La trayectoria de Marco Di Vaio se parece a un largo deambular, lo que sin duda le ha privado de tener una carrera más importante. Sin embargo, el italiano presenta una tarjeta de visita muy honorable. Sus 91 goles en la Serie A le permiten figurar incluso entre los 100 máximos artilleros de la historia del Calcio.
Con todo, Di Vaio tenía potencial para lograr mucho más. El jugador del Bolonia, sólido (1,79 m. y 78 kilos), dinámico, excelente regateador, potente y preciso en el disparo, posee las características de un atacante de raza. Pero al igual que muchos goleadores, depende de la confianza que tenga en cada momento, y a veces ha llevado mal la presión que surge de la competencia.
El Salernitana, rampa de lanzamiento
Su carrera empezó mediante una enorme decepción. Romano de pura cepa, dio sus primeros pasos en las categorías inferiores del Lazio. Aunque en 1993 creyó alcanzar su objetivo al dar el salto a la plantilla profesional, en dos temporadas y cuatro meses no consiguió ganarse ni al entrenador ni a los hinchas, y únicamente disputó ocho partidos en la liga. Entonces tomó el bastón de peregrino y recaló en la Serie B, donde fue cedido al Hellas Verona y luego al Bari. El primer giro se produjo en la campaña 1997/98, con el Salernitana, al que fue traspasado definitivamente.
Di Vaio enseguida se convirtió en el hombre providencial del club de Campania. Se proclamó máximo realizador de la Serie B, con 21 tantos, y participó activamente en el ascenso a la Serie A. La temporada siguiente fue más difícil para el Salernitana, que acabó descendiendo, a pesar de las 12 dianas de su delantero estrella. Di Vaio se marchó rumbo al Parma, donde pasaría tres provechosos años. Inscribió 41 goles, vivió la alegría de su primera convocatoria con la selección, contra Marruecos (1-0), el 15 de septiembre de 2001, y en 2002 conquistó la Copa de Italia, su primer trofeo.
Di Vaio continuó su progresión fichando en el verano de 2002 por el Juventus, que desembolsó la cantidad de 30 millones de euros. Pero sus viejos demonios reaparecieron. Aunque en los equipos "familiares" se encontraba muy cómodo, confrontado a la abundancia de recursos de la plantilla turinesa perdió parte de sus opciones, anotando tan sólo 18 goles en dos temporadas y 55 partidos.
Entonces cruzó la frontera, y se marchó a España, al Valencia, donde cuajó un notable primer ejercicio, con 11 tantos, antes de perder la titularidad a raíz de la llegada de Patrick Kluivert y David Villa. En 2006 fue cedido al Mónaco. En el fugaz paso por la Ligue 1, dos campañas, sumó ocho goles en 29 encuentros.
Una segunda juventud
Su regreso a Italia, en 2006, fue saludable. En el Génova recuperó la confianza, y contribuyó de manera destacada al ascenso a la Serie A, con nueve goles en 22 partidos. Al comienzo de esta temporada fue cedido al Bolonia, un club especializado en redimir a futbolistas que atraviesan baches. Di Vaio se ha integrado a la perfección en el dispositivo de Sinisa Mihajlovic, su técnico, con el que había coincidido ya varias veces en su carrera.
"Merecería regresar a la Nazionale, porque en este momento no veo jugadores mejores que él, no sólo por sus goles, sino también por el trabajo que efectúa para el equipo", clama Mihajlovic, deshaciéndose en elogios hacia su fichaje. Di Vaio empezó la temporada con gran fuerza, abriendo el marcador en San Siro, contra el AC Milan (1-2), firmando un doblete ante el Lazio (3-1) y un triplete frente al Torino (5-2) en los tres primeros triunfos del Bolonia en el campeonato.
La máquina vuelve a funcionar, y el romano confiesa "haber encontrado un lugar ideal para mi familia y para mí después de tantos años de vaivenes. Me siento bien en Bolonia. No quiero irme". El fútbol que despliega el equipo y su mentalidad lo han encandilado. "Somos un equipo que tiene como arma principal el espíritu de sacrificio de todos los jugadores. En los momentos más complicados hemos tomado conciencia de nuestras posibilidades", explica.
Pero Di Vaio conserva los pies en el suelo. Cuando se le habla de su vuelta al combinado nacional, sonríe y admite: "Sería la concreción de un sueño. Pero sé perfectamente que para hacerlo ante todo debo seguir jugando bien con el Bolonia". Un sueño en el que no deja de creer, después de marcar el sábado su 16º gol en 24 encuentros con el Bolonia, en Nápoles (1-1), el primero de su carrera en San Paolo.
