de su rival, el Anderlecht belga, e inmediatamente después lo adoptaron para el club. Actualmente, los 25 parques de la ciudad presentan una decoración con tonos púrpura.

Respaldo
En toda su historia, el Al Ain ha disfrutado del apoyo de muchos jeques del país, especialmente de los residentes en la capital, Abu Dabi. El dinero es raramente un problema y el equipo ha mantenido una sana rivalidad con el Al Wahda, un club del emirato de Dubai.

No obstante, el club ha hecho siempre hincapié en la profesionalidad y, si bien perdió a su principal delantero este verano, ha recibido grandes beneficios pecuniarios con la venta del marfilense Boubacar Sanogo al Kaiserslautern alemán. El Al Ain también dispone de una de las mejores infraestructuras deportivas de la zona; su estadio, el Khalifa Ben Zayed, posee un aforo para 18,000 localidades.

Su trayectoria de este año hasta las semifinales no ha estado exenta de complicaciones. El único equipo que ha figurado en todas y cada una de las rondas eliminatorias de las tres ediciones de la Liga de Campeones de la AFC, eliminó la semana pasada en cuartos de final al Pas iraní a domicilio.

Helal Saeed, el gran héroe en el encuentro contra el Pas, ya que fue el autor de los dos goles de la victoria de última hora, cree que sólo la batalla puede hacer más fuerte a su equipo.

"Cada vez que nuestros hinchas creían que estábamos lejos de alcanzar el título, o que no lo conseguiríamos en absoluto, fuimos capaces de devolverles la esperanza con una remontada extraordinaria", ha comentado el centrocampista. "Creo que, después de todo, estamos destinados a volver a ganar este trofeo".

Su entrenador, Milan Macala, no quiere dejar nada al azar en las semifinales, contra el Shenzhen Jianlibao chino.

"Ahora es el momento de los grandes nombres", ha declarado el checo. "Puede que la suerte no baste cuando uno se enfrenta a estos grandes equipos, pero creo que tenemos lo que hay que tener para competir por esta copa".

Macala espera que Nwoha Onyekachi, su ariete nigeriano, que llegó esta temporada al club para sustituir a Sanogo, pueda recuperar su habilidad goleadora antes del encuentro del miércoles. Si así fuera, el color púrpura se extenderá como una sombra por todo el continente.